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El voto y la política de odio

El voto y la política de odio

Jaime Santoyo Castro

   |  9 noviembre, 2020

Jaime Santoyo Castro.

Muchas consideraciones, análisis y reflexiones se pueden y deben hacer en torno a la decisión que los electores de los Estados Unidos hicieron al emitir su sufragio.

Más allá de las posturas ideológicas que ubican a los estadounidenses entre republicanos y demócratas, más allá de las políticas públicas que establecen la posición del país más poderoso del mundo en el concierto de naciones, percibimos que el voto, particularmente en favor de Biden pudo haber estado influido de un profundo malestar por la conducta belicosa, irresponsable, ofensiva, descalificadora, mentirosa y provocadora; de desprecio a quienes lo criticaron y de calificativos insultantes y persecusiones a latinos y afroamericanos, que identifican a Trump.

No podríamos aseverar que la gente votó específicamente por los principios de sus respectivos partidos; tampoco que la capacidad y experiencia de Biden, hubiera sido el atractivo principal: Sí en cambio mucha gente votó en favor de Trump, porque la belicosidad y el sentimiento imperialista y anti inmigrante es parte de su convicción de ser seres superiores; pero esto mismo, a contrario sensu, impulsó el voto contra Trump de quienes no llevan ese hálito de superioridad en el alma; de quienes se han dado cuenta de que su vida, su posición, su crecimiento, su desarrollo, la paz y la armonía social requieren de una conducción prudente, unificadora, fundamentada en el conocimiento y la experiencia, en el respeto a los derechos humanos, en las instituciones y en las leyes, y particularmente en el pleno reconocimiento a otras opiniones, posturas, creencias, ideas y expresiones, que son parte esencial del sistema democrático.

La capacidad de gobernar implica responder a las exigencias nacionales y Trump no sólo mostró frivolidad y despreocupación ante la Pandemia. Se dedicó a minimizar, evadir y mentir, y provocó una catástrofe de dimensiones nunca vistas que parece no tener fin, lo que incrementó el malestar del electorado, que votó para echarlo de la Casa Blanca como ejemplo de que la sociedad no quiere que ese tipo de populismo perverso, ganado con la injusticia y la mentira, se consagre en las naciones. El que es infiel y deshonesto en lo poco, es infiel y deshonesto en lo mucho y no merece ser digno de confianza y por ello no quiere gobernantes que aparenten rectitud sin tenerla. Exige gobernar con ética, sin vanidad, sin soberbia y sin odios.

*jsantoyocastro@yahoo.com.mx

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