Rubén demuestra que ser ciego es un motivo para ser feliz - Imagen Zacatecas

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Rubén demuestra que ser ciego es un motivo para ser feliz

Rubén demuestra que ser ciego es un motivo para ser feliz

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   |  28 octubre, 2019

Fotos:Carlos Montoya

ZACATECAS.- Cuando tenía 10 años don Rubén Jara Soledad recibió un golpe en la cabeza con una pelota de béisbol que le cambiaría la vida para siempre, pues perdió uno de los dones más preciados que todo ser humano puede tener, la vista.

Ese pelotazo se lo dio un sujeto con toda la alevosía y ventaja mientras Rubencito, como le conocen sus amigos, cruzaba una calle de su natal San Jacinto, Rincón de Romos, Aguascalientes.

“Eran las vacaciones largas, yo iba caminando cuando un muchacho me pegó intencionalmente atrás en la cabeza con una pelota de béisbol; eso pasó en julio y en septiembre cuando regresé a la escuela mi maestra notificó a mis padres mi problema, yo ya no veía nada,” comentó don Rubén, de 56 años.

Agregó que sus papás decidieron no denunciar a su agresor y fueron los primeros en marginarlo, al grado que cuando recibían visitas en su casa la mandaban a un cuarto y cuando se iban, él ya podía salir.

Siendo niño, con toda una vida por delante y sin la posibilidad de ver, Rubencito no decayó en ánimos sino todo lo contrario, pues “Mi padre Dios me dio la gran habilidad de tener una mente extraordinaria y gracias a eso salí adelante”, comentó.

Perdió la vista; pero no el ánimo

Don Rubén asegura que su coeficiente intelectual era elevado y que el director de la primaria donde estudiaba lo había adelantado un año por sus buenos resultados académicos. Sin embargo, la vida le tenía preparado el mayor de los retos y don Rubén sin temor alguno, le plantó cara y comenzó a superarse a sí mismo cada vez más.

Para terminar su primaria, Rubencito tuvo que emigrar a San Luis Potosí a la edad de 13 años, donde continuó con sus estudios en la escuela Emigdio M. Belloc, especial para persona invidentes en la cual aprendió el sistema Braille y carpintería. Tras una estancia de 3 años en SLP, don Rubén regresó a su pueblo donde de los 16 a los 20 años continuó viviendo marginado por sus padres, “sentí momentos en que iba a enloquecer” explicó.

El lugar que le cambió la vida

Sin embargo, su vida iba a dar el vuelco definitivo, el primero de septiembre de 1983, cuando llegó a la capital zacatecana para establecerse definitivamente, con el objetivo de sacar la secundaria en la escuela Ignacio Trigueros de la colonia Díaz Ordaz, especial para invidentes.

En esa institución los apoyaron con hospedaje y alimentación. Además aprendió a tocar la guitarra y fue parte de la Rondalla Santa Lucía y de un grupo musical de nombre Clave 5.

Al terminar ahí su estancia y con los conocimientos adquiridos a don Rubén le llegó su primera oportunidad laboral que, por supuesto, no iba a desaprovechar; fue así como a los 26 años ingresó a trabajar a una fábrica de trapeadores.

Posteriormente intentó sacar la preparatoria; sin embargo, su trabajo le dificultó seguir con sus estudios y tuvo que enfocarse en sus responsabilidades, donde incluso regresó a la escuela Ignacio Trigueros, ya no como alumno sino como asesor del taller de elaboración de trapeadores.

Zacatecas, un lugar que lo abrazó con calidez humana

Años después, otro primero de septiembre pero de 1991, fecha cabalística para don Rubén, entró a laborar a los Servicios de Salud de Zacatecas, donde hasta la fecha sigue trabajando y ha ejercido cargos como recepcionista y en el conmutador contestando y haciendo llamadas telefónicas.

“Aquí a Zacatecas aprendí a valerme por mí mismo, a los 20 años caminé solo con el bastón, mi maestro Antonio Guerrero, me impulsó mucho,” comentó Rubencito en su oficina donde tiene una grabadora que usa como agenda, su regleta con al que aprendió el sistema Braille, y algunos reconocimientos.

Él tuvo que aprender a moverse en el transporte público, donde es conocido principalmente por los choferes de la Ruta 2, con quienes se lleva muy bien y en algunos de los casos lo han llevado hasta la puerta de su casa.

 

En 2003 don Rubén se casó con Martha Lucía González Bañuelos, con quien actualmente vive feliz y lo ha apoyado incondicionalmente.

Otras de sus facetas es el de compositor y cumplió con los 11 niveles en la escuela Voice Connecting de Aguascalientes, que lo acreditan como locutor porque a Rubencito le gusta abrirse campo donde quiera que se pueda.

“La marginación en muchas ocasiones se da primero en el hogar, toda aquella persona que tenga un hijo con capacidades diferentes que no lo marginen, al contrario, que lo metan a las escuelas especiales para que aprendan a desenvolverse en sociedad y a valerse por sí mismos, de eso se trata la inclusión,” sentenció Rubencito, quien ya no pudo ver con los ojos; pero sí con el alma.

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