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Tiempo de definiciones informadas

Tiempo de definiciones informadas

J. Luis Medina Lizalde

   |  11 junio, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

El llamado Presidencial a definirse de qué lado de la historia se ubica cada quien es de una gran oportunidad, no se trata de “si no estás conmigo estás contra mí” se trata de que los participantes en la vida pública lo haga sin máscara, cada quien debe ser valorado por lo que hace y por lo que deje de hacer y no por lo que diga.

Hoy estos procesos de cambio no implican expropiaciones, exilios y represiones como los que tuvieron lugar a partir de los años 20 del siglo pasado cuando los hacendados hicieron todo por evitar que sus haciendas se repartieran. Conspiraron políticamente, patrocinaron campañas de periódicos, se acercaron a políticos proclives a traicionar.

Ahora los damnificados no son un sector determinado, son partes de sectores buscando unirse para resistir y de revertir los cambios, solo los extremadamente ignorantes pueden ver con sinceridad el peligro del comunismo o como dicen “de otra Venezuela”, la mayoría de los que usan ese discurso lo hacen a sabiendas de que es mentira, por eso, vale que den la cara por lo que realmente luchan.

Sin unanimidades falsas

Un cambio que genera resistencia es el de que todos paguemos los impuestos que nos corresponde.

Hay quienes se acostumbraron a que sus abogados le dieran largas al asunto hasta que se archive el caso, muchos han decidido ponerse a mano y otros siguen en las mismas, como las mega empresas de la minería.

Los que se oponen a ese cambio y buscan que lo digan abiertamente, que no usen máscara.

El dinero púbico destinado a publicidad ha mermado la capacidad del estado para atender sus obligaciones y corrompido la información, el Presidente decidió reducir significativamente el despilfarro.

Muchas empresas de la información escrita, radiofónica y televisiva dependían tanto del dinero público que tuvieron que reducir sus costos de operación empezando por recortar los salarios más altos que suelen ser los de los columnistas famosos, que son los que más alto cobran, prescindiendo de los que pierden público, lo que provocó la furia de los intelectuales acostumbrados a cobrar bien por opinar ¿Están en contra de esa racionalización del gasto público? propongan que los medios sigan siendo negocios privados con cargo a los contribuyentes, a ver que piensan los mexicanos.

En los últimos 30 años los políticos se asignaron desproporcionados ingresos, el Presidente redujo sus ingresos al 40 por ciento de lo que ganaba Peña Nieto y promueve que nadie gane más que el Presidente de la República, lo que enfureció a parte de la burocracia dorada pero otra reacciona con sensibilidad.

¿Están de acuerdo en que los mexicanos tengamos muy bien pagados a diputados, senadores, ministros de la Suprema Corte y demás mientras que tenemos a más de la mitad de los mexicanos en la pobreza? Pues sean sinceros y pidan el apoyo de los mexicanos para que el gobierno dé marcha atrás.

El gobierno de López Obrador asigna grandes recursos a programas sociales a los pobres como estrategia de inclusión social y prevención de conductas antisociales.

La reacción de descontento a esa política es clasista, presentando como mantenidos a los beneficiarios ¿Prefieren que el dinero de los contribuyentes siga gastándose en subsidiar negocios privados de la comunicación y reinstaurar formas de succionar el presupuesto de ricos influyentes? En ese caso que lo digan claro.

Los hacendados porfiristas tenían una amenaza común llamada reforma agraria, lo que los llevó a oponerse al nuevo régimen hasta donde pudieron, ahora es distinto, al interior de cada sector de la élite mexicana hay quienes entienden la conveniencia para todos de que nadie evade la ley fiscal ni la ley penal, como gente de mundo sabe que es principio de salud financiera pública reducir las altas remuneraciones y minimizar costos de operación como lo acostumbran las empresas, están conscientes de que seguir subsidiando con dinero público los establecimientos mercantiles de la información además de despilfarrar recursos, nos condena a la desinformación .

En ningún sector hay unanimidad, hablar por todos es mentir, lo ético es quitarse la máscara y decir con sinceridad que apoya y que rechaza.

¿Es un honor lucrar con Obrador?

También en el Lópezobradorismo hay proclives a la traición que son buscados por los opositores a los cambios, son los que al grito de “Es un honor, lucrar con Obrador”, desertarán cuando ya no tengan provecho que sacarle.

Entre los que apoyan una posición u otra porque están convencidos, habrá auténtico debate, no veo riesgos de ingobernabilidad, veo crecimiento de la consciencia de lo público y una búsqueda colectiva de honestidad, quien insista en usar máscara pasará de engañador a engañado.

La gente piensa más de lo imaginado.

Nos encontramos el lunes en Recreo.

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