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Pandemia tan reveladora

Pandemia tan reveladora

Simitrio Quezada

   |  11 septiembre, 2020

Pandemia tan reveladora

Como generalización, la frase “Esta pandemia revela lo mejor y lo peor de nosotros” lleva su pecado esencial. Aun así apreciamos más claramente franca voluntad de voluntariosos y franca abulia de abúlicos.

Muchos con salario asegurado parecen no comprender la impotencia de quienes ven drásticamente mermados sus ingresos: queda revelada la grandeza de emprendedores que continúan con riesgo incrementado de responsabilizarse por los ingresos de uno o varios empleados y las familias de ellos.

Evidente es quienes son hoy, además de amas de casa, “amas de educación” de hijos: las tareas consisten ahora en barrer, trapear, lavar, preparar el inicio de cada clase…

A los atenidos cayó “como anillo al dedo” esta época de obituarios cercanos y viacrucis cotidianos. En el servicio público percibimos a perezosos y mañosos que hicieron del home office un home resting. Guardias o reuniones virtuales les dan igual. Sé de uno que excusó que no puede hacer su trabajo porque éste consiste en promover un proyecto entre la población y “ahorita están prohibidas las reuniones”. Vivan más, ahora con permiso, el estancamiento y la simulación.

Frente al panorama empantanado, el perezoso arrecia ataques y grillas porque le molesta que tú sí trabajes. A ley de sus pistaches te quiere en su nivel: que también haraganees y delegues hasta lo impensable.

Quienes sí quieren trabajar buscan cómo hacerlo mejor. Con cubrebocas y careta, desparramando gel desde manos hechas puño, quienes resisten pisan diariamente los tapetes de la precaución y aprovechan este tiempo al que no quieren detenido.
Por esta pandemia reveladora debemos reconocer que continuamos siendo sociedad necia que gritonea que el gobernador o director de empresa o jefe de proyecto es el único responsable de que las cosas en su encargo no salgan tan bien.

Sostiene la revista Charlie Hebdo que esta contingencia revela que “las personas peor pagadas del país son las más esenciales para su funcionamiento”. Cierto. Detengamos, además, esa estupidez de que en un centro laboral se exige más trabajo a quienes somos de contrato y no a los de base, a quienes acaban de entrar y no a los curtidos, a quienes ganan una miseria y no a los jefes potentados de salarios súper inflados que van a la oficina sólo 36 minutos a la semana a continuar administrando su inercia y simulación… ésas que seguramente existían antes de que llegara esta pandemia reveladora.

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