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Huberto Meléndez Martínez.

*Al Mtro José Manuel Maldonado Romero, en gratitud por sus enseñanzas.

Una de las debilidades del equipo es su falta de puntualidad” sentenció aquel compañero de trabajo, convencido de que ese rubro incidía en la eficiencia del servicio público que prestaba aquella área de trabajo, afectando la percepción de los usuarios
“Entonces hay que actuar para mejorar en ese tenor, pero ¿Qué hacer?”

“El registro de control de asistencia es confiable, pero no parece hacer mella, el porcentaje de cumplimiento es mucho menor de lo esperado. En la realidad las cifras están invertidas: en vez de tener un mínimo de incidencia, tenemos un mínimo de eficiencia”.

“Estaría de sobra hacer una circular para llamar la atención, aumentar las sanciones tampoco es aconsejable”

“Recordemos: Las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. Propongo una acción que puede dar mejores resultados”.

Anhelante el interlocutor quedó la espera.

“A partir de mañana hagamos acto de presencia diez minutos antes de la hora de entrada de nuestros colaboradores y recibámoslos en la puerta de acceso con un cortés Buenos días, sin entrar en mayores detalles”.

Tenía razón en lo referente a las acciones que una individuo puede hacer para componer el mundo, debe aceptar que eventualmente cuenta únicamente con su propio esfuerzo, que se enfrentará sólo contra el mundo. En este caso serían dos. Una forma práctica, modesta, pero real y factible de empezar, aunque… ¿Cuánto tiempo o trabajo implica modificar una costumbre, vicio o inercia de esta naturaleza?

Implementar esa acción sería insuficiente, pues eran dos personas.

El mexicano es puntual únicamente en las citas amorosas, dice una sentencia popular.

Al día siguiente, entre los pasillos se escuchaban expresiones como estas: ”Hoy estuvieron los jefes pasando revista”, “Saludé personalmente al jefe en la puerta de entrada”, “Estos jefes sí se van a fijar en la hora que llegamos”, “¡Aguas!, algo van a hacer las autoridades porque vigilan la hora en que llegamos”. Pronto corrió la voz en quienes llegaban con retardo.

Días después una compañera, posterior a responder el saludo dijo a uno de ellos…

“Usted siempre llega muy temprano”.

A manera de broma, y evitando herir susceptibilidades le respondió. “Llegar minutos antes de las ocho no es de madrugada. Temprano era cuando en la adolescencia mi padre me indicaba que debíamos estar a las 4 de la mañana camino a la parcela, a trabajar barbechando, sembrando, cultivando, cortando frijol, maíz, calabaza ”.

Indudablemente la personalidad de los individuos depende de los referentes que tiene en su vida.

Ser impuntual es más que un acto de irresponsabilidad, es un daño al prójimo, es una falta de respeto al tiempo de los demás.

A juicio de quien sabe, afirma que, para adquirir un hábito, ocupa practicarse al menos durante veintiún días consecutivos, después encontrará cada vez menos dificultades para conseguir esa virtud.

“…el modo en que comenzáis el día influye de manera radical en la forma en que este se desarrolla.” Expresa un escritor reconocido internacionalmente.

*Director de Educación Básica Federalizada

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