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Sala 3

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Sigifredo Noriega

   |  14 septiembre, 2020

Sigifredo Noriega Barceló.

Preguntas iniciales, urgentes…

Preguntas del segundo día, serenas, resilientes…

Proceso de asimilación: emotivo, efectivo, moral, espiritual, pastoral…

Huerto de los Olivos ‘en tiempo compartido’ con el Señor.

Escucha, obediencia, esperanza…

Encuentro, aceptación, encuentros…

Conversión, integración, misión…

Todo en un ambiente de cuidados sanitarios.

Las provocaciones más incisivas, las del espíritu.

Leves las propias del virus, pero con efectos expansivos.

 

 

¿Comunicar la ‘mala noticia?

Al principio en la confusión interior dije que no.

Después de la plática del Huerto, decidimos sinodalmente que sí.

¿A quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Cuestiones resueltas por el equipo de comunicación.

No era recomendable, ni cristiano, padecer solo y en soledad; aunque estuviera en aislamiento domiciliario.

La pasión -aunque tiene aspectos personales insustituibles- no es para consumo personal; no tiene sentido, sería apasionado egoísmo.

Había que pasar de la pasión a la compasión.

Del padecer personal al compadecerme de quienes sufren.

Del Huerto de los Olivos al Monte de la entrega total.

Es lección y mandato del Señor del Huerto.

El Ángel siguió tomando nota.

Ya estaba en la sala de espera número tres.

 

 

 

En la carta comunicado para compartir la noticia expresé que me unía a quienes han vivido y/o viven esta experiencia.

También la ofrenda a Dios de las esperas para el bien de la salud y la salvación de/para todos.

La paz es un don de Dios, definitivamente.

Al hacer el ofrecimiento y abandonarme en Dios experimenté una paz interior en una forma de confianza, cercanía, presencia amorosa incondicional, compañía segura.

La esperanza cercana ya acompañaba al paciente-covid en el viacrucis y destellaba rayos de luz en cada estación.

Al comunicarlo, abiertamente a los demás experimenté el abrazo que Dios me daba a través de innumerables corazones y brazos extendidos en oración y preocupación por la suerte y futuro de esta creatura.

La esperanza se hacía afecto presente, solidaridad concreta, promesa de salud y salvación en proceso.

 

 

Di gracias al Señor de la vida por tantos gestos de compasión.

Comprendí mejor que dando es como recibimos, compadeciéndonos es como somos compadecidos, consolando es como somos consolados.

La memoria del corazón puso a mi alcance el canto atribuido a san Francisco de Asís: ‘Hazme un instrumento de tu paz…‘ ‘Muriendo es que volvemos a nacer

La cercanía compasiva de una persona puso electrónicamente ante mi mirada una bella oración que retrataba mi interior: ‘Te pedí un camino recto para buscar la paz, y se me dio un camino para encontrarlo‘… ‘Yo quería la alegría para no vivir con dolor, y se me concedió el dolor para vivir con alegría‘.

 

 

La experiencia compartida del Huerto sigue haciendo mella.

El primer misterio doloroso invita a contemplar el orante por excelencia: el Hortelano en apuros.

Los misteriosos dolorosos de la vida mueven a orar a toda la familia.

La Madre del Hortelano y sus Amigos cercanos han recibido muchas y variadas encomiendas a procesar.

El Ángel ha velado y guarda los pedidos.

Pronto la Hora dará paso al Día que hizo el Señor.

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