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Una tradición que llegó en la época virreinal y sigue viva en los hogares mexicanos.
MÉXICO.- El 6 de enero, México celebra el Día de Reyes, una de las tradiciones más queridas por niñas, niños y familias enteras. Más allá de los regalos que traen Melchor, Gaspar y Baltasar, esta fecha representa un momento de convivencia familiar en torno a la Rosca de Reyes, una costumbre con profundas raíces históricas que combina elementos religiosos, gastronómicos y sociales.
Para muchos hogares, esta celebración marca el cierre festivo del periodo navideño. Las familias se reúnen para partir la rosca, acompañada de chocolate caliente o atole, en un ambiente de risas, recuerdos y unión.
En gran parte del centro y sur del país, como la Ciudad de México, Puebla, Guanajuato y Michoacán, los niños despiertan con ilusión al encontrar los regalos que los Reyes Magos dejaron durante la noche del 5 de enero. En contraste, en algunas regiones del norte, como Nuevo León o Jalisco, donde existe mayor influencia de tradiciones estadounidenses, los obsequios principales suelen entregarse en Navidad con Santa Claus, y el Día de Reyes se centra principalmente en la convivencia y la rosca.
La tradición de la Rosca de Reyes llegó a México durante la época virreinal, traída por los españoles desde Europa, especialmente de Francia y España, donde se celebraba la Epifanía, que conmemora la visita de los Reyes Magos al pesebre de Belén para adorar al Niño Jesús.
Sus antecedentes se remontan incluso a festividades romanas precristianas; sin embargo, en México la costumbre se adaptó con ingredientes locales y se transformó en un símbolo de unión y convivencia familiar.
Aunque actualmente existen roscas de diversos tamaños, rellenos y sabores, la versión tradicional conserva un profundo simbolismo:
Forma ovalada o circular: Representa el amor infinito de Dios, sin principio ni fin, y para algunos simboliza la corona de los Reyes Magos.
Frutas secas y cristalizadas (como higo, ate, cereza o naranja; actualmente sin acitrón por tratarse de una especie protegida): Simbolizan las joyas de las coronas reales de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Figura del Niño Dios escondida: Evoca el momento en que María y José ocultaron a Jesús para protegerlo de la persecución del rey Herodes.
Quien encuentra la figura del Niño Dios en su rebanada se convierte en su padrino, compromiso que implica cuidarlo hasta el 2 de febrero, Día de la Candelaria, cuando deberá ofrecer tamales y atole a los invitados. Esta costumbre prolonga la celebración y refuerza los lazos comunitarios y familiares.
Además, en eventos públicos como la Mega Rosca del Zócalo de la Ciudad de México, miles de personas comparten esta tradición, reafirmando su importancia cultural y su vigencia en la identidad mexicana.