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Cordero de Dios, año 2020

Cordero de Dios, año 2020

Sigifredo Noriega

   |  14 enero, 2020

Cordero de Dios, año 2020

Los sucesos recientes acontecidos en Torreón nos siguen conmoviendo y cuestionando. El mal que anida en el corazón humano se ha hecho presente de manera trágica en las personas, los espacios que más queremos y en las instituciones que nos hemos dado para vivir en paz y con dignidad.   A medida que avanza el año 2020, pareciera que el gozo esperanzador de Navidad y Año Nuevo se ha tornado en preocupación, cuestionamientos, incertidumbre, confusiones, deseos de culpabilizar a otros…

Todos anhelamos que el mal disminuya en nuestro mundo. Nos deseamos mutuamente al iniciar el año que lo bueno triunfe sobre el mal, que lo que nos hace realmente felices esté presente en forma de paz en las conciencias, las familias, el ambiente. ¿Es posible todo esto? ¿Podremos pasar de los deseos a las buenas acciones que abonen al cultivo de una sana convivencia? Buscar hasta encontrar soluciones prontas, viables, pacíficas ante la complejidad de los conflictos que vivimos es tarea de individuos, familias, iglesias, poderes públicos y más.

Escuchar atentamente la presentación que Juan Bautista hace de Jesús en el Evangelio del domingo pasado puede darnos luces para ir al fondo de los ‘porqués’ de lo que estamos viviendo. Desde que el ser humano es ser humano nada sucede y acontece por azares de un destino ciego, cruel, malévolo.  Somos libres, con posibilidades de esclavizarnos y vender nuestra libertad al mejor postor. Bien y mal,  virtud y  vicio, bendición y maldición, verdad y mentira, libertad y tendencia al mal… han sido formas como la razón ha tratado de describir la compleja realidad del ser humano. Los cristianos hablamos de pecado, salvación y redención.

Juan presenta a Jesús, Hijo de Dios, como el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Creer en Él puede ayudarnos a escudriñar lo que hay más allá de la situación confusa que estamos viviendo. Aceptar a Jesús Salvador puede curar las raíces del mal, sanar nuestra libertad y hacernos personas capaces de volver a confiar en el ser humano. Pongamos a trabajar nuestra fe en Él y dejemos que el horizonte de la esperanza vuelva a orientar nuestras luchas y fatigas.

Dios-con-nosotros puede desterrar el mal que hay sobre la tierra. Dejemos que el Espíritu Santo se pose en nosotros para que demos testimonio de la verdad contra la mentira, de la caridad contra las ambiciones malévolas, de la solidaridad contra la asesina indiferencia. Jesús es el definitivo Cordero Pascual que quita todos los pecados del mundo.  Las violencias, la anarquía, el desánimo, nada resuelven. Pongamos en el escenario de las búsquedas nuestra fe,  participación, colaboración, compromiso, solidaridad.

Que Jesús, Cordero de Dios, ilumine mentes y corazones para que demos testimonio de la verdad, seamos realmente libres y vivamos como una sola familia.

 

Los abrazo con la bendición de Dios.

 

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