Mi delito… No saber ser hombre

El abuso de alcohol, el mal carácter y la frustración hacen una combinación peligrosa. Después de tocar fondo, sentir la soledad y el desprecio de quienes lo único que recibieron de él, fueron maltratos y golpes cuando en su momento les debía cuidado y protección. Ahora se arrepiente, quisiera regresar el tiempo y no haber … Leer más


Historia de Lobos.

El abuso de alcohol, el mal carácter y la frustración hacen una combinación peligrosa.

Después de tocar fondo, sentir la soledad y el desprecio de quienes lo único que recibieron de él, fueron maltratos y golpes cuando en su momento les debía cuidado y protección. Ahora se arrepiente, quisiera regresar el tiempo y no haber sido quien fue.

Esta es la historia de un hombre que perdió a su familia, que su carácter indomable y alcoholismo lo llevaron a quedar solo y enfermo.

Su historia

Yo trabajaba en la mina y venía cada mes a ver a la familia, llegaba contento, traía dinero y lo primero que hacía era encargar una botella de alcohol y mis cigarros. Mandaba a mi hijo el más grande, nos conocían en el super, por eso le vendían. Mi hijo estaba chiquillo andaría como en los 8 o 9 años.

Cuando llegaba, lo primero que hacía la vieja era empezar a darme las quejas y a pedir dinero para pagar las deudas, como estaba en una mina y no había manera de mandar dinero ella se las entendía cómo podía. Así que las drogas se acumulaban. Me daba mucho coraje que no preguntaran cómo me había ido. Se iban directo a pedir dinero. Que si para zapatos, que si la escuela, la comida, para todo, nada más pidiendo dinero.

Yo quería que ella estuviera contenta de verme y que se pusiera a tomar conmigo, como otras viejas con sus maridos. A ella no le gustaba tomar.

Celos

Tuvimos tres hijos, pero yo tuve una hija por ahí, en donde trabajaba. Cuando uno anda de canijo se le figura que la mujer de uno también anda y yo a mi esposa la veía guapa. Se me hacía que los hombres la buscaban y como ella estaba sola yo creía que sí les daba entrada. Luego viene la familia de uno a meter su cuchara donde no les importa y le calientan a uno la cabeza, que si anda de loca, que si mis hijos no son míos, que si la vieron platicando por ahí. Ya sabe, puras estupideces que uno cree.

Ya punto borracho uno trae ganas de estar con su mujer, pero ella nomás con sus reclamos se hacía la enojada y no quería cumplir como esposa y ahí es donde se desataba la bestia. Que va a pensar uno, si lo rechazan como hombre, lo más seguro es que ya tenía otro que le cumplía y yo se lo echaba en cara. Ella me decía que no pero no le creía, se me venían las palabras de mis carnales de que la veían hablando con otros.

Las golpizas

Hace 30 años, eso de la ley contra la violencia doméstica no existía. Uno era dueño de la mujer. Los hijos no tenían ni porque andar abriendo la boca. Yo no sé ni porque le da a uno tanto coraje. Nomás imagínese a un hombre celoso, enojado y con ganas; me convertía en el mismísimo demonio.

Lo primero a darle en la cara de cachetadas y a decirle toda la retahíla de insultos mientras más ofensivos me salieran mejor. Luego se ponía a gritar pidiendo auxilio, no se daba cuenta de que mientras más gritaba más me calentaba y más le pegaba. Yo no sé si lo hacen a propósito para que uno se enoje o qué, pero parecía retarme, le decía cállate y ella más gritaba, que no se iba  a callar.

Seguían los golpes, la agarraba con una mano y con la otra le pegaba como si fuera un costal de box. Me acuerdo que cuidaba mucho de no pasarme para no mandarla al hospital.

Al principio cuando los niños estaban chiquillos no se metían nomás chillaban asustados, pero yo les gritaba que se callaran y con eso tenían.

Cuando ya me cansaba o me descargaba todo, me entraba como el remordimiento de verla como estaba toda moretoneada, llore y llore ya en silencio. Y yo me acercaba a pedirle perdón me le hincaba y le juraba que no iba a volver a pasar. Mis palabras eran “perdóname, no sé qué me pasó, te juro que no volverá a pasar, es que vengo muy estresado de la mina”. Me hacía la víctima de todo lo malo y terminaba diciéndole que la amaba y ella cedía y me cumplía como esposa.

Cada vez peor

Así era cada vez que regresaba de la mina. Los niños fueron creciendo y cuando escuchaban a la media noche el pleito, bajaban a defender a su mamá. Entonces ya no eran nomás los gritos míos y los gritos de auxilio de su madre. Si no los chillidos de los niños, que luego se convirtió en que llegaran hasta pegarme para que soltara a su madre y mi ira se traspasaba a ellos. Mis hijos sufrieron peor que su madre, al mayorcito una vez lo agarré del cuello pero de la ropita, lo levanté en peso y lo aventé contra la pared, pensé que lo había matado. Gracias a Dios se levantó, ese día me juró que jamás me iba a volver a hablar. Me lo cumplió.

Lo peor fue cuando mi hijo el de en medio, se metió justo cuando le iba a dar con la mano a su mamá y le tocó a él, casi se me muere mi hijo porque fue a dar a un ventanal que se rompió con el golpe y los vidrios casi me lo matan. Lo malo es que no entendí, no me podía controlar, no me justifico, pero no podía controlarme.

Cada vez que venía me estaba más de un mes aquí o a veces más. Vivíamos con lo que traía de dinero. Cuando se empezaba a terminar iba vendiendo cosas de la casa para seguir tomando y poderme ir. Siempre me iba sin dejarles dinero, mi vieja se ponía a vender avón para sacarlos adelante.

Me denunciaron

A mi hijo lo quemé con un cigarro porque lo mandé a comprar mi botella y se le cayó. Yo estaba furioso, enardecido quería matarlo es la realidad. Le queme las manos para que entendiera. Mi hijo el más grande iba llegando de la escuela y me vio hacerle eso. Me golpeó con su mochila y se lo llevó.

Supe que fue a poner una denuncia, eso fue cuando estaba la procuraduría ahí por el bulevar. No le hicieron caso, yo supe porque una hermana mía me dijo que lo vio salir de ahí con el niño y mi hijo le dijo lo que había pasado. Me entró como el demonio los esperé y en cuanto llegaron me quité el cinto y les di. Yo culpaba a su madre porque ella no sabía educarlos, a ella también le fue muy mal. Nunca me hablaron de ahí ni nada. Me acuerdo bien de que fue para un diciembre.

Me abandonaron

La última vez que los vi fue la última vez que los golpeé. Para la navidad a mí me gustaba que me atendieran y que se hiciera la cena y estar con la familia. Mi vieja no sabía cocinar como a mí me gustaba, por eso también eran los problemas. Ese día estaba haciendo tamales. Y yo le decía que se tomara unas cubitas conmigo. Ella no quería y me empezó a hacer enojar. Rompí todos los trastes de la cocina y los niños estaban muy asustados. Me decían “ya no papito, por favor ya no te enojes, es navidad”, yo les pegaba en donde fuera. Ya cuando me calmé me encerré con mi mujer, estaba muy sentida conmigo. Fue pleito de toda la noche, yo quería abrazarla y estar con ella, pero no quería, la forzé. Ella gritaba que ya no, que la dejara y los niños nos vieron. Fue algo muy vergonzoso y doloroso. Esa fue la última navidad que pasamos juntos. Al día siguiente yo me fui a la casa de un hermano, para el recalentado. Para cuando regresé en la noche ya no estaban. Me fui rápido a que vinieran a dar fe de que era abandono de hogar. Yo seguía en mi rollo de hombre herido, tenía coraje y lo único que quería es que regresaran para que me las pagaran.

No volvieron, me dejaron solo, pasaron los años y mi hijo el mayor me cumplió. Hasta la fecha no me ha vuelto a hablar, los otros más chicos sí me han venido a ver, pero se acercaron cuando supieron que me enfermé del hígado. No me procuran seguido, ni siquiera supieron que me atropellaron en el bulevar. La otra mujer desde ahí también me abandonó, porque quedé chueco de la cadera. Yo seguí metido en mis cosas, mi único compañero, el alcohol. Me siento muy solo, viejo, no conozco ya a mis hijos. No sé qué me espera. Sé que todo esto es mi culpa, que estoy cosechando lo que sembré, pero quiero pedirles perdón sé que sabrán quien soy. Si leen esto, por favor perdónenme.

Consecuencias de sufrir violencia familiar

El daño que causa la violencia va mucho más allá del daño físico. La violencia provoca depresión, ansiedad y otros trastornos de salud mental. También contribuye a la aparición de cáncer, enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares y hasta VIH/sida, pues las víctimas de la violencia a menudo tratan de hacer frente a sus experiencias traumáticas adoptando comportamientos de riesgo, como consumir tabaco, alcohol y drogas, así como con prácticas sexuales de riesgo. En ese sentido también, la violencia puede provocar una muerte temprana o mala salud durante toda la vida.

Cuando se ponen en perspectiva esas consecuencias sanitarias considerando el gran número de personas afectadas, se empieza a descubrir la enormidad del problema. Por ejemplo, una quinta parte de las niñas han sido víctimas de abusos sexuales; una cuarta parte de los niños han sido maltratados físicamente, y una tercera parte de las mujeres han sufrido, en algún momento de su vida, violencia física o sexual por parte de su pareja.