

Opinión Nubia Barrios
El contexto sí importa, en el caso de Alemania hubo agravios, crisis económica y un profundo sentimiento de humillación tras la Primera Guerra Mundial y eso convirtió en terreno fértil a un líder que apeló al orgullo, a la identidad y a la emoción.
Hace unas semanas, vi la película Nuremberg, protagonizada por Rusell Crowe, en el papel de Hermann Göring y Rami Malek quien interpreta al psiquiatra militar Douglas Kelley. Más allá del contexto de los juicios, la historia se centra en una relación inquietante: la de quien intenta entender la mente de uno de los principales responsables del nazismo. Sin revelar la trama, sí es una historia que evidentemente obliga a pensar.
Al terminar de ver la película, me quedé un poco intrigada al pensar en cómo una sociedad con una riqueza cultural tan profunda pudo haber permitido los excesos del nazismo. La película sugiere algo poderoso: estos procesos no ocurren de un día para otro, se construyen cuando coinciden dos factores: líderes dispuestos a todo por el poder y sociedades que, por distintas razones, los toleran o los justifican.
El contexto sí importa, en el caso de Alemania hubo agravios, crisis económica y un profundo sentimiento de humillación tras la Primera Guerra Mundial y eso convirtió en terreno fértil a un líder que apeló al orgullo, a la identidad y a la emoción. Lo demás es historia, pero también es advertencia, este tipo de liderazgos narcisistas, autoritarios, manipuladores no pertenecen al pasado existen hoy, en distintas formas y en distintas partes del mundo.
Por eso más que una película histórica, Nuremberg es un llamado a la responsabilidad pues estos personajes sólo avanzan hasta donde las sociedades se los permitimos, la buena noticia es que la historia también muestra que, tarde o temprano, las sociedades reaccionan y ponen límites.
La invitación es a no esperar a que sea tarde, informarnos, cuestionar, no normalizar y actuar a tiempo, porque al final, el rumbo de una nación no depende sólo de sus líderes sino de la conciencia de su sociedad.
Hay películas que no sólo entretienen, sino que obligan a reflexionar que la justicia tiene memoria y sobre todo, considero que uno de los mayores aciertos de esta cinta es que nos muestra que la justicia no nace de la venganza sino de la necesidad de establecer límites éticos y legales frente al abuso del poder.
Ver esta película también representa una oportunidad educativa pues a las nuevas generaciones les obliga a comprender las consecuencias del odio, la intolerancia, el racismo, la deshumanización y para nosotros, los adultos, es una invitación a recordar que LAS LIBERTADES NUNCA DEBEN DARSE POR SENTADAS, PORQUE PUEDEN TERMINAR.
Recomiendo, para quien no ha tenido oportunidad de verla que vale la pena tomarse el tiempo pues hace que se mantenga viva una memoria histórica contada por años, especialmente aquellas historias que enseñan el porqué la humanidad no puede permitirse retroceder.