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Transiciones democraticas

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José Luis Guardado Tiscareño.

Mientras estudiaba la licenciatura en Economía tuve un maestro que nos enseñó la relevancia de la “realpolitik”, aquella que se puede entender como la estrategia política basada en la importancia económica o geopolítica de los interlocutores.

Que, además, privilegia la eficiencia, lo concreto y el realismo por encima de consideraciones subjetivas como los juicios de valor.

Cuando aprendimos eso, supimos diferenciar entre la realpolitik y lo que muchos llaman política y, sobre todo, distinguirla de la politiquería o la tan cotidiana grilla.

Luego del proceso electoral y de oficializarse los resultados que les concede el triunfo a los que serán nuestros próximos gobernantes y representantes en Zacatecas, inició aunque de manera todavía informal, los procesos de transición del gobierno del estado, entre declaratorias públicas del gobernador electo y del constitucional que hacían latente la buena disposición por participar de una transición voluntariosa, ordenada, transparente y respetuosa los zacatecanos seguimos expectantes de que esos mensajes se conviertan en realidad.

En nuestro país los cambios de gobierno no sólo obedecen a un principio democrático y legal, sino que cuando estas se logran de manera tersa, apegados al derecho, pero sobre todo a la buena voluntad, permite crear condiciones de certeza y de legitimidad, tanto para los gobernantes salientes como los entrantes, en un estado de derecho pleno y de fortaleza democrática dichas transiciones no pueden verse empañadas por las alternancia partidista ni por fobias o rencores políticos ni mucho menos personales.

La postura del hoy gobernador electo David Monreal y del aún gobernador constitucional Alejandro Tello, pareciera al menos en la escena pública, de madurez y de altura política, interesados en que la transición sea rápida y eficiente, para que el primero pueda gobernar desde el primer minuto y el segundo pueda deslindarse de cualquier problema futuro; hasta ahí la “realpolitik” se ha hecho presente.

Sin embargo, en torno al nuevo gobierno prevalecen un grupo de simpatizantes, colaboradores, asesores y hasta aduladores que transgreden toda la esfera política con la grilla y la politiquería, que por lo general los ha caracterizado siempre, lanzando acusaciones y polemizando todo tipo de acciones con tal de polarizar.

Muchos de ellos han sido actores que deciden e inciden sobre el presupuesto, la política pública y en el ejercicio del poder tanto en el ámbito legislativo como hasta en el ejecutivo y que hoy solo abonan a enturbiar y poner en riesgo una transición que pudiera haber sido ejemplar.

Con el consentimiento o no del próximo gobernador, actores de su circulo cercano hoy no solo dificultan el proceso de transición sino que alteran las voluntades políticas y peor aún, comprometen el decir y actuar de su candidato, pues ellos serán en un futuro los que en el mejor de los casos traten desesperadamente de justificar las acciones y omisiones que obligadamente tenga que asumir el nuevo gobierno o que en el mejor de los casos terminen callando, tal y como hoy ocurre con el actuar del gobierno federal.

Acentuar la polarización entre los zacatecanos solo motivará un escenario poco favorable para el próximo gobernador, quien en poco más de dos meses será el nuevo responsable del Gobierno del Estado y tendrá que resolver con ayuda de su hermano o sin ella los problemas de Zacatecas.

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