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La vida por excelencia

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Sigifredo Noriega Barceló.
Éste es el día que hizo el Señor, canta la Iglesia en la liturgia del domingo pasado.
Es el amanecer más esperado desde la creación del mundo.
Es el amanecer más luminoso que haya visto la historia de personas y pueblos, en tiempos de pandemia o sin ella.
“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”
“No está aquí, ha resucitado”.
Lo anuncia el Ángel de la Vida, el mismo del paraíso.
Lo anuncia María Magdalena convertida en apóstol.
Lo anuncian Pedro, los apóstoles, los testigos, los discípulos de todos los tiempos, en todas las circunstancias.
Lo anuncia la Iglesia en este siglo de tantas conquistas y, al mismo tiempo, de tantas pobrezas, fragilidades e inseguridades.
No es fácil aceptar y asimilar tal noticia que trasciende la historia y las historias.
Al principio miedo, dudas, incertidumbre.
Luego asombro, confianza, aceptación, compromiso.
La resurrección de Jesucristo es el anuncio de vida por excelencia.
La vida que bulle en el grano de trigo del Evangelio y en las entrañas de toda existencia.
Es imposible para los que buscan entre los muertos al que está vivo.
Es posible para el que cree y busca entre los vivos al que VIVE.
No es delirio, ni pérdida de piso.
Es el anuncio de la vida por excelencia.
Es la oferta de posibilidad de vida nueva para toda persona, en cualquier entorno, en toda situación.
Con la resurrección de Jesucristo la vida cobra una orientación distinta: la plenitud del Amor al alcance de la fe en el Resucitado.
Creer en el Resucitado es creer en el valor de la vida, de toda vida. El que cree en Él, anuncia la vida, celebra la vida, se compromete con la vida.
Creer en el Resucitado es soñar en la posibilidad de un mundo nuevo y  trabajar por hacerlo realidad.
Es anunciar gozosamente un ambiente y un orden nuevo basados en la fuerza del amor que se hace misericordia y solidaridad.
La resurrección de Jesús es la fuente permanente de motivos de esperanza, la razón para vivir con sentido toda la existencia.
La resurrección del Jesús nos da la certeza de que es posible amar auténticamente en toda circunstancia.
La resurrección de Jesús ofrece gozo; lo contrario de la alegría no es el sufrimiento, es la tristeza. Nos duele la violencia y todas las pesadumbres que nos envuelven. La resurrección de Jesús nos da el horizonte total de la vida y la fortaleza para mirar más allá del momento.
¡Éste es el día que hizo el Señor!
Domingo a domingo iremos saboreando la oferta de vida del Resucitado.
Vivamos con profunda intensidad nuestra fe.
 Dentro de la Octava de Pascua.
¡Muy felices Pascuas de Resurrección!

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