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17 de octubre

17 de octubre

Restaurantes y cafés

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Antonio Sánchez González.

Aunque no hemos terminado con la pandemia y sus innumerables secuelas, parece que en el mundo se avizora el final de un largo invierno y el comienzo de un renacimiento. Una corriente de libertad parece finalmente levantarse para permitirnos reconectar con algunos placeres simples, incluyendo compartir una bebida o una comida en la terraza de un bar, cafetería o restaurante.

En el momento festivo en que se dé por terminada esta catástrofe, será imposible no tener un pensamiento emocional para los negocios particularmente afectadas por la pandemia. Después de un año que ha visto sus ingresos drásticamente reducidos, muchos de ellos no podrán recuperarse de una inactividad tan larga. Detrás del mostrador de cada café, bar o restaurante, uno podrá encontrar mujeres y hombres que han superado muchas dificultades y demostrado caudales de inventiva para sobrevivir.

Muchos, de hecho, se han reinventado durante este período para dedicarse a las ventas de comida para llevar o servicios casi personalizados. Ellos también han encarnado la resiliencia que cada mexicano ha demostrado desde el comienzo de esta crisis que cada uno ha tenido que enfrentar en soledad -ante la endeble ayuda y conducción gubernamentales- y finalmente pueden volver a la profesión que han elegido ejercer con pasión.

La reapertura gradual de bares y restaurantes marca el regreso a la vida de un formidable sector del que dependen agricultores, mayoristas, publicistas, meseros y cocineros. Con ellos, se reanuda esta vida cuasi familiar que había desaparecido de nuestras calles, las idas y venidas de clientes y camareros, el ruido de platos y vasos, el de las conversaciones a las que dan lugar, el golpeteo de las cucharas agitando el contenido de las tazas. En resumen, toda esta atmósfera que disfrutamos, silenciada por tanto tiempo.

El aumento del consumo de alimentos preparados llevados a las casas no compensó la inactividad de bares, cafeterías y restaurantes. Prueba, si es necesario, de que ir a un café o a un restaurante traduce, en primer lugar, la sed de socializar. Si hay algo que la pandemia y las cuarentenas sucesivas han revivido, es nuestra urgente necesidad de estar juntos, en persona. Todos estamos activos en la web. Esta nueva era de lo digital ha cambiado la relación que tenemos con nuestras comunidades, y eso es aún mejor. También ha cambiado nuestra relación con el tiempo que parece nos obliga a vivir todo a toda prisa. El café, por otro lado, sigue siendo un espacio atemporal. Encontrar la terraza de tu restaurante favorito o descubrir otro te recordará el sabor especial de estas emociones perdidas y luego encontradas. Sentarse allí, asentarse allí, es domar el tiempo, saborear la alegría inagotable del momento del reencuentro.

Las circunstancias excepcionales que estamos viviendo también deben despertar conciencias. Hay valores que nunca deben caer en el abismo de la evidencia, la responsabilidad de primera y de cada vez. Ser responsable es sobre todo consumir con moderación, pero también es respetar las medidas esenciales de salud para proteger nuestra convivencia. Si podemos volver a reunirnos y durante mucho tiempo, es el deseo de todos, también es responsabilidad de todos.

Hay una gran variedad de cafés, bares, hoteles y restaurantes en nuestro hermoso estado. Forman una red cuya autenticidad y diversidad envidia el país entero. También tenemos el privilegio de encontrar productos de alta calidad en su menú, los frutos de una obra comprometida dentro de nuestros varios terruños. Es hora de redescubrirlos con la satisfacción de contribuir al apoyo de todo un ecosistema y a la sostenibilidad de nuestro estilo de vida zacatecano.

A la espera de recuperar su plena capacidad, cientos de establecimientos y sus dueños y trabajadores se están abriendo a nosotros, ansiosos por acogernos, como amigos con los que nunca hemos dejado de conversar, pero cuya ausencia y distancia hemos vivido.

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