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Con palmas y cruces

Con palmas y cruces

Sigifredo Noriega

   |  31 marzo, 2021

Sigifredo Noriega Barceló.

Palmas y cruces se entrelazaron .
Quizá son un reflejo de lo que hay en la vida: gloria y cruz, gozos y dolores, esperanza e incertidumbres, luces y sombras… La mezcla puede subir de tono, por un lado o por otro. La celebración de este domingo es paradójica: inicia con perspectivas de triunfo y termina con un aparente fracaso; Jesús sube a Jerusalén y acaba siendo  bajado de la cruz.
Este año 2021 subimos otra vez a Jerusalén para acompañar  a Jesús en su pasión, muerte y resurrección. Hemos tratado de caminar con él durante la cuaresma, todavía en situación de incertidumbre por las interminables secuelas de la pandemia. Cada uno sabe en qué escalón de la subida se encuentra. ¿Llegaremos hasta el Gólgota? ¿Alcanzaremos a quitar la piedra del sepulcro?
Jesús entra bien acompañado a la ciudad amada y llorada… Termina solo, traicionado, abandonado… Gloria y cruz, palmas y reclamos… Nos ha enseñado la pasión de vivir por una causa sublime: cumplir la misión encomendada por su Padre. En el dramático acontecimiento del Gólgota nos muestra la pasión de morir por nuestra salvación. La pasión de vivir por una causa y morir por la misma causa no se pueden separar. “Todo está consumado”, dirá encumbrado en/sobre la cruz. La tierra y el velo del templo se abren para recibir al que llegó después del fatigoso camino de la entrega total.
Celebramos un domingo entrañable. Mucha gente sale de sus casas, procura sus ramos, hace cruces con las palmas previamente bendecidas, aclama al “bendito que viene en nombre del Señor”. Sale y toma sus precauciones ante el riesgo de los contagios. Quizá piensa en otros virus más perniciosos si se queda sin celebrar esta milenaria tradición heredada de sus antepasados. Las palmas y las cruces siempre han existido.
Es un domingo de variados contrastes: ramos de victoria y lamentos diversificados; la desconcertante pasión según san Marcos y la pasión dolorosa y desconcertante que seguimos viviendo… Tradiciones y modernidad, enfermedad y salud, miedos y temeridad,  folclore distractor y meditación serena, procesiones y descanso, hosannas y crucifícales, inicio de Semana Santa e inicio de actividades diversas… a veces no tan santas.
Este domingo todo es pasión: la del Hijo de Dios que vive la subida al Gólgota hasta el extremo del amor… Y nuestra larga pasión vivida durante todo el año con caídas y levantadas. Nuestro viacrucis ha sido pesado durante cada una de las estaciones recorridas durante la pandemia…  La esperanza del Domingo de Resurrección nos fortalece y sostiene.
El pórtico de la Semana Mayor es para asomarnos y entrar en la solemne celebración anual del Misterio Pascual. ¿Estamos preparados? Vivir y morir con pasión, como Jesús, es la gran lección del Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Jesús es el mejor maestro del morir y del vivir, del luchar hasta la última gota, del amar hasta la muerte.
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