|  

Edición
Impresa

17 de octubre

17 de octubre
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Huberto Meléndez Martínez.

Ceñido el sombrero a la cabeza, pico y pala al hombro, machete en mano y cantimplora terciada con una correa cruzando el pecho, acompañado por un fiel perro salió al amanecer de su casa.

“¿A dónde vas tan temprano y apurado, Chon?” dijo un vecino al verlo.

“Voy a la milpa Juan. Fíjate que este año decidí endeudarme con un crédito con el Banco Ejidal y, no quiero quedar mal. Ando reparando las acequias y bordos de los terraplenes, ya terminé de reforzar el cercado.”

“¡Ah!, ya te hiciste igual que todos.” Declaró mordazmente.

“No. Yo voy a trabajar derecho. Por eso solo quise comprometerme con una hectárea. Ando solo y voy diario.

En poco tiempo he avanzado mucho en el trabajo. Nomás era cosa de echarle ganas.”

La provocación se debió a que en los últimos años hubo acontecimientos desafortunados. El ciclo agrícola anterior estaba aún presente en los pensamientos de muchos. El temporal había favorecido un poco, quizá no tanto como en otras ocasiones, pero hubo cosecha.

El día que los funcionarios del Banco acudieron a verificar el estado de las siembras, se prestaron al ruego de unos cuantos para que declarase “pérdida total”, lo cual implicaría la condonación de la deuda de los favorecidos con el crédito.

Mala decisión porque en lugar de adquirir artículos necesarios para la subsistencia de las familias esa misma fecha hubo borrachera general y el tocadiscos estuvo escandalosamente tocando hasta altas horas de la noche.

Era secreto a voces el que corría entre la gente de que, varios beneficiarios del Programa de Empréstitos habían manifestado disponer de parcela sin ser cierto y pusieron cantidades que año con año fueron aumentando, y otros jamás hicieron trabajo alguno en sus campos de cultivo.

En perjuicio propio y del país entero, esta costumbre se extendió por el territorio nacional, a decir de los mismos pobladores.

Se ha deteriorado la escala de valores, porque hasta esas fechas eran perfectamente identificables los ladrones locales, pero con estas prácticas de corrupción se contaminó a una cantidad escandalosamente mayor en el medio rural.

Difícilmente podían sostenerse aquellas mañas de manera continua; finalmente se cancelaron los créditos, aunado a largos períodos de sequía, hubo grandes movimientos migratorios a las ciudades. En la actualidad es fácil encontrar abandono y olvido en esas comunidades.

Es cierto que sigue habiendo personas constituyendo grupos sociales vulnerables necesitados de apoyo, pero también es necesaria la implementación de una política pública de eficiente administración, seguimiento, de rendición de cuentas, de fomento a la honestidad, complementada y fortalecida por el núcleo familiar.

Los gobiernos creyendo favorecer al pueblo, lo han saturado de programas asistencialistas desviándose de su principal misión: fomentar la igualdad de la ciudadanía ante la Ley.

Sigue habiendo gente positiva en muchas partes. Son los que hacen posible la convivencia armónica en la sociedad, aunque la inercia sea fuerte en sentido contrario.

Don`t copy text!