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20 de septiembre

20 de septiembre

Mi delito… perder a mi mamá

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Historia de Lobos.

Los hechos…

Una familia conformada por la pareja y una pequeñita, se desintegró por el fallecimiento de la mamá.

Tiempo después, el padre rehace su vida con una mujer que también había perdido a su esposo; sin embargo, las cosas no marchaban bien.

La abuelita materna de la pequeña ahora de seis años; decide denunciar por violencia familiar en contra de su pequeña nieta, ya que sufría el maltrato físico y psicológico por parte de su madrastra.

La historia familiar de la menor

La niña nació en el año de 2008, fue hija única de ese matrimonio. A la edad de un año con tres meses la pequeña queda huérfana de madre; quien pereció víctima de cáncer a la edad de 38 años.

Su padre a los ocho meses de haber enviudado contrae matrimonio con la viuda de su hermano acaecido en un accidente automovilístico, adoptando a sus dos sobrinos de 14 y 13 años como hijos, procreando además a una niña.

En esta familia tan compleja, aparentemente integrada pero completamente disfuncional, la niña convivía con sus primos como si fueran hermanos.

Su madrastra algún día fue su tía, pero ahora compartía el cariño de su padre con una media hermana y no recordaba al ser que le dio la vida, de quien se refería como “su otra mamá”.

La denuncia

La abuelita relata que esta historia de maltrato físico y psicológico a su nieta provenía desde tres años antes, fecha en la que también interpuso una denuncia penal, por el delito de lesiones en contra del padre y la madrastra de la menor.

Así mismo, la abuelita promovió un juicio para solicitar la convivencia y en todo caso guardia y custodia de la menor, juicio que le resolvieron a su favor para convivir con la niñita todos los domingos de 11:00 de la mañana a siete de la tarde.

¿Cuál era el sufrimiento de la menor?

 “Cada domingo cuando llegaba mi nieta, la atendíamos, la cuidábamos, yo le daba calor de abuela,  mi nieta a veces llegaba maltratada y con golpes, yo reprendía a su padre y le llamaba la atención diciéndole que tuviera más cuidado con la niña, que él ya sabía quién la maltrataba porque mi nieta decía que era su madrastra quien la golpeaba, esto se lo decía a sus primos, y a otros niños de su edad, mi nieta también acusaba a su padre de darle cintarazos.

Ese domingo, mi nieta venía otra vez golpeada, yo le reclamé a su padre y él me respondió, que en mi casa era en donde se caía, mi pobrecita nieta traía en su carita unos moretes, pero después nos dimos cuenta de que su espaldita estaba toda morada, toda golpeada.

Yo ya no pude más, le hablé al Juez Comunitario y él estuvo platicando con la niña, le dijo que la persona que la cuidaba la había golpeado, el juez le preguntó que si una sirvienta y mi nieta le dijo que no, que su madrastra.

El juez le sacó fotografías a mi nieta para que se vieran las lesiones y le pidió al director del Centro de Salud que le sacaran un certificado médico, ese certificado decía que mi nieta presentaba lesiones que correspondían a maltrato infantil; se presentó todo eso en el Ministerio Público y otras fotografías de la niña desde que tenía dos años en las que se ve todo el maltrato que sufrió.

Cuando mi hija murió, al padre de mi nieta le correspondió una fracción de un terreno de riego que inmediatamente vendió en 50 mil dólares y yo creo que todo se lo mal gastó porque solo compró una casa que nunca valdría 500 mil pesos.

A mi nieta le tocó un local comercial, del cual su padre recibía una renta de 5 mil 600 pesos, con ese dinero el mantenía a toda su familia; nunca le guardó su dinero a mi nieta.

A las tres semanas de que mi nieta llegara toda maltratada, llegó con una quemadura en su mano, el médico dijo que era de segundo grado.

Su padre, en su declaración, me culpó a mí, diciendo que yo le había dado un medicamento que le causaba alergia y hongos en esa mano y que no era una quemadura sino hongos infectados.

Yo veía a mi nieta triste, demacrada como anémica, hasta la maestra de la escuela se daba cuenta del maltrato.

Mi nieta le robaba los lonches a sus compañeros porque tenía hambre, no sabe cómo me duele eso.

Se le veía el miedo, cuando le preguntábamos delante de ellos que le pasaba mi nieta lloraba y simplemente se la llevaban.

La narración de la niña

Al momento de platicar con la niñita, aparentemente se encontraba tranquila, al hablar de su maestra lo hacía con mucho ánimo, “mi maestra es muy buena, ya me enseñó a leer y escribir y ya sé contar hasta más de cien”.

Al tocar el tema de su familia la niñita mencionó “mi hermanita es muy consentida por eso nos peleamos, yo soy la consentida de mi papi lo quiero mucho…ella es la señora que me cuida, es mi mamá, yo tengo otra mamá, está en el cielo, ella si era buena pero no me acuerdo de ella. A mí me dicen que tengo otra mamá… tengo otros hermanos más grandes que también son mis primos, ellos me cuidan y me dan de comer… también me defiende de…”; en ese momento la menor cambió su actitud a tensa y no continuó, se le preguntó que de quién la defendían sus hermanos y solo movía su cabeza en señal de negación. Yo tengo un defecto en los pies y siempre me caigo, es que los tengo planos y por eso me caigo y me caigo, yo nunca me he quemado, ni mi mamá me ha quemado, ni me ha pegado, ni mi papá me pega, yo juego al tope borrego con mi hermanita, estos (moretones) me los hizo con su cabeza.

En ese momento la niña comenzó a mostrar demasiada ansiedad, su semblante se tornó a triste y mostraba mucha confusión, contestaba cortantemente y trataba de desviar la conversación a otros temas, se evadía en la ventana, por lo que ya no le pregunté nada y procedo a aplicar una prueba psicológica especialmente diseñada para niños y en las que se proyecta la relación con la familia mediante la observación de escenas familiares en unas láminas a las cuales el niño debe inventar una historia.

En la mayoría la menor refería a una mamá mala, que pegaba, que regañaba, siempre relataba a una niña con miedo, escondida, ofendida; el padre se veía ausente y sin autoridad.

Todo esto trajo consecuencias graves a la familia ya que la niña sufría directamente maltrato infantil físico y psicológico, sus hermanos vivían esta violencia a través de ella, por lo que también sufrían, sus padres recibieron el castigo que marca la ley.

Maltrato infantil

El maltrato infantil se define como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil. (OMS)

Resulta evidente que las consecuencias de estos abusos pueden ser graves para los niños. Además de las secuelas físicas producto de las agresiones recibidas, el aspecto psicológico es también significativo, dado que el maltrato comúnmente produce en los menores sentimientos de tristeza, impotencia y miedo que derivan en inseguridad, dificultades actuales en distintas áreas de desarrollo y disminución de sus potencialidades futuras, además de la posibilidad de perpetuar el modelo violento en generaciones venideras (Ortega, Balbuena y Ampudia 2006; Ampudia 2007).

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