

José Luis Medina Lizalde.
La enorme estimulación al deporte en niños y adolescentes del país que el torneo significó fortalece enormemente la prevención del delito si desde los tres niveles de gobierno se impulsa el deporte como actividad social.
México ya concluyó su papel como una de las tres sedes del Mundial de Futbol. Es hora de los balances.
La infraestructura deportiva para eventos internacionales de ese calibre es de las más completas del mundo. México dispone de 18 estadios de nivel mundialista y solo usó tres para la competencia y otros para el entrenamiento de equipos visitantes. La promoción del país tiene en esa circunstancia enorme potencial.
México encontró el modo de respetar las libertades ciudadanas de los que tienen legítimos reclamos con la obligación de preservar el orden en que se desarrolló la competencia. Las expectativas de represión tan visibles en la derecha mexicana quedaron insatisfechas.
La afición mexicana ganó el campeonato mundial de la convivencia al acoger a los extranjeros con un espíritu festivo y amistoso que fue ampliamente correspondido por los visitantes, mismos que al retornar a sus países serán difusores entusiastas de un México que los grandes medios nunca proyectan.
Los excluidos del Mundial no se dejaron excluir. El goce colectivo fue más estruendoso en las calles que en el estadio y sin pagar boleto.
Las celebraciones multitudinarias que rebasaron el millón de congregados arrojó saldo blanco, las personas fallecidas lo fueron por riesgos propios de las grandes aglomeraciones en cualquier parte del mundo, no por contextos de violencia.
Lo que México proyectó al mundo desmiente la propaganda de que México es presa indefensa del crimen organizado y que somos un país en llamas, lo que ocasionó cuestionamientos a las alertas de viaje del gobierno de Inglaterra de parte de sus propios ciudadanos enfiestados en nuestro país.
Él éxito de la comida popular mexicana en el gusto de los extranjeros nos permite vislumbrar el enorme poder de convocatoria turística de los tacos al pastor, chilaquiles, pozole y tamales en contraste con la oferta alimenticia de las grandes y muy caras cadenas de restaurantes que dominan los grandes polos turísticos de nuestro país. Es posible transitar del modelo turístico generador de desigualdades a otro de mayor beneficio social.
La enorme estimulación al deporte en niños y adolescentes del país que el torneo significó fortalece enormemente la prevención del delito si desde los tres niveles de gobierno se impulsa el deporte como actividad social y no como negocio rehén de un enjambre de intereses.
El fracaso estrepitoso del mensaje opositor mediante el pañuelo blanco junto con el fallido intento de Salinas Pliego de emerger como la gran figura cívica del torneo es un dato insoslayable.
El comportamiento ejemplarmente solidario de los tijuanenses con la selección de Irán le granjeó al pueblo mexicano la empatía del mundo árabe y de la opinión pública trasnacional crítica de la agresión a ese país, absolutamente mayoritaria.
Si la afición mexicana gana el campeonato mundial de la anfitronía la selección de Cabo Verde obtiene el campeonato mundial de la empatía colectiva.
El mensaje anti colonialista más rotundo corrió a cargo del ciudadano congoleño que con su simbólica presencia emulando a Patricio Lumumba hizo que las nuevas generaciones conocieran la grandeza del héroe africano derrocado y disuelto en ácido por la CIA en 1961.
La bandera palestina fue la más enarbolada por los públicos de los tres países sede y por los aficionados procedentes de los cinco continentes.
La FIFA se mostró como el estercolero al servicio del negocio e instrumentado por el gobierno de Estados Unidos más allá de todo límite moral.
La cínica y finalmente estéril interferencia de Trump puso en ridículo el arbitraje del torneo al levantar el castigo al goleador estadunidense para el juego contra Bélgica. Se consolidó el repudio por el cínico favoritismo a la selección Argentina y en particular contra el enorme futbolista ideológicamente definido en la extrema derecha de apellido Messi.
La hipocresía de la comentocracia de México y otros países se hizo sentir cuando en las mesas de debate se refieren indignados por la confesión de Trump de que si intervino para cambiar la decisión del árbitro pero que nunca se indignan por la igualmente cínica confesión de que el presidente fraudulentamente de Colombia gracias a su intervención pudo ganar después de que estaba en el décimo lugar de las preferencias electorales.
La celebración del triunfo de Inglaterra sobre México de Lily Téllez da cuenta de la fractura emocional con México de la derecha mexicana.
Los insultos personales contra la presidenta proferidos estos días por múltiples voces de la radio, televisión y medios digitales resalta la libertad de expresión en nuestro país muy por encima de la que existe en el país de los visitantes.
Al no asistir al estadio, la presidenta tomó distancia de la FIFA, del mundo del privilegio.
México se fortaleció.
Nos encontramos el lunes en Recreo