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17 de octubre

17 de octubre

Mi delito… que no me creyera

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Historia de Lobos.

Una menor desde que cursaba cuarto de primaria fue violada durante varios años por su padrastro. El sujeto aprovechaba cuando nadie estaba en casa para aprovecharse de la niña.

Su madre no la apoyaba, pero encontró consuelo y apoyo en su tía, después de 4 años de abuso.

Relato de la tía

Notaba muy extraña a mi sobrinita, la empecé a ver triste, desde que tenía como 10 años, la veía cabizbaja, más calladita y como retraída.

Yo hablaba con mi hermana y le preguntaba qué pasaba con mi sobrina, ella me decía que era rebeldía nada más, que era porque mi sobrina no soportaba a su nuevo marido.

El papá de la niña abandonó a mi hermana para irse con otra mujer. Todos dicen que mi hermana lo trataba muy mal y que por eso él la dejó. Pero también se desentendió de su hija.

Mi hermana empezó a andar con este hombre y se encaprichó con él. Es un hombre que a veces trabaja y a veces no.

Mi hermana lo mantiene cuando no trabaja y puede durar hasta 6 meses sin trabajo, porque dice que no encuentra trabajo.

A veces encuentra trabajo y dura nada más un mes, es muy inestable, trabaja de lo que sea, de lo que le dan.

Más triste cada vez

Mi sobrina empezó a tener problemas en la escuela, no hacía la tarea y casi pierde el quinto año.

La maestra le dijo a mi hermana que algo no andaba bien con mi sobrina y mi misma hermana me dijo que mi sobrina se estaba haciendo pipí en la cama.

Yo le dije que sería bueno que la llevara con un psicólogo, pero ella dijo que no, que ya se le pasaría. Yo insistía en que algo no andaba bien con la niña, pero ella me cortaba la conversación, cambiaba de tema.

Mi hermana y yo empezamos a tener problemas porque yo le preguntaba en qué trabajaba su viejo y ella me decía que no había encontrado trabajo. Así marchaban las cosas, mi hermana se alejaba cada vez más de nosotros.

Mis otros hermanos se molestaban porque mi hermana mantenía a ese hombre, le llegó a comprar hasta su botella para tenerlo contento y no se le fuera. Luego nos empezó a decir mentiras.

Nos decía que ya estaba trabajando. Pero no era verdad. Nos decía que era un buen hombre que trataba a los hijos de mi hermana como si fueran de él. Que todo estaba muy bien.

Mi hermana llegaba a la casa de mi mamá, con el viejo como si nada. Pero yo notaba que mi sobrina ni se le acercaba y casi no hablaba con él.

Confía en alguien más

Un día que llegó mi sobrina a comer con nosotros, ya iba a cumplir 14 años. Yo la noté que caminaba muy raro. Le hablé para que fuéramos a mi recámara a platicar.

Le empecé a preguntar cosas de su casa, del viejo de su mamá y le pregunté de cómo la trataba su mamá; cuando la vi así, pensé que mi hermana le había pegado.

Estuvimos platicando un buen rato, la niña primero me contestaba con evasivas, me decía que no tenía nada o me decía que no pasaba nada que todo estaba bien.

Yo no le creía, porque cada vez que la niña tocaba el tema de su padrastro se ponía muy nerviosa.

Yo creo que mi sobrina ya no aguantó más y primero me dijo, que no le importaba si yo tampoco le creía, pero que por favor ya no la dejara irse a la casa de mi hermana.

Lo que me dijo me llenó de rabia, de coraje, de mucha desesperación.

La amarga experiencia

Yo ya no quiero estar en esa casa, desde que mi mamá se juntó con ese hombre mi vida ha sido un infierno. Cuando yo estaba chiquita, ya para salir de cuarto de primaria, ese viejo me empezó a agarrar.

Me acuerdo bien de que fue ya para salir de cuarto, porque yo le había dicho a mi mamá que si me regalaba una muñeca de regalo porque me había sacado puro 10.

Ella me dijo que no, porque tenía que guardar dinero para regalarle unos zapatos al viejo porque iba a ser su cumpleaños en julio.

Mi mamá se iba a trabajar, y llegaba como a las 3 de la tarde, yo salía de la escuela a la 1 y de ahí me iba a mi casa.

Mis hermanos no estaban en la casa; como uno estaba en la secundaria salía como a las 2 y el otro más chiquito lo recogía mi mamá de la guardería a las 3.

La primera vez que el viejo me agarró, yo llegué de la escuela y estaba ahí solo. Me quedé dormida.

Me desperté porque sentí que él me estaba tocando debajo de mi falda. Me asusté mucho y me quité. Él me dijo que me estaba quitando una araña que se me había subido, yo esa vez sí le creí.

Como el viejo ese no trabajaba, siempre que yo salía de la escuela ahí estaba solo, yo le empecé a tener miedo y me metía en mi cuarto, pero luego él también se empezó a meter en mi cuarto y me decía deja te acaricio el pelo.

Luego empezó a meterse en mi cuarto en la noche, aun cuando estaba mi mamá, se metía a mi cama y me empezaba a agarrar mi cuerpo, a mí me daba mucho miedo. Me quedaba como hecha piedra y no me podía mover del miedo.

Cuando entré a quinto, fue la cosa más horrible que me haya pasado, ese viejo se subió arriba de mí, yo sentía muy feo, me dolía mucho y yo quería gritar.

Pero no podía porque con su boca tapaba la mía. Sentía que me ahogaba y yo alcancé a ver a mi mamá que estaba en la puerta, yo pensé que me lo iba a quitar, pero se fue.

Su madre la ignora

Así fue mucho tiempo, él iba como cada mes o cada 2 o 3 meses a mi cuarto, yo le decía a mi mamá y ella me contestaba que eran puros cuentos míos, porque yo no quería al viejo.

Y sí es cierto, yo no lo quería ni lo quiero, pero yo no inventaba nada, sí me pasaba.

Una vez mi mamá hasta me pegó mucho, porque me gritaba que yo la odiaba, que inventaba todo eso para que su viejo se fuera.

Yo estaba muy triste porque no sabía qué hacer ni a quién decirle, porque me daba mucha vergüenza y yo pensaba que nadie me iba a creer, porque si mi mamá no me creía, nadie más me iba a creer.

La desesperanza de una niña

Yo me quería morir, ya no me daban ganas de ir a la escuela ni de sacarme 10, ni de comer, ni de bañarme.

Yo pensaba que si olía feo el viejo ese no se me iba a acercar, pero mi mamá me metía al baño a fuerzas.

Su tía le cree

Yo me animé a decirle a mi tía porque yo vi que ella se peleó con mi mamá por mí y porque mi tía quería que corriera a ese viejo de la casa.

Ella sí me creyó, yo quiero que ese viejo se quede para siempre en la cárcel, mi mamá me dice que diga que no es verdad, pero yo no voy a decir eso.

Los doctores vieron que sí me violaba y quiero que ahí se quede para que no le haga lo mismo, que me hizo a mí, a otras niñas.

Yo voy a vivir con mi tía, porque yo no quiero volver a ver a mi mamá y ojalá que mis hermanos se puedan venir a vivir conmigo.

Yo estoy segura de que mi mamá sí sabía lo que ese viejo me hacía, ella lo vio, y no me defendió, 4 años ella lo supo y no hizo nada, prefirió al viejo ese.

Los abusos en la familia reconstituida

Cuando se genera una desintegración del núcleo familiar por el abandono del padre, la madre se ve obligada a salir del hogar para ganar el sustento propio y de los menores.

Esto puede generar una situación que deja a los hijos desamparados y expuestos a un sinnúmero de peligros físicos y morales.

Cuando el lugar abandonado por el padre es tomado por otro hombre, quien se convierte en el padrastro del ya desorganizado hogar.

Y es que casi siempre es un pobre sustituto paterno, ya que ha sido aceptado como tal por la madre e hijos por razones materiales, algunas veces como un alivio económico y no como un elemento afectivo integral de la familia.

A su vez, el padrastro no muestra mayor interés en el bienestar de su nuevo hogar y sus razones para su nuevo papel casi siempre son producto de sus instintos insatisfechos.

Aún a veces con la esperanza de encontrar fácil manutención dentro de la familia. En estas situaciones de vulnerabilidad se gestan diversos tipos de abusos a los menores.

Diversos análisis indican que, la mayoría de los casos de abuso sexual contra los menores ocurren en espacios familiares, en entornos donde se supone deben ser cuidados y estar seguros.

En este ambiente, el abuso sexual contra los menores es una manifestación donde la agresión psicológica, físico y sexual se combinan con el abuso y el quiebre de las relaciones de confianza.

Es la destrucción de los tejidos de confianza y afecto lo que posiblemente causa más daño, y resulta tan o incluso más doloroso que las agresiones físicas, ya que profundizan el sentido de indefensión de las víctimas.

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