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27 de octubre

27 de octubre

Mi delito… estar asustada

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Historia de Lobos.

La historia de las mujeres en prisión, sentenciadas por delitos en contra de la salud es una situación que prevalece. No importa edad ni condición social.

Este caso es el de una mujer dedicada a sus hijos y a subsistir de su negocio propio, pero las circunstancias la llevaron a estar presa y a su decir, a culparse de un delito que no cometió por salvar a su hijo de la prisión.

¿Quién es ella?

Tiene 45 años y sólo estudio la secundaria, es la cuarta hija de nueve hermanos. Sus padres a la fecha tienen alrededor de 75 años de edad.

Es una mujer delgada, muy pálida, usa el cabello escuro, recogido hacia atrás, viste ropa sencilla, pero su arreglo y combinación denota que se viste por estar vestida. Aparenta más edad de la que tiene y su estado de ánimo proyecta un gran pesar.

Una vida de desamor

Mi vida no ha sido fácil, a los 17 años tuve una relación de noviazgo que duró siete años y terminó al momento de quedar embarazada de mi primer hijo. El ahorita tiene 21 años.

Yo tuve muchos problemas con el padre de mi hijo al no querer reconocer su paternidad y asumir su responsabilidad.

A pesar de que mis padres en un inicio se molestaron por este hecho, siempre recibí apoyo moral y económico de parte de ellos”.

Fui padre y madre

“Yo por mi parte asumí los roles de padre y madre hacia mi hijo. Yo trabajaba en el negocio familiar, ahí en la panadería.

El padre en ningún momento durante el crecimiento y desarrollo de mi hijo trató de tener un acercamiento. Siendo hasta la actualidad y porque mi hijo se encuentra preso por el mismo delito que yo, es que este hombre ha mostrado interés.

Tiempo después conocí a otro hombre y yo creí que él si era bueno, me embaracé nuevamente, pero resultó que no perduró debido a que a él es un tipo conflictivo, inestable y celoso.

Por eso decidí terminar la relación a pesar de estar embarazada de mi segundo hijo. Esa parte de mi vida ha sido muy difícil, yo soy una mamá sola y así me las tengo que arreglar”.

Me encuentro enferma

Estoy enferma, padezco presión arterial baja y gastritis. Desde que mi detención e internamiento en el Cereso comencé a sentirme mal de muchas cosas y a estar deprimida, por lo que el personal médico psiquiátrico de aquí me recetó en un inicio Clonazepam, me tranquiliza, al menos puedo dormir”.

El día que nos detuvieron

“Eran las 7:30 de la tarde cuando llegó mi hijo a la farmacia y le dije “vino Roberto, me dejó la receta, aquí están las pastillas”, pero cuando ya se iba me dijo que quería otra caja y le dije que estaba bien.

Le dije “si viene Roberto nada más me pidió una y me dejó una receta pero si te trae otra receta le das otra caja de pastillas (controladas), si no, nada más una” y él me dijo “sí mamá”, me salí de la farmacia y me fui con una vecina”.

Me gritaban que algo pasaba

“A los 10 minutos me gritaron que me hablaban y les dije que ahí iba, me vuelven a gritar y salí de inmediato, mi hijo que estaba entre dos personas con una expresión que nunca le había visto me estaba esperando enfrente.

Me fui hacia él y me detuvieron, yo volteé y le dije “joven que pasa”, y me dijo “cállate el hocico, no nos faltes al respeto”, subieron primero a mi hijo y me dijo uno “ahora si ya te cargo tu pinche madre”, y le pregunté que habíamos hecho mi hijo y yo y ese hombre, me dijo que si yo no decía que vendía “eso” nunca iba a ver a mi hijo, que iba a estar de 15 a 20 años encerrada”.

Me amenazaban

“Cuando nos subimos al carro, el mentado comandante me dijo “ya vez por no cooperar”, nos llevaron a la ministerial y hablaron con alguien que venía con el que mi hijo le entregó las pastillas en la farmacia (Roberto).

Cuando nos bajaron me dijo “ya vez por no cooperar te va a cargar la chingada y ya sabes, si no dices que tu traías las pastillas ya sabes lo que le va a pasar a tu hijo”, y yo le dije que a mi hijo no le hicieran nada, no nos dejaron hablar con nadie”.

Me gritaban y yo sentía pánico

“Nos llevaron como animales al matadero y a la persona que detuvieron con nosotros (Roberto) lo metieron y tuvieron mucha comunicación con él.

Los ministeriales le dijeron “tú no te apures tu declárate adicto y sales al rato o mañana”.

En todo momento me hablaban a gritos y con groserías. Metieron el carro de reversa para subirnos y cuando íbamos ahí me dijeron “te va a llevar la chingada si no declaras que tu vendías las pastillas”… ellos dicen que yo traía una caja de pastillas, que me las saqué de la bolsa del pantalón y se las entregué y yo vi la caja en el juzgado y estaba íntegra yo no les pregunté que pastillas”.

También a mi hijo lo amenazaban

“Yo me di cuenta que golpearon a mi hijo cuando estábamos en la ministerial, le hablé a mi hijo y le pregunté “¿cómo estás mijo?”, solo dijo que bien, pero lo oía que lloraba y me decía que no tenía nada.

Cuando fuimos a declarar me di cuenta de que también a mijo lo habían amenazado con hacerme algo a mi si no declaraba lo que le ordenaban y me dijo “mamá me pegaron”.

Fueron tres días en la ministerial, no comimos ni dormimos, ahí les dejamos su comida; cuando mi hijo me dijo que lo habían golpeado ya no me quiso decir nada”.

Me decían que cooperara

“Antes de traernos se oían dos que eran chilangos con unas hojas de máquina en la mano, fueron primero conmigo y me dijeron “a ver señora queremos saber cómo pasaron las cosas” y yo les respondí “mire señor yo ya di mi declaración no tengo porque dar más” y me respondió “ya vez por no cooperar te va a llevar tu chingada madre, eso te pasa por no cooperar, si cooperaras ya hubieras salido pero como no quieres hablar ya te dije que te va a llevar la chingada”.

Se fueron con mi hijo y yo les dije que él no tenía nada que declarar y me gritó “usted cállese no tiene por qué hablar por él”; mi hijo les contestó que ya había declarado y cuando iban por el pasillo dijo: no estos hijos de la chingada no quisieron hablar.

Ya cuando nos traían para acá, cuando se pararon a dejar a mi hijo me dijo el ministerial “¿cuántos años tienes?”, respondí que 45 años y solo contestó que cuando salga de aquí, no voy a servir ni pal perro”.

Gente muy fría, ni siquiera nos volteaban a ver

“Yo pensaba en ese momento cuando me detuvieron a mijo y a mi, que era injusto esto, yo recuerdo que dije “si, sí las conozco y sí las vendía pero es cierto yo trabajaba en una farmacia como nos las iba a conocer”.

Estaba un disque licenciado y luego una licenciada que estaba sentada al otro lado mío muy cruzada de piernas y no dijo palabras conmigo, si me la ponen en frente no sé ni quien es, la siguiente declaración fue en el juzgado pero no me acuerdo cuanto tiempo había pasado yo estaba igual solo pensaba que no le hicieran nada a mijo”.

Me culpé de todo para librar a mi hijo

“Yo me eché la culpa por defender a mijo porque yo sabía que lo habían amenazado y golpeado… recordar cómo nos detuvieron es lo que más daño me ha hecho, no puedo olvidar las caras de esas personas cuando los vi.

En el juzgado les dije véanme a la cara, digan la verdad, digan como pasaron las cosas, se están llevando a una familia, yo solo les pido que digan la verdad, pero ellos no decían nada solo se agachaban y jugaba uno con sus lentes.

El comandante fue el que golpeó a mi hijo, él me dijo quién era… mi hijo nunca me dio problemas y estoy orgullosa de él porque hasta ahorita no ha agarrado ningún vicio…

Aquí sigue mi hijo, a mí me liberaron, pero mi hijo tendrá que cumplir la condena mía, somos inocentes, no sé porque nos hicieron esto, pero yo no descansaré hasta ver a mi hijo libre otra vez”.

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