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Los organismos autónomos

Los organismos autónomos

Jaime Santoyo Castro

   |  18 enero, 2021

Jaime Santoyo Castro.

La concentración del poder provocó en nuestro país ineficiencia y corrupción en los diferentes ámbitos del ejercicio gubernamental y la sociedad dejó de creer en la estructura de los órganos del poder, dividido en las funciones Ejecutiva, Legislativa y Judicial, quitándole atribuciones al ejecutivo para confiarlas a otros organismos a los que dotó de autonomía constitucional para blindarlas de la influencia, el alcance y el poder de las autoridades tradicionales.

La UNAM consiguió autonomía constitucional en 1989; el Banco de México en 1993; el IFE (hoy INE) en 1996; la CNDH en 1999; el INEGI en 2008; la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) en 2013, el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) en 2012, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), y al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales y la Fiscalía General de la República, en 2014.

Estos y otros organismos fueron concebidos para frenar, controlar y equilibrar a los otros órganos con responsabilidades igualmente supremas, y en la medida que ha recibido sus servicios y protección, dando muestras de valor e independencia, tanto de las autoridades gubernamentales como de los partidos políticos, han ganado credibilidad, lo que no se pudo observar con la división de poderes, por el entreguismo de los legisladores y la sumisión del poder Judicial al Ejecutivo. En esas circunstancias, la sociedad los vio como una formidable alternativa, asignándoles un lugar de relativa igualdad e independencia con respecto a los tradicionales órganos del poder, y los ubicó como parte de la estructura del Estado y equiparados a los poderes públicos.

El presidente López Obrador ha expresado su intención de desaparecer estos organismos, argumentando que no son
imprescindibles, lo que pareciera orientado a concentrar el poder, pero también ha argumentado que estos organismos son demasiado obesos y burocráticos, aseveración en la que, a mi parecer, tiene razón, y quizá en ello debiera concentrarse la atención, procurando evitar que caigan en los errores de las administraciones federales, estatales y municipales, que se fueron convirtiendo en generadoras de empleo y fueron perdiendo de vista su objetivo de servir a la sociedad. ¡El poder debe controlar al poder!

jsantoyocastro@yahoo.com.mx

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