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Dios es misión

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Sigifredo Noriega Barceló.

Hablamos de Dios con gestos, signos, palabras, silencios, acciones, monumentos, templos, claves… Hablamos con Dios en oración ferviente en momentos de alegría, tristeza, oscuridad, necesidad, aspiración… Hay expresiones arraigadas, escritas en el ADN de la costumbre: ‘gracias a Dios’, ‘Dios quiera’, ‘Dios mediante’, ‘Dios te bendiga’, ‘buenos días te dé Dios’…   La religiosidad de nuestros pueblos está viva, resiste, persiste.

Tenemos que aceptar, por una parte, que nuestra religiosidad frecuentemente se confunde con la superstición y puede ser un preciado bocado para el consumismo religioso. Por otra, la cultura posmoderna se está construyendo a espaldas del Dios bíblico. Crea otros dioses a la medida y adora nuevos ídolos; prescinde de la trascendencia o niega, sin más, la presencia/existencia de Dios. La indiferencia y el miedo al compromiso, aún entre los creyentes, pudieran ser expresión del ateísmo práctico en el que vivimos.

¿Qué va a prevalecer? ¿La verdadera religiosidad? ¿La superstición? ¿La indiferencia? ¿La negación práctica de Dios? El fenómeno religioso ha estado presente desde los albores de la humanidad; responde a necesidades, búsquedas y aspiraciones del ser humano. En nuestro tiempo, las necesidades y aspiraciones están cambiando dramáticamente. Se hace necesario distinguir la religiosidad y la fe cristiana. La primera es natural en el ser humano; la segunda es don y respuesta a la revelación de Dios en Jesucristo.

La Palabra del Domingo pasado nos acerca a la realidad/identidad del Dios de los cristianos. En Él, todo es vida cercana, amor total, relación amigable, presencia desconcertante, familia sin adjetivos, brazos divinamente abiertos… Los cristianos le hablamos por su nombre y nos atrevemos a llamarle Padre, Hijo y Espíritu Santo. Platicamos con Él con la confianza propia de los hijos. Le hablamos de la vida de cada día: fatigas y gozos, necesidades diversas, salud y enfermedad… Con la certeza de la fe sabemos que nos ama, nos atiende, entiende y acompaña. ¿Qué cristiano no inicia y termina las actividades del día (y de la vida) ‘en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?

La reflexión teológica cristiana ha acuñado una palabra para expresar lo que no cabe en palabras: Trinidad. Es el nombre de Dios, el ser-misión de Dios. Jesucristo, el Hijo Amado, nos ha revelado quién es Dios y quiénes somos nosotros. La Palabra, el Sacramento y la Asamblea de este domingo son una sinfonía de alabanza y adoración a Dios Trino y una invitación a aceptar la misión confiada en el bautismo.

Celebrar la Trinidad es dejar que Dios se haga presente en los recovecos de la vida. Adoración, alabanza, intercesión, perdón, presencia, compromiso, promesa… están incluidos en el paquete de ser discípulos. Dios Trino nos envía a gritar por todas las veredas que Dios vive y es Amor. Que le importamos infinitamente a pesar de nuestras apostasías y blasfemias posmodernas

Hablar bien de Dios con la vida y hacerse discípulo  del Reino de Dios debe ser tarea constante del cristiano que habita el siglo XXI.

Los bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

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