Mi delito… Ser el papá

Es extraño, pero siempre que se aborda el tema de violencia familiar, invariablemente evocamos una escena de un hombre maltratando a su familia. Es difícil siquiera imaginar en estos casos que los hombres al igual sufren y cuando hay perdida del lazo matrimonial, la separación de lo hijos a muchos les provoca un enorme vacío … Leer más


Historia de Lobos.

Es extraño, pero siempre que se aborda el tema de violencia familiar, invariablemente evocamos una escena de un hombre maltratando a su familia. Es difícil siquiera imaginar en estos casos que los hombres al igual sufren y cuando hay perdida del lazo matrimonial, la separación de lo hijos a muchos les provoca un enorme vacío emocional incomprendido.

Esta es su historia

Todo comienza cuando yo tenía menos de 20 años, de esas veces que te comes el pastel sin apagar las velitas, nos casamos y nuestra vida siempre fue de responsabilidad, me cayó cuando aun quería salir a divertirte. Pero aún así yo me hice responsable y ahí comenzó todo…”

“Tratamos de que funcionara, y a los seis años llegó nuestro segundo hijo, planeado muy deseado, inmediatamente llega el tercero de nuestros hijos, digamos que no tan planeado, pero no por eso menos amado, la vida transcurrió y los problemas comenzaron a ser frecuentes, motivados por los celos de ella También porque amor nunca existió, existieron muchas cosas pero la mayor era la responsabilidad sobre lo demás, siempre traté de llevar una buena relación con su familia, su madre en una ocasión le dijo ‘aunque ustedes se separen él, seguirá entrando a esta casa, aunque no te guste. Era la clásica, me amenazaba con irse a la casa de la mamá y llevarse a los niños. Las cosas iban de mal en peor y en ese lapso que uno quiere tomar la decisión de terminar esa relación…así ella queda embarazada, descuido de mi parte o un intento de ella por retenerme que no funcionó, no sé…Nació la última de nuestros hijos una niña, pero nuestra relación ya estaba rota, dos meses después yo dejé el hogar y comenzó el calvario para todos….”

“Empezaron las batallas legales, por la convivencia, por los alimentos, en el juicio de convivencia una de las cosas que me rompieron en dos, es que delante de mi mintieron mis hijos, todos decían las mismas palabras, que no los mantenía, que nomás los maltrataba, que los llevaba a ver a mi ‘novia’, el juez decidió llevarlos a hacer estudios psicológicos al DIF, ahí salió que ellos no estaban mal, que no los maltrataba, también el psicólogo dijo que era necesario hacer los estudios a los papas y yo salí bien, el juez dictó la convivencia martes y jueves en la tarde y sábados todo el día, pero esto nunca se cumplió. Al principio los niños iban contentos, eso sí a la niña nunca me la prestó, yo los llevaba a que se divirtieran a que hicieran cosas de niños, el más grande comenzó a crecer y de pronto ya no quiso convivir porque se aburría, así las cosas, yo solicito el divorcio voluntario, pero ella para darlo quería que firmara un convenio en donde yo renunciaba al derecho de convivir con mis hijos. En esas fechas a mi me iba bien y yo le daba tres mil pesos de pensión a la semana, los niños estaban en escuela particular y ella me decía que ya no le diera nada, pero que yo renunciara a mis hijos. Luego se vino el asunto del juicio oral de alimentos. En esa demanda pidieron diez mil pesos mas el 50% de todas mis percepciones, mas ochenta mil pesos de retroactivo. No entiendo como un abogado acepta cumplir esos caprichos, sin pensar en el daño que pueda causar, ese asunto se resolvió y sentenciaron a que yo pagara la cantidad de ciento veinte salarios mínimos al mes por concepto de pensión alimenticia para mis hijos.”

Amenazó a mis hijos

“Pero las cosas no iban mejor, cada vez veía menos a los niños, porque ella sabía muy bien que era donde mas me dolía, hasta que un día la escuché como le grito al tercero –que si salía conmigo ya no regresara- a un pequeño de 6 años, me dolió tanto, yo me fui al ministerio público, de ahí me mandaron al DIF, puse la denuncia, pero nunca se hizo nada, yo decidí ya no ir por ellos porque les estaba haciendo daño, con tantas cosas que inventó sobre mí. Yo trataba de acercarme y verlos en la escuela, un día cuando uno de mis hijos estaba en tercero fui a la escuela y me tarde media hora en soltar palabra, porque no podía detener las lágrimas, esa mujer aún no había hablado…. Después de eso ya no me dejaron verlos, fue y habló dijo que el juez había prohibido que yo los viera, invento tantas historias de mi, que yo era alcohólico, que me drogaba….A la niña no me dejaba verla la vi una vez cuando tenía como dos años, eso era porque esa mujer decía que la psicóloga de la escuela había dicho que a la niña le haría más daño verme…Vi a mi hija una hora en la cochera de la casa, de ella y con custodia, ahí estaba una hermana de esa mujer, yo le dije que me dejara solo con mi hija, porque la niña nada más se la pasaba viéndola, ella se metió a la casa, como que entendió, justo cuando pasó la hora le gritaron a mi hija que se metiera también… En una Navidad les compré juguetes y ropa llenamos cuatro cajas , mi hijo con tanta ilusión que las bajaba del carro a su casa, como a los veinte días me dice lleno de tristeza que su madre las había tirado; cuando iba por ellos les ponían su ropa mas vieja y rota, si se podía hasta sucia mejor, con sus zapatos gastados… el daño es para mi verlos, pero el daño mas grande es para ellos… pero mis hijos no pidieron venir, no merecen esto”

Los extraño…

“Me duele recordar los momentos que yo estaba con ellos, como se acostaban en la tarde conmigo para la siesta…Yo le agarraba sus orejitas hasta que se dormían, o les pasaba mi mano por su frentecita, jugaba con ellos, los extraño…El dolor es muy grande, porque ahora cuando veo pasar a mi hijo el mas grande, ni siquiera me saluda, se hace como que no me conoce, les metieron tantas historias, yo no sé hasta donde puede llegar el coraje de una mujer que puede llegar a manipular hasta a los que ayudan a tratar de remediar todos los problemas porque nosotros solos no podemos…Era un desastre cuando tratábamos de arreglar las cosas simplemente nunca se pudo.”

Me he sentido inválido, como alguien que va en silla de ruedas y levanta la mano para que lo ayuden y nadie le hace caso…siento tanta necesidad de que ellos (las autoridades) se pusieran en mi lugar; de que algún día llegara alguien y lo viviera, y me dijera ya lo viví…ya te entiendo, a veces los apellidos pesan mucho.

“A la mujer la sobreprotegen mucho, a veces lo que sentimos los hombres que somos padres no importa y aunque el juez dio la sentencia de que yo tenía derecho de convivir con mis hijos no hay una ley que obligue a la mujer a facilitar esa convivencia y menos aún que la castigue por hacer tanto daño a pequeños inocentes, dejando caer su rencor en ellos por el daño que uno pudo causarle…”