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Mi delito… tener baja autoestima

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Historia de Lobos.

¿Hasta dónde puede llegar una mujer por la obsesión hacia un hombre? Más que obsesión, la codependencia es una necesidad irracional en este caso, por una relación destructiva. El apego insano es un sentimiento de pertenencia, posesividad, miedo e interés.

Es el amor enfermo hacia la otra persona la que provoca la pérdida del norte de la propia vida a causa de estar pendiente del otro.

En esta historia, una mujer comete actos sumamente imprudentes.

Su irreflexión y negligencia provocan un accidente de consecuencias casi fatales y de cuantiosos daños materiales. Arriesgando su integridad y la de su familia por celos.

Soy una señora

Ese día yo estaba muy desesperada porque mi esposo no llegaba a la casa. Él trabaja como chofer, pero yo siempre he sospechado que me engañaba. Ya se la había agarrado de todos los jueves, viernes y sábados irse de parranda.

Él me decía que como sus amigos mandaban en sus casas, él también.

Yo sabía que se iban a la zona de tolerancia. Ese día le marcaba a su celular y de primero me decía que ya mero llegaba, luego no me contestaba y de plano luego ya apagó el celular.

A mí me dio mucho coraje y me dije “ahorita me las paga, yo soy una señora y no voy a dejar a ninguna cualquiera que me lo baje”.

La búsqueda

Él nunca me quiso enseñar a manejar, pero yo me las ingenié sola y me puse a aprender.

Yo sabía que él no se llevaba el carro de nosotros cuando se iba de parranda y también sabía en donde lo guardaba, porque yo lo había seguido una vez para saber que andaba haciendo, así que sabía bien en donde estaba.

Agarré el duplicado de la llave y a mi hijo el chiquito, me lo llevé para que viera a su padre. No encontramos el carro.

De primero nos fuimos al taller de uno de sus amigos ahí también se metían y llevaban a sus disqué amigas, pero estaba vacío, también me fui a un terreno bardeado que tiene otro de sus amigos en Martínez Domínguez.

No lo encontré, ya serían como las 2:00 de la madrugada y traía a mi hijo dormidito en el asiento de atrás, lo bueno es que le puse una cobija.

Yo no sabía bien como regresarme a Zacatecas de Martínez Domínguez, me perdí porque me fui a dar una vuelta hasta más allá de Pemex.

Pase enfrente del Yardas y se me hizo fácil detenerme. Estaba pensando bajarme, cruzar la carretera y bajar al niño, pero si estaba haciendo frío.

Entonces me acordé que una vez me dijo que al Yardas no iban por caro y que me arrancó para la zona de tolerancia.

Llegué y no me querían dejar entrar porque me vieron al niño dormidito, les dije que tenía que encontrar a mi esposo porque el niño estaba enfermo.

Que lo voy encontrando muy sentado con unas mujeres casi encueradas y cuando me vio se puso mal, no se imaginó que yo iba a llegar con su hijo. Se enojó mucho y yo le dije que iba por el padre de mi hijo, que yo era una señora y me respetaba.

Me agarró de un brazo y me sacó del tugurio ese, yo traía al niño cargado y me aventó para afuera. Me dijo que ninguna vieja lo sacaba de ahí, me corrió con todo y niño.

Dijo que me iba a meter al bote por acosadora. Yo me sentí muy mal porque soy la madre de su hijo y él me estaba cambiando por unas prostitutas. Me di cuenta de que ni su hijo le importaba.

Me dijo que quién fregados me había llevado, que así como había llegado me largara, me golpeó en la cara, con mi niño en brazos y me corrió de ahí.

Así no se trata a la esposa, aunque él diga que no está casado conmigo, si lo estamos, ahí está el acta de matrimonio, me casé con él con muchas dudas porque yo era viuda. Me daba miedo que no aceptara a mis hijos, pero ni a su hijo propio acepta.

El accidente

Me fui al carro y subí a mi niño al asiento de atrás. Mi hijo estaba llore y llore, salí de ahí y me volví a perder, no sé por dónde agarré que salí allá por un motel.

Mi hijo venía llorando y yo también venía muy decepcionada de lo que acababa de ver.

Agarré ahí por el Centro de Salud y luego bajé ahí por la presidencia. Iba muy mal, iba llorando y por el Chaparral me salió un carro de repente.

Yo no venía rápido y si lo choqué, pero fue porque él se me atravesó. Mi hijo casi salió por el vidrio de adelante, se pegó con la palanca de velocidades. Yo ya me iba a ir de ahí, pero se le tronó una llanta y ya no caminó el carro.

Llegó una ambulancia y Tránsito, se armó un mitote ahí, porque dijeron que yo andaba borracha y el muchacho del otro carro estaba todo lleno de sangre porque se rompió la nariz. Yo no tuve la culpa, él se me atravesó.

La versión del esposo

Esta vieja está loca. No es mi esposa porque yo estoy casado con otra. Si anduve con ella, pero yo nunca he vivido en su casa, ella tiene otros hijos y pues ahí andábamos sin compromiso.

Nos íbamos a tomar y luego me la llevaba a un motel. Así nació el niño, yo la verdad si tengo mis dudas de que fuera mío.

De primero si la llevábamos suave, pero esta vieja se hizo muy celosa y violenta, también me la caché esculcándome la cartera. Yo notaba que me faltaba el dinero y eso no se le hace al hombre.

Las cosas empeoraron porque me empezó a espiar, se iba afuera del corralón en donde guardo el camión y me seguía en carros de sitio para ver a donde me metía.

Una vez si me cachó que me fui a la casa de una amiga y se apersonó en la casa.

Cuando abrió mi amiga se metió sin más ni más, le destrozó sus cosas, tiró la televisión, rompió unos trastes, dejó toda rasguñada a mi amiga y a mí me pegó con una cacerola.

Mi amiga le puso demanda y ahí está para que vea y conste que lo que digo es cierto, por eso me decidí dejarla.

Ya había nacido el niño y estaba toda gorda. No se me antojaba y luego con su forma de ser tan violenta me alejó.

Obsesión

Ese día del accidente no fue como ella quiere que parezca. Desde temprano empezó a hablarme por teléfono, me marcaba de otros números y me mandaba mensajes muy groseros. Uno decía, “te odio maldito, tú vas a provocar que me mate de amor ya no me importan los niños ni nada”.

Luego me mandaba otros que decían que me amaba y que quería todo conmigo, ya estaba bien loca. Fue a la casa de mis papás y rompió unos vidrios a pedradas.

De lo que ella dice, lo único que es cierto es que me fue a buscar a la zona de tolerancia, pero no me halló ahí.

Ella andaba bien borracha ese día, dijo un testigo del choque que bajó como a 120 km por hora.

Tampoco es cierto que andaba con el niño, porque el más chico de los niños estaba con la mamá de ella desde dos días antes que agarró la botella y ese día la señora se lo llevó.

Andaba con sus otros tres hijos. El carro era de su hermano y lo desbarató ese día, ella quedó lesionada del cuello y decía que era porque yo le había pegado.

Nadie se le atravesó, dijeron los niños que ella agarró la curva y se le patinó el carro y chocó de lleno con el carro del chavo, que estaba estacionado en la esquina del chaparral ese chavo apenas si alcanzo a subirse al carro porque si no, se lo lleva entre las llantas.

Estaba tomada y manejando en la madrugada con sus hijos. Yo no pido que la encierren en el bote, yo pido que la ayuden a que se controle, porque un día de verás se va a matar o va a matar a alguien.

“Yo he sido muy suertudo para las viejas, llevo dos matrimonios, así me tocó, que le va a hacer uno, si lo buscan las viejas y a uno le gustan. Solo con esta última si me fue de la fregada está re loca y yo la vine a demandar por acoso sexual o el que resulte”.

Codependencia

Los codependientes son “adictos afectivos, los cuales dependen de otros para vivir, buscan gratificación en los otros como los adictos a la droga”.

Son individuos que sienten un gran temor al abandono, necesitan aferrarse a otros incluso cuando la compañía les cause dolor.

Por otro lado, el compañero del codependiente estimula y propicia las conductas adictivas porque las necesita para afirmarse a él mismo.

Este tipo de conductas las ejecutan las personas incluso sin darse cuenta, pues han sido conductas adquiridas a lo largo de su vida, pero llega el momento en que uno de los dos empieza a romper este patrón, inicia el alejamiento y produce la crisis, lo que los lleva a cuestionarse, buscar ayuda y descubrir los patrones adictivos.En ocasiones los celos distorsionan la realidad y las conductas pueden provocar accidentes.

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