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Mueller estuvo al frente del FBI durante 12 años. Después fue designado fiscal especial del Departamento de Justicia.
ESTADOS UNIDOS.- Robert Mueller, exdirector del FBI que como fiscal especial encabezó una explosiva investigación electoral contra Donald Trump, murió a los 81 años.
Su deceso el cierre de una de las trayectorias más influyentes en la justicia estadunidense reciente, atravesada por su papel central en la investigación sobre la campaña de Donald Trump y la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016.
Medios estadunidenses informaron que Mueller falleció el viernes por la noche, citando un comunicado de la familia, sin precisar la causa ni el lugar.
En su red Truth Social, Trump reaccionó: “Robert Mueller acaba de morir. Bien, me alegra que esté muerto. ¡Ya no puede herir a personas inocentes!”.
Mueller estuvo al frente del FBI durante 12 años. Después fue designado fiscal especial del Departamento de Justicia para dirigir la investigación, entre 2017 y 2019, que debía determinar si la campaña presidencial de Trump conspiró con Rusia para lograr su elección.
En 2019, después de dos años, Mueller testificó ante el Congreso sobre la investigación que Trump ha calificado como “cacería de brujas” en varias ocasiones.
La investigación inició luego de que Trump despidiera al entonces director del FBI, James Comey.
El exjefe de la policía federal dijo que su informe no exoneraba a Trump, pero en su mayoría esquivó las preguntas de los legisladores, tanto demócratas como republicanos, remitiéndose una y otra vez solo a los resultados de la investigación.
Dos de sus procesos más celebrados tuvieron como protagonistas al mafioso neoyorquino John Gotti y al general Manuel Noriega, de Panamá.
Mueller fue director del Federal Bureau of Investigation durante 12 años —incluido el periodo posterior al 11-S—, en donde se le consideró un símbolo de institucionalidad en Washington, lo respetaron administraciones republicanas y demócratas.
Mueller pasó a la historia contemporánea por encabezar, entre 2017 y 2019, la investigación federal sobre la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016 y los posibles vínculos con la campaña de Donald Trump.
Lo designaron fiscal especial por el Departamento de Justicia, su nombramiento respondió a una crisis institucional tras el despido del entonces director del FBI, James Comey.
Su investigación, de casi dos años, produjo decenas de imputaciones contra ciudadanos rusos y colaboradores del entorno de Trump.
El llamado Informe Mueller documentó una interferencia “sistemática y extensa” de Rusia en el proceso electoral, pero no logró probar una conspiración criminal entre el equipo de Trump y el Kremlin.
En materia de obstrucción de justicia, el informe expuso episodios potencialmente problemáticos sin emitir una acusación formal, en línea con la política del Departamento de Justicia sobre presidentes en funciones. Esa ambigüedad convirtió el informe en un documento central del debate político estadunidense durante años.
La figura de Mueller quedó marcada por esa investigación: para algunos, un garante del Estado de derecho; para otros, el rostro de una pesquisa politizada.
Su muerte reavivó esa polarización: Trump reaccionó con comentarios celebratorios que provocaron condena bipartidista, mientras líderes políticos destacaron su integridad y servicio público.