|  

Edición
Impresa

21 de octubre

21 de octubre

Mi delito… que nunca me pegara

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Historia de Lobos.

La violencia conyugal se puede dar en todos los estratos sociales y entre parejas de todas las edades. La violencia conyugal no se da por ira o por sentir mucho coraje, tampoco se gesta por tener problemas. La violencia en este sentido se da por la necesidad de control y sometimiento por parte del agresor. En el seno de una familia, los encuentros violentos pueden estar disfrazados por una aparente “perfecta” relación. Aunque tras las paredes las cosas son muy diferentes.

Esta historia es de una pareja de adultos mayores. Ambos contrajeron nuevas nupcias después de haber enviudado, sin embargo, la señora nunca se imaginó que su nuevo esposo, a pesar de su edad resultara un hombre violento.

Enviudaron

Nos quedamos viudos los 2. Primero yo, mi esposo tenía una enfermedad muy grave de la sangre porque siempre trabajó en tornos y fundidoras de fierro. Se fue poniendo muy grave y de ahí se vino para abajo poco a poco; tuvimos 3 hijos, le batallamos mucho siempre, pero me dejó a mis hijos que siempre me han ayudado. Cuando pasó eso nos habíamos regresado para el rancho, porque nosotros vivíamos en Monterrey. Allá yo también trabajaba, pero nos regresamos porque mi papá se me puso malito y me vine a cuidarlo. Cuando nos enteramos de que mi marido estaba enfermo él también se vino para acá, yo los cuidaba a los dos. Mi papá falleció y me heredó la casita que era de él y de mi mamá. Era un “jacalito”, que necesitaba muchos arreglos. Al poco tiempo de eso también se me fue mi marido.

A este hombre lo conocía de vecino del rancho. Se sabía que a la mujer la tenía enferma. En el rancho decían que era porque había tenido 19 hijos. Que año tras año la tenía“preñada” para que no la vieran otros hombres. Yo no les creía nada, a la señora casi no se le veía en el rancho, siempre salía con él y siempre llevaba un rebozo en la cabeza, nada más la arrimaba a misa; ya era grande tenía como 70 años, también se quedó viudo.

 Me cortejó

Le guardó luto 3 meses, después de eso me empezó a cortejar; yo no lo veía mal, porque él ya estaba solo y yo también: Sus hijos ya estaban grandes y los míos también. No teníamos impedimentos, le agarré la palabra y lo dejé que me frecuentara, él me decía que ya me dejara, que al cabo ya ni era señorita. Yo le decía que no, así duramos 6 meses. Luego ya nos juntamos a vivir. Él me llevó a su casa, yo le dije que eso no me gustaba y poco tiempo después nos casamos al civil.

12 años

Es cómo todo: empiezan bien y luego ya son como de verdad son. No le voy a decir que todo era malo. Salíamos a viajar, íbamos a ver a sus hijos y también a ver a los míos. De la casa que me llevó le hicimos muchos arreglos para que estuviera bonita. Porque era un puro “pilancón” de adobes. Yo trabajaba, mi papá me dejó unas vacas y las ordeñaba y de ahí hacía quesos. Poco a poco eso fue creciendo y luego puse una pequeña fábrica de quesos frescos y de jocoque. De ahí fue donde lo vi que empezó a cambiar.

Celoso

Siempre fue celoso, por ejemplo, no me dejaba usar falda, ni vestidos. A menos que llegaran arribita del tobillo, para no tener problemas usaba pantalón, pero con camisa floja encima para que no notara nada mi cuerpo. Yo le decía que diablo de viejillo ridículo, que ni que fuera muchacha. Nunca me pegó la verdad,  pero sí me ofendía cada vez más. Le digo que lo noté después de que la quesera empezó a crecer. Me decía que estaba ahí de “prostituta” con los lecheros. Ese era el problema: los celos y lo ofensivo que se ponía conmigo. Luego me llevaba a la misa o al mercado y pobre de mí que alguien me saludara, me dejaba caminando sola y agarraba un taxi y se iba.

Agresiones y violencia

Así como lo ve de viejo, porque ya tiene sus 86 años él todavía es un hombre viril. No había día que no quisiera, a veces me metía a bañar y me espiaba, se metía al baño y era a fuerzas. Me lastimaba mucho, me sangraba porque yo no quería, eso era 3 veces al día. Si no, él no estaba a gusto. Como yo empecé a estar enferma y ya no se podía se enojaba muchísimo. De todas maneras, me quería agarrar y como no me dejaba le daban más celos y me empezaba a decir que de seguro lo estaba engañando. Un día se me ocurrió decirle que con quién lo engañaba, si con el único hombre que había platicado por teléfono era con mi hijo. De ahí nos agarró mucho odio. Yo tenía mi colección de trastes de barro que me traía de todos lados que viajamos, cada vez que me peleaba se desquitaba con mis trastes. Luego siguió con mis macetas. Un día le dije que me dejara en paz mis plantas. Lo que hizo fue cerrarme con cadenas y candados los patios para que no pudiera salir a echarles agua. Mire, yo las veía como se me marchitaban mis plantitas, les echaba agua como podía desde la ventana y rezaba para que lloviera y no se me murieran. Casi todas se me secaron. Pero eso sí, se llenaba la boca para decir que él nunca me había pegado.

Cuchillos

Se me ocurrió hablarle a un primo para que me abriera los candados porque yo sentía que me iba a morir junto con mis plantas. Eso no le gustó nadita. Inmediatamente le habló a mi hijo para decirle que todo eso estaba muy mal, y es que para los mismos días yo caí muy mala de la presión. Se dejaron venir mis hijos, luego los 3 hombres, para que le cuento que yo tenía mucho miedo de que algo muy feo pasara. Bragado este hombre y mis hijos buenos y fuertes. No me equivoqué. En cuanto vio a mi hijo el mayor dijo entre dientes, ora si hijo de tu… mi hijo lo alcanzó a escuchar, pero no le hizo caso. En eso estaba yo con mis hijos cuando salió de la casa con cuchillo en mano y le dijo a mi hijo:  ‘a ver si muy hombrecito hijo de tu…’ Le tiró a mi hijo, pero ni le dio; estábamos en la calle y los vecinos le hablaron a la policía porque pensaron que mis hijos eran los del problema, ya tenían mucho sin verlos, llegó la policía, pero fue cuando mi hijo me jaló de un brazo para que este viejo no me alcanzara a dar con el cuchillo, se lo iban a llevar, pero les dijo que estaba enfermo y no se lo llevaron. Pero yo les dije que no lo quería ahí, que cómo se iba a quedar en la casa conmigo, que de seguro me iba a matar. Le hablaron a uno de sus hijos y se lo llevó a su casa.

Divorcio

Ya son 3 años de que nos quería matar con un cuchillo a mi hijo y a mí. Tenemos muchos problemas para el divorcio por las cosas. Los hijos que le sobreviven están pidiendo parte de la casa y de un terreno que nos hicimos en Nayarit. A ellos que les toca si nunca vieron por su padre. Las cosas no se resuelven porque él no quiere. Dice que ya se casó conmigo y que es hasta que la muerte nos separe. Pero él me quiere matar antes.

Maltrato conyugal

Las mujeres sometidas a situaciones prolongadas de maltrato, en cualquiera de sus formas, sufren un debilitamiento progresivo de sus defensas físicas y psicológicas, llegando a presentar cuadros clínicos de difícil remisión.

Una de las características comunes a todas las formas de abuso es que quienes las emplean no tienen en cuenta las consecuencias físicas o psicológicas para la víctima o para el testigo. Es importante el hecho de que cuando se le informa a un hombre violento a cerca de las consecuencias de sus actos su primera reacción es de incredulidad; inmediatamente agrega que son exageraciones y continúa negando la conexión entre sus conductas y los trastornos que eventualmente presentan su mujer o sus hijos. La otra característica común es que cuando se presentan una o varias formas de abuso dentro de una relación conyugal, generalmente no se trata de episodios aislados, sino que se repiten y tienden a agravarse tanto en su intensidad como en su frecuencia.

Es importante señalar, que el maltrato conyugal, también lo padecen los hombres por parte de sus esposas, sufriendo de igual manera las consecuencias físicas y psicológicas.

Don`t copy text!