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21 de septiembre

21 de septiembre

Mi delito…que mi madre no me creyera

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Historia de Lobos.

Una niña de 14 años, acompañada por su tía, presentó una denuncia por el delito de violación en contra de su padrastro.

Ella fue violada por su padrastro desde que cursaba cuarto año de primaria; el sujeto aprovechaba las tardes cuando nadie estaba en casa para abusar de ella.

Su madre no la apoyaba y encontró consuelo en su tía, después de cuatro años de abuso, pudo poner fin a su pesadilla.

Reseña de la tía

Notaba muy extraña a la niña, la empecé a ver triste, eso fue desde que tenía 10 años.

Yo hablaba con mi hermana y le preguntaba qué pasaba con mi sobrina, ella me decía que era rebeldía nada más, que era porque mi sobrina no soportaba a su nuevo marido.

El papá de la niña abandonó a mi hermana para irse con otra mujer. Todos dicen que mi hermana lo trataba muy mal y que por eso él la dejó. Empezó a andar con este hombre y se encaprichó.

Es un hombre que a veces trabaja y a veces no. Mi hermana lo mantiene cuando no trabaja y dura hasta seis meses sin trabajo, porque dice que no encuentra trabajo, o a veces encuentra trabajo y dura nada más un mes trabajando, es muy inestable.

Más triste cada vez

Mi sobrina empezó a tener problemas en la escuela, no hacía la tarea y casi pierde quinto año. La maestra le dijo a mi hermana que algo no andaba bien con mi sobrina y mi misma hermana me dijo que mi sobrina se estaba haciendo pipí en la cama.

Yo le dije que sería bueno que la llevara con un psicólogo, pero ella dijo que no, que ya se le pasaría.

Mi hermana y yo empezamos a tener problemas porque yo le preguntaba en qué trabajaba su viejo y ella nada más me decía que no había encontrado trabajo.

Se molestaba cuando le hacía preguntas y poco a poco se alejaba de nosotros.

otros hermanos se molestaban porque mi hermana mantenía a ese hombre, le llegó a comprar hasta su botella para tenerlo contento y no se le fuera.

Luego nos empezó a decir mentiras; nos decía que ya estaba trabajando, pero no era verdad.

Nos decía que era un buen hombre que trataba a los hijos de mi hermana como si fueran de él. Que todo estaba muy bien.

Llegaba a la casa de mi mamá, con el viejo y como si nada, pero yo notaba que mi sobrina ni se le acercaba”.

Confía en alguien más

Un día que llegó mi sobrina a comer con nosotros, ya iba a cumplir 14 años, noté que caminaba como con las piernas un poco abiertas.

Le hablé para que fuéramos a mi recámara a platicar y le empecé a preguntar cosas de su casa, del viejo, de su mamá y le pregunté cómo la trataba su mamá; cuando la vi así pensé que mi hermana le había pegado.

Estuvimos platicando un largo rato, la niña me decía que no pasaba nada, que todo estaba bien, yo no le creía, porque cada vez que la niña tocaba el tema de su padrastro se ponía muy nerviosa.

Yo creo que mi sobrina ya no aguantó más y primero me dijo que no le importaba si yo tampoco le creía, pero que por favor ya no la dejara irse a la casa de mi hermana. Lo que me dijo me llenó de rabia, de coraje y de mucha desesperación.

La amarga experiencia

Yo ya no quiero estar en esa casa, desde que mi mamá se juntó con ese hombre mi vida ha sido un infierno.

Cuando yo estaba chiquita, ese viejo me empezó a agarrar, me acuerdo bien que fue para salir de cuarto, porque yo le había dicho a mi mamá que si me regalaba una muñeca de regalo porque me había sacado puro diez.

Ella me dijo que no, porque tenía que guardar dinero para regalarle unos zapatos al viejo porque iba a ser su cumpleaños en julio.

Mi mamá se iba a trabajar y llegaba como a las 3:00 de la tarde, yo salía de la escuela a la 1:00 y de ahí me iba a mi casa, mis hermanos no estaban en la casa; como uno estaba en la secundaria salía como a las 2:00 y el otro más chiquito lo recogía mi mamá de la guardería a las 3:00 de la tarde.

La primera vez que el viejo me agarró, yo llegué de la escuela y estaba ahí solo. Me dijo que me sentara en el sofá a ver la tele y yo me senté.

Me quedé dormida y me desperté porque sentí que él me estaba tocando debajo de mi falda. Me asusté mucho y me quité. Él me dijo que me estaba quitando una araña que se me había subido, esa vez yo sí le creí.

Como el viejo ese no trabajaba, siempre que yo salía de la escuela ahí estaba solo, yo le empecé a tener miedo y me metía a mi cuarto, pero luego él también se empezó a meter a mi cuarto, me decía deja te acaricio el pelo.

Luego empezó a meterse a mi cuarto en la noche; cuando estaba mi mamá, se metía a mi cama y me empezaba a agarrar mi cuerpo, a mí me daba mucho miedo, me quedaba como hecha piedra y no me podía mover del miedo.

Cuando entré a quinto, fue la cosa más horrible que me haya pasado, ese viejo se subió arriba de mí, yo sentía muy feo, me dolía mucho y yo quería gritar, pero no podía porque con su boca tapaba la mía.

Sentía que me ahogaba y yo alcancé a ver a mi mamá que estaba en la puerta, yo pensé que me lo iba a quitar, pero se fue.

Su madre la ignora

Así fue mucho tiempo, él iba como cada mes o cada dos o tres meses a mi cuarto, yo le decía a mi mamá y ella me contestaba que eran puros cuentos míos porque yo no quería al viejo.

Y sí es cierto, yo no lo quería ni lo quiero, pero yo no inventaba nada, sí me pasaban esas cosas.

Una vez mi mamá hasta me pegó, porque me gritaba que yo la odiaba, que inventaba todo eso para que su viejo se fuera.

Yo estaba muy triste porque no sabía qué hacer ni a quién decirle porque me daba mucha vergüenza, pensaba que nadie me iba a creer, porque si mi mamá no me creía, nadie más lo iba a hacer.

La desesperanza de una niña

Yo me quería morir, ya no me daban ganas de ir a la escuela, ni de sacarme 10, ni de comer, ni de bañarme; yo pensaba que si olía feo el viejo ese no se me iba a acercar, pero mi mamá me metía al baño a fuerzas.

Su tía le cree

Me animé a decirle a mi tía porque yo la vi que ella se peleó con mi mamá por mí, porque mi tía quería que corriera a ese viejo de la casa, ella si me creyó.

Yo quiero que ese viejo se quede para siempre en la cárcel, mi mamá me dice que diga que no es verdad, pero yo no voy a decir eso.

Los doctores vieron que sí me violaba y quiero que ahí se quede para que no le haga lo mismo a otras niñas.

Yo voy a vivir con mi tía porque yo no quiero volver a ver a mi mamá y ojalá que mis hermanos se puedan venir a vivir conmigo porque yo estoy segura que mi mamá sí sabía lo que ese viejo me hacía, ella lo vio, y no me defendió, cuatro años ella lo supo y no hizo nada, prefirió al viejo ese.

¿Cómo identificar agresión sexual?

No existe una manera de saber, a partir del tipo de personalidad o la conducta social, si una persona es o no un agresor sexual de niños, niñas y adolescentes.

Pueden ser personas exitosas, docentes, líderes religiosos y juveniles, personas cercanas, familiares, entre otros.

Los agresores sexuales circulan disimulados en el entorno familiar y social. Las estadísticas indican que la mayoría de los abusadores son varones heterosexuales adaptados socialmente.

Suelen presentarse a sí mismos como personas afectuosas y humanitarias hacia el mundo exterior, mientras que la relación que establecen con el niño abusado sexualmente está basada en amenazas, control e intimidación.

Habitualmente, el agresor establece a lo largo del tiempo una relación con el niño destinada a evitar su resistencia y pactar el secreto con el que intentará no ser descubierto.

Es importante mantener los ojos abiertos, estar siempre alertas, cuidar de nuestros sobrinos/as, hermanitas/os, alumnos/as, de nuestros hijos e hijas y de los hijos/as de nuestros amigos. Una vez ocurridas las cosas, con

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