

Zaira Ivonne Villagrana Escareño.
La violencia que hoy padece Zacatecas responde a causas estructurales que se acumularon durante décadas y cuya reversión exige constancia, coordinación y una respuesta integral, no solo reactiva.
Zaira Ivonne Villagrana Escareño
El pasado sábado 18 de julio, Zacatecas vivió una de las jornadas más dolorosas de los últimos meses. Diez personas perdieron la vida en hechos de violencia registrados en los municipios de Pánuco, Morelos y Saín Alto.
De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado, las víctimas fueron identificadas como Ignacio Castrejón Valdez, empresario del ramo minero y expresidente municipal de Sombrerete; Jesús Daniel Rivera Sandoval, dedicado a la minería y la construcción; José Armando Ledezma Campos, empresario relacionado con la minería y el servicio de pipas de agua; Armando Ledezma Aguirre, dedicado al mismo sector; Fernando Robles de la Torre, empresario de la construcción y la minería; Juan Carlos Berumen Guerrero, empresario freníllense; Fidel Alvarado de la Torre, secretario de Desarrollo Social del Ayuntamiento de Fresnillo; Jesús Gerardo Muñetón Hernández, integrante del Cuerpo de Bomberos de Fresnillo; Andrés Vázquez Gurrola, político originario del estado de Durango; y José Ángel Valdez Rivera, ganadero. Ocho de las víctimas eran originarias de Zacatecas y dos del estado de Durango.
A sus familias, amistades y seres queridos les expreso mi más sincera solidaridad. Ninguna palabra puede aliviar una pérdida de esta magnitud, pero sí podemos acompañar su dolor con respeto y humanidad.
Lo ocurrido nos convoca a redoblar esfuerzos. La violencia que hoy padece Zacatecas responde a causas estructurales que se acumularon durante décadas y cuya reversión exige constancia, coordinación y una respuesta integral, no solo reactiva.
Reconozco el trabajo que las instituciones de seguridad de los tres órdenes de gobierno realizan en el estado y, precisamente por ello, considero que nuestra tarea es fortalecer lo que ya se construye, identificando con honestidad las áreas donde podemos avanzar con mayor rapidez: la prevención comunitaria, la atención a las juventudes, la reconstrucción del tejido social y la cercanía permanente entre autoridad y ciudadanía.
Toda estrategia de seguridad debe partir de proteger y fortalecer a las familias zacatecanas, que son la primera institución de contención frente a la violencia. Debemos consolidar instituciones de seguridad y procuración de justicias honestas, capacitadas y bien coordinadas entre los tres órdenes de gobierno, con indicadores claros y verificables que permitan medir el avance.
La paz se construye desde las comunidades, con organización territorial, participación ciudadana y presencia institucional cercana y sostenida en cada municipio. La confianza ciudadana se fortalece con verdad, justicia y reparación para las víctimas. Ningún caso debe quedar impune.
La seguridad tampoco se sostiene sin desarrollo. El empleo digno, la educación y los Programas para el Bienestar son la base material de un pueblo libre y soberano.
Desde la organización territorial del movimiento debemos impulsar una agenda de prevención con enfoque comunitario dirigida a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, articulada con los Programas para el Bienestar ya existentes. Es necesario promover espacios permanentes de diálogo entre comunidades y autoridades municipales y estatales que permitan detectar las necesidades de seguridad de manera anticipada y no solo después de los hechos.
También debemos fortalecer el acompañamiento a las familias de las víctimas, con seguimiento respetuoso y sin utilizar su dolor con fines políticos; trabajar de la mano con los gobiernos municipal, estatal y federal para que la unidad institucional se traduzca en acciones sostenidas y resultados medibles para la ciudadanía; e impulsar la recuperación de espacios públicos, la actividad deportiva y cultural, así como el arraigo comunitario como herramientas concretas de prevención.
Zacatecas no debe acostumbrarse a la violencia. Debemos responder con unidad, fortaleciendo a nuestras instituciones, a nuestras familias y a nuestras comunidades.
La paz también se defiende. Se defiende fortaleciendo a las familias, consolidando nuestras instituciones, reconstruyendo el tejido social y trabajando con unidad, casa por casa y región por región. Ese debe ser el camino para seguir consolidando la transformación de nuestro estado.
Porque defender la paz de Zacatecas también es defender la soberanía de México.