

Zaira Ivonne Villagrana Escareño.
Porque una elección, por sí sola, no transforma la realidad. Ninguna boleta electoral tiene el poder de resolver los problemas que durante años hemos decidido ignorar.
Zaira Ivonne Villagrana Escareño
Cada vez que se acerca una elección ocurre algo curioso: comenzamos a hablar de nombres antes que de ideas. Discutimos quién puede ganar antes de preguntarnos hacia dónde queremos ir como sociedad.
Rumbo a 2027, esa debería ser la conversación más importante.
Porque una elección, por sí sola, no transforma la realidad. Ninguna boleta electoral tiene el poder de resolver los problemas que durante años hemos decidido ignorar. Ningún cargo público puede sustituir la responsabilidad colectiva de una sociedad que busca construir un mejor destino.
La política suele convertirse en el espejo de aquello que somos como sociedad.
Si toleramos la indiferencia, tendremos gobiernos indiferentes. Si normalizamos la división, encontraremos división en nuestras instituciones. Si dejamos de participar, otros decidirán por nosotros.
Por eso preocupa que gran parte de la discusión pública se concentre únicamente en candidaturas, encuestas y alianzas, mientras la realidad sigue avanzando. Ahí están las y los jóvenes que buscan oportunidades, las familias que enfrentan incertidumbre económica, las escuelas que necesitan fortalecerse y las comunidades que esperan ser escuchadas.
Quizá uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo sea la pérdida de confianza. No hay democracia sólida cuando la gente deja de creer. No hay proyecto de futuro cuando predomina el desencanto.
La confianza pública no se decreta; se construye. Se construye con cercanía, resultados, congruencia y capacidad de diálogo.
Necesitamos una política menos obsesionada con la próxima elección y más comprometida con la próxima generación. Pero también necesitamos ciudadanas y ciudadanos dispuestos a involucrarse más allá de la crítica, entendiendo que la democracia no es un espectáculo que se observa desde la distancia, sino una responsabilidad que se ejerce todos los días.
Tal vez la pregunta más importante rumbo a 2027 no sea quién ocupará los espacios de poder. Tal vez la verdadera pregunta sea si estamos formando una ciudadanía capaz de sostener el futuro que dice querer.
Porque podemos cambiar gobiernos y seguir enfrentando los mismos problemas. La verdadera renovación política comienza cuando la ciudadanía recupera la conciencia de su propio poder y de su propia responsabilidad.
El desafío no es solamente elegir mejores gobiernos; el desafío es convertirnos en una mejor sociedad.
Ese es el reto.
Y también la esperanza.