

Durante la homilía dominical, Sigifredo Noriega Barceló llamó a los padres de familia a privilegiar la convivencia, recuperar su papel en la educación de niñas y niños y vivir la fe con acciones concretas en la vida cotidiana.
ZACATECAS.- El obispo Sigifredo Noriega Barceló hizo un llamado a fortalecer los vínculos familiares y a dedicar mayor tiempo a la formación integral de los hijos, al considerar que la presencia de los padres resulta fundamental para el desarrollo emocional, espiritual y social de niñas, niños y adolescentes.
Durante la homilía dominical celebrada en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Zacatecas, el prelado reflexionó sobre los retos que enfrentan las familias en la actualidad y exhortó a recuperar el papel formativo del hogar como base para construir una sociedad con mayores valores.
Ante decenas de fieles reunidos en el recinto religioso, Noriega Barceló afirmó que el amor hacia los hijos no debe limitarse al sustento económico o a la satisfacción de necesidades materiales, sino que también debe expresarse mediante el acompañamiento permanente, el diálogo y el tiempo compartido.
Explicó que las exigencias laborales y el ritmo acelerado de vida han reducido los espacios de convivencia familiar, situación que, advirtió, puede afectar la educación y el crecimiento personal de los menores.
En otro momento de su mensaje, el obispo insistió en la importancia de “recuperar el tiempo perdido” en la educación básica, al recordar que la familia constituye el primer espacio donde las personas aprenden valores, principios y responsabilidades que las acompañarán durante toda su vida.
Asimismo, destacó que la participación activa de madres y padres en las distintas etapas escolares fortalece la identidad de los estudiantes, fomenta la responsabilidad y contribuye al desarrollo de una mayor sensibilidad hacia los demás.
El jerarca católico también reflexionó sobre el significado de ser discípulo en la actualidad. Señaló que, pese a los cambios culturales y las múltiples distracciones que caracterizan al mundo contemporáneo, la fe debe manifestarse mediante acciones concretas de amor, servicio, solidaridad y coherencia de vida.
Finalmente, invitó a la comunidad católica a asumir el discipulado como un compromiso cotidiano que trascienda las celebraciones religiosas y se refleje en la familia, la escuela y la sociedad. Subrayó que mantener a Dios en el centro de la vida y practicar el cuidado del prójimo son pilares para enfrentar los desafíos actuales y fortalecer el tejido social.