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Mi delito… ser invisible

Mi delito… ser invisible

Ivonne Nava García

   |  10 enero, 2021

Historia de Lobos.

Hoy en día es habitual escuchar noticias en donde algún adolescente está involucrado en hechos delictivos, en algunas ocasiones demasiado graves y violentos.

Es fácil juzgar, pero muchos de estos jóvenes tienen historias personales tan tristes que es difícil imaginar cómo han sobrevivido. Conociendo sus historias personales es mucho más fácil deducir como es que han llegado a convertirse en delincuentes desalmados.

Hemos leído noticias nacionales en donde la atrocidad de sus actos nos lleva a concluir que no son personas y que son un peligro enorme para todos, además sorprende su atrevimiento y el enorme número de actos delictivos que han podido cometer.

Yo no los justifico, pero definitivamente han sufrido demasiado, siendo víctimas desde que nacieron.

Esta historia es la de uno de tantos adolescentes que han caído en la delincuencia, le enseñaron que con un arma tenía poder y podía conseguir lo que quisiera.

Su niñez

Nació en 1997, en el seno de una familia violenta y desintegrada. Es el segundo de siete hermanos.

Vivió con su madre junto a sus seis hermanos, en una casa de una sola habitación, con un baño de letrina, en una de tantas colonias pobres del estado. Se crio en una familia muy disfuncional bajo el mal ejemplo de un padre violento.

“Parecía que tenían un pacto en donde todo era posible entre ellos, imagínese qué no vimos mis hermanos y yo”.

Fue maltratado desde siempre, probó la droga desde muy pequeño y estuvo vinculado al alcohol.

Los vicios

No había dinero para nada, mi jefe le ponía al chemo y duro al alcohol. Es maestro albañil, pero lo que ganaba no alcanzaba pa’ su vicio y para mantenernos.

Cuando se ponía locote, así nos iba a todos. De más morrillo, no nos sacaban del cuarto, y veíamos muchas cosas de las que hacen los adultos.

Luego de más grandecillos, nos sacaban del cuarto ¿pos a dónde? al monte, ahí no hay calle solo tierra y nos esperábamos sentados afuera hasta que nos metía mi jefa, a veces hasta la madrugada.

Otras veces nomás nos salíamos porque empezaban los golpes y terminaban en el cartón. A poco piensa que había cama, nos dormíamos en cartones porque no había para más.

Embarazos y odio

Mi jefa se la pasaba embarazada y cada que pasaba yo sentía mucha rabia porque veía que mi jefe se ensañaba con ella, era cuando más la golpeaba y peor nos iba a nosotros.

Nos mandaba a pedir limosna para sacar para que el morro naciera en el hospital.

A mí me enseñaron que la vida no vale nada, mis hermanos y yo éramos estorbos.

Siempre le decía a mi jefa que todos nosotros éramos unos bastardos que él no era nuestro padre.

De su ejemplo le puedo decir que me enseñó que para demostrar que uno tiene valor, hay que ponerse una pistola en la cabeza y jugar a la ruleta rusa, eso hacía con sus amigos, lo que no nos decía, pero que yo sabía, es que la pistola siempre estaba vacía.

Un día mi jefa nos dijo que mi jefe se había muerto, pero nunca fuimos a su velorio ni a su entierro, no sé qué pasó con él, pienso que nos abandonó.

Hambre

Siempre quise tener unos tenis de marca… A la escuela sólo fui hasta quinto, que fue cuando mi jefe se murió. Aunque me pegaba hasta sacarme la sangre de las narices, yo lo quería, pues era mi papá.

Ya no quise ir a la escuela, ya no había dinero y, el que había, era para mis carnales más chiquitos, para que no tuvieran hambre.

Mi jefe me enseñó a pedir, me iba afuera de las escuelas de los ricos a limosnear, ahí veía a los niños con sus tenis, siempre quise unos, los miraba porque parecía que flotaban.

Sus jefas a veces me daban un peso a veces ni me volteaban a ver, como si fuera invisible, sentía regacho, me daban ganas de quitarles los tenis a los morrillos.

Un día le pedí unos a mi jefa, me dijo que eso no era para la gente como nosotros, que me esperara a ver si iban a regalar a la colonia.

Crudo dolor

Mi jefa se iba a trabajar para mantenernos, lavaba loza en una fonda, llegaba a las 6:00 de la tarde, para entonces yo tenía como 9 años, mi carnalita la que me seguía tenía casi 8.

Ese día llegué de pedir, apenas iban a dar las 6:00 de la tarde. A mis carnalitos los dejaba mi jefa con una tía, cuando llegué estaban mis carnalitos debajo de la mesa y a mi carnalita la tenía la pareja de mi tía.

Ese vato era un cholo del barrio, yo le tenía miedo porque era bien marihuana; también trabajaba en la obra, pero ese día mi tía le encargó a mis carnalitos y yo vi cuando estaba violando a mi carnalita.

Me le deje ir para quitárselo, me dejó bien madreado. Estas cicatrices en los brazos, fue de esa vez, me aventó contra la ventana y me corté con los vidrios. Cuando llegó un vecino a quitármelo, me estaba ahorcando, me quería matar.

Se lo llevó la preventiva, pero mi tía no me creyó, dijo que había inventado todo y que mi carnalita lo había provocado, lo peor es que mi jefa estaba igual, por eso le guardo rencor, no me creían, mejor le creían a ese tipo, mi jefa no puso denuncia por eso que pasó.

Se los quitaron

El vecino si le dijo a los policías lo que había pasado, lo llevaron al DIF, yo no sé qué pasaría pero un día llegaron unos licenciados por nosotros para llevarnos a un lugar de niños huérfanos.

Yo me les pelé, me andaban buscando para llevarme pero no me dejé y mi jefa anduvo arreglando para que le devolvieran a mis carnales. Le batalló, pero si, primero le regresaron a unos y luego a otros.

No sé ni pa’qué, mi jefa no tenía para mantenernos, o nos cuidaba o nos mantenía.

Le traigo ganas

¿Usted cree que no?, a ese tipo que le hizo eso a mí carnala lo quiero matar, también porque a mí me quería matar. Cuando se lo llevó la preventiva dijo que me estaba ahorcando porque me había cachado violando a mi carnala, pero se la rifó porque mi carnala dijo que no y yo sé que va a salir del bote y lo voy a estar esperando.

Tatuajes, drogas y violencia

Tengo varios tatuajes, el más grande es el de una figura de la muerte, dice “ella me cuida, y hace que mis enemigos no tengan oídos para oírme ni manos para agarrarme, que no tenga boca para hablar, ni ojos para verme”, me lo hice a los 12.

Su sentencia

Se fugó de su casa, ha vivido en la calle, en “tapias”, solo, con su rencor por todo lo que ha vivido.

Encontró desde los 10 años de edad en las drogas un consuelo y con ellas compañía. De ahí encontró la manera de subsistir hasta que lo detuvieron, “ya me podía comprar los tenis”.

Lo han procesado por homicidio, portación de armas, entre otros. Él ya terminó su sentencia y aún se encuentra con vida, de ser detenido nuevamente será juzgado como adulto.

“Solo hubiera querido tener una vida normal, estudiar y ser ingeniero o licenciado. Tengo mucho miedo, es como lograr cada día estar vivo un día más”.

Dos caras de la moneda

Es muy complicado ponderar estas dos caras de la realidad que se nos presentan tan opuestas y ante las que respondemos de manera completamente contraria: represión frente a protección, violencia frente a cariño, rechazo frente a cercanía.

¿Cómo pedirles una vida digna, alejada de la violencia, si su realidad siempre ha sido violenta?

Finalizó uno de los años más difíciles que hemos enfrentado como humanidad, sufrimos incertidumbre, miedos, retos, pérdidas irreparables e irremplazables, cada uno vivió sus propios aprendizajes y valoramos cosas que antes quizá no tenían valor. Sé que hubiéramos querido que, al llegar el fin de año, llegara el fin de esta enfermedad que nos amenaza a todos, esto no será posible, tenemos que seguir cuidándonos, para que esto termine.

A todos mis lectores les deseo que este 2021 esté cargado de armonía, amor, paz, abundancia, pero sobre todo de
salud, para cada uno de ustedes y para sus seres queridos.

Reciban un fuerte abrazo en la distancia, cuídense mucho y conservemos la fe de que este año será mejor.

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