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Mi delito… evadir la realidad

Mi delito… evadir la realidad

Ivonne Nava García

   |  18 octubre, 2020

Historia de Lobos.

Los delitos que cometen los adolescentes, quizá no hayan aumentado en número, desgraciadamente lo que ha crecido es la violencia con la que cometen los delitos.

La grave carencia de afecto en la infancia, el abandono emocional, así como el físico, el grave sufrimiento en la niñez, entre otras omisiones lleva a que algunos jóvenes no desarrollen un juicio empático con sus semejantes. Algunos otros buscan evadirse de su realidad realizando conductas autodestructivas lo que conlleva una serie de problemas que ocasionan o, que terminen presos o muertos.

En esta historia, una jovencita de escasos 17 años que proviene de un ambiente familiar
comprometido, se inmiscuye en problemas de drogas, conoce a un sujeto mayor que ella, que la involucra en un delito de graves consecuencias.

El inicio

Yo no estudié más que la primaria. Trabajaba como empleada de intendencia. No me iba mal, porque luego les hacía mandados y me daban propinas. Yo no vivía con mis papás, me fui de la casa cuando tenía 9 años y vivía con una señora a la que yo le decía tía, pero no era mi familiar. Con ella me fui porque mi mamá era su amiga y como quien dice me recogió. Ella no me pudo dar estudios, pero si me apoyó para que tuviera donde vivir y que comer.

Casi no veía a mí mamá y yo me engreí más con mi tía. Antes ya había vivido con otra  señora porque mi mamá se dedicaba a trabajar como mesera en un bar de por el Orito y casi  ni me ponía atención.

En el ambiente en donde yo crecí, solo veía vicios, borrachos y marihuanos. Faltaba de todo, pero con mi tía encontré un refugio. Ella me enseñó a trabajar y tenía mi trabajo decente.

Me enamoré

Lo conocí cuando fue a hacer un trabajo en el lugar en donde yo trabajaba. Él es más grande que yo. Estaba muy feliz porque él para mí era lo máximo. Hablábamos de casarnos de tener nuestros hijos y formar una familia. Él iba por mí todos los días a mi trabajo y de ahí nos íbamos a dar la vuelta. Yo estaba muy enamorada y feliz.

Tomaba mucho

A él le gustaba tomar mucho y también se drogaba. De primero yo no quería, pero me decía que cómo era gacha, que lo dejaba solo, que me tomara una. Así empecé.

Tomábamos casi diario y yo lo empecé a ver que se drogaba. Al principio no me quería decir, pero luego como que le empezó a valer y ya se drogaba enfrente de mí.

No me gustaba y le decía que para que lo hacía y él me decía que se sentía muy bien. Que se daba unos viajes muy suaves y que sentía como flotaba. Que lo hacía para olvidarse de sus problemas y decía que también para olvidarse de la miseria en la que vivía. Luego me decía que por eso no nos podíamos casar porque no había dinero y que con íbamos a mantener a nuestros chavitos.

Me convenció

Un día me dijo que la probara y me convenció. Si tenía miedo, pero lo hice por él y me dio marihuana. Sentí muy feo, me mareé y empecé a sentir mucho calor, pero luego me entró mucha relajación. Me gustó, sentía que le daba gusto a él. Seguíamos en lo mismo. Nos íbamos a dar la vuelta y terminábamos tomando y drogándonos. Con él también probé la cocaína y la heroína solo una vez.

Desesperación

Cuando no tenía para droga andaba como desesperado, yo no me sentía mal si no la usaba. A parte de eso nos llevábamos muy bien y nos queríamos mucho. Como ya tenía relaciones sexuales con él me daba miedo quedar embarazada, de repente ya no quería meterme drogas.

Él si quería y me decía que si las usara porque le gustaba más estar conmigo. Un día tuve un retraso y eso cambió todo. Le dije a él que no me había bajado que creía que estaba embarazada. Según mis cuentas tenía como dos meses que no me bajaba.

Él se desesperó mucho y andaba como enojado, decía que no teníamos dinero para casarnos ni para tener un bebé.

Ideas

Poco después de eso me dijo que teníamos que hacer algo, le dije que sí. Para ese tiempo yo ya estaba muy metida en las drogas, me metía marihuana, casi diario.

Él me había metido muchas ideas en la cabeza y yo le hacía caso en todo. Para mí él tenía la razón de todo. Me dijo que sería bueno que nos robáramos un carro y que si lo vendíamos de ahí sacábamos para casarnos y para el bebé. De primero a mí me daba como miedo. Pero él me decía que deberíamos estar juntos en todo.

Platicábamos de cómo le haríamos, primero pensamos que en un estacionamiento de un centro comercial. Decíamos que si le robábamos a una señora rica ni le pasaría nada, porque el seguro le pagaba su carro y nosotros nos hacíamos de ese dinero que nos hacía falta.

Ya teníamos todo planeado, pero me dijo que necesitábamos una pistola, que él iba a ver la manera de conseguirla, porque sin pistola ni nos iban a tener miedo.

Me acordé de que en el ropero del esposo de mi tía yo había visto una pistola, porque
el esposo de mi tía es velador y de su trabajo le daban esa pistola.

Yo no le había dicho nada de la pistola a mi novio hasta que la tuviera, pero como lo vi desesperado porque no conseguía una, le dije y el me empezó a decir que la agarrara que era nuestra oportunidad. Me esperé para que mi tío saliera de su trabajo y que fuera su descanso para que no la fuera a echar de menos.

El día del delito

Era en la tarde, mi novio ya sabía lo de la pistola, de hecho, él ya la tenía, yo se la había dado. Estuvimos en un parque platicando de lo que haríamos y sólo queríamos robarnos un carro y venderlo. Fumamos marihuana y nos fuimos caminando.

En un estacionamiento  estaba una señora en su carro.  Como que estaba esperando a alguien. La vimos y mi novio dijo ahora es cuando. El carro se veía muy nuevo y sabíamos que si era caro. Me dijo pregúntale la hora para distraerla.

Me acerqué y le pregunté la hora, ella me la dijo, eran las 5:00 pasadas de la tarde. Luego le apunté con la pistola y se acercó mi novio.

Le gritó que se subiera al asiento de atrás y yo me subí con ella. Mi novio se subió para manejar y le dio al carro.

Yo iba muy asustada y la señora también y nos decía que no le fuéramos a hacer nada. Yo no entendía porque mi novio le dijo que se subiera al mismo carro y luego le dio. Yo pensaba que mejor la hubiéramos dejado ahí.

La señora nos decía que nos lleváramos el carro que la dejáramos que estaba esperando a unos niños. Mi novio se enojó y me dijo que la callara y yo le pegaba en la cara y le decía que se callara.

Carretera

Agarramos la salida de Zacatecas, yo no sabía para dónde íbamos. Le dio como para una carretera solitaria y se detuvo. Bajó a la señora y le dijo que se fuera, le disparó una vez y no le dio, la señora volteó y mi novio volvió a dispararle, yo vi que le dio en la cabeza y la señora se cayó.

Yo estaba muy asustada y le decía que porque le había disparado, él dijo que para que no nos reconociera y le volvió a dar rumbo a otra carretera. Iba muy rápido y se fue haciendo de noche.

Alta velocidad

Yo no sabía que iba a pasar y pensaba en esa señora. Cuando pasó  todo andábamos muy drogados, pero aun así yo no dejaba de pensar en esa señora.

Mi novio iba rápido, ya era de madrugada y en unos topes de un rancho mi novio no le bajó la velocidad y nos detuvo una patrulla de federales. Le pidieron papeles del carro y su licencia.

El federal empezó a sospechar porque mi novio no sabía en donde estaban los papeles y tampoco traía licencia. Nos dijeron que iban a checar algo y resultó que el carro ya tenía reporte de robo y nos detuvieron.

Delitos

La señora no se murió. Quedó herida de su cabeza, pero se pudo levantar, caminó por la carretera hasta que encontró ayuda y la llevaron al hospital. Su familia la estaba buscando y cuando supieron todo pusieron la denuncia por eso  nos detuvieron.

Resultó que yo ni estaba embarazada. Cuando él declaró me quiso echar toda la culpa a mí de que yo había disparado y eso.

Me decepcionó mucho y me di cuenta de que nada más me usaba. Ahora yo tendré que pasar mi juventud presa. Me arrepiento  mucho por todo lo que hice. Y me
alegro mucho de que la señora no se muriera.

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