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17 de septiembre

17 de septiembre

Causas secundarias u olvidadas

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Simitrio Quezada.

Cuando usted llegue a esta línea habrán pasado pocas horas del fin de la más reciente e inédita campaña electoral en México para renovar la Cámara de diputados federales, varios gobiernos estatales y muchos municipales (incluso con bastantes ediles malitos que buscan reelegirse).

Qué y cuánta friega nos acomodamos con esta campaña de muchedumbres y recurrente pisoteo a las medidas sanitarias ante pandemia. Con todo, hubo menos debates de los que esperábamos e incluso menos propuestas. Para mayor infortunio, la generalidad de los cansinos discursos pareció olvidar a la ciencia, la tecnología, los museos y las bibliotecas entre sus temas. No existieron. Para muchos integrantes de la clase política son causas, si no olvidadas, secundarias.

Hubo al menos dos sexenios en el pasado reciente de México en que parecía que la consigna educativa era la formación de técnicos superiores universitarios. Debía reducirse el apoyo a las ciencias llamadas liberales y apoyarse más al conocimiento y pericias que requieren las grandes industrias. Aun así no se avanzó tanto en la difusión del conocimiento científico, y la tecnología no estaba propiamente en la formación de habilidades identificadas más bien como “maquiladoras”.

Los museos, por su parte, han diversificado sus perfiles, al grado de que ahora tenemos varios más de ellos familiares e infantiles, que potencian la experiencia de ciencia y tecnología. Empero continuamos viendo mayor adelgazamiento de presupuestos para estas instituciones y, en general, en becas para investigadores e investigaciones decisivas.

Respecto a bibliotecas públicas persiste la impresión de que los actuales gobiernos se han centrado más en cimentar una mejor legislación para ellas. Pero mejores leyes y reglamentos no garantizan mejores asignaciones de entre el erario para que las bibliotecas evolucionen como los centros culturales y educativos, amén de promotores de lectura, que deben ser para las familias del siglo 21.

¿Qué sucederá, bajo los próximos gobiernos, con tecnología, ciencia, museos y bibliotecas públicas? ¿Habrá condena o reactivación? Quisiera apuntar con optimismo que depositaremos la respuesta en las urnas, pero es visión temeraria, ramplona e ingenua. A estas alturas, parece que ya ni siquiera partidos políticos o ideologías ―menos candidatos y candidatas― tienen una consideración especial sobre estas causas secundarias u olvidadas. ¿O sí?

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