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Mi delito… descubrir su engaño

Mi delito… descubrir su engaño

Ivonne Nava García

   |  25 octubre, 2020

Historia de Lobos.

Desgraciadamente la figura del matrimonio en esta época es muy poco valorada. La tasa de divorcios aumenta considerablemente, así como la tasa de personas que deciden vivir en unión libre por la facilidad de separarse en caso de que “las cosas no funcionen”. Dentro de los matrimonios, la disolución se da por diversas causas, siendo la infidelidad una constante, entre otras causas.

Pero ¿la infidelidad con una persona del mismo sexo, será más grave? En esta historia una mujer descubre lo que ella llama “la peor pesadilla de su vida”, ya que descubre a su esposo en una situación muy comprometedora con su mejor amigo. La rabia y el dolor la orillan a vengarse a través de sus hijos. Impidiéndole verlos por temor a que supieran sus preferencias.

Todo marchaba “normal”

Fuimos un matrimonio normal. Yo nunca me pude imaginar que el fuera capaz de eso, menos que durante tanto tiempo hubiera ocultado tan bien una doble vida de esa magnitud.

Uno se imagina a los hombres que les gustan los hombres, que son muy afeminados o que se visten de mujeres, pero la verdad no es así. Menos me podría haber imaginado que mi marido me fuera a engañar con un hombre.

Hicimos una vida normal como un matrimonio. Tuvimos dos hijos, una niña y un niño. Compramos una casa a crédito y la estábamos pagando. El trabajaba prácticamente todo el día.

Trabajo en otra ciudad

Cuando cumplimos 5 años de matrimonio, consiguió un trabajo en un municipio de San Luis Potosí. Trabajaba siete días a la semana y descansaba siete. La verdad no me gustaba mucho ese trabajo, pero me agradaba que él estuviera toda una semana con nosotros.

Para ese tiempo, empecé a notar que se arreglaba más, iba al gimnasio y hasta
cambió de loción. Me decía que era porque le iba mejor y le alcanzaba para comprarse mejores cosas. Del gimnasio me dijo que en ese rancho no había mucho que hacer y que por eso se metió.

También me decía que sus amigos lo invitaban a salir a tomarse unas cervezas pero que él prefería no salir para no tener problemas conmigo. Yo no le creía mucho pero tampoco lo molestaba por eso. De repente empecé a notar que compraba ropa muy pegada al cuerpo y le decía que si no le parecía que era muy juvenil. Me contestó que apenas tenía 34 años que no tenía nada de malo.

Redes sociales

Aparentemente internet une personas, pero también desune familias. Cada vez más se la pasaba pegado a su laptop. Llegaba del trabajo y la semana que estaba con nosotros, la pasaba la mayor parte del tiempo en la computadora. Me decía que trabajando.

Lo cierto es que empecé a notar que chateaba mucho. En su cuenta de Facebook
me tenía con acceso restringido y cuando le reclamé modificó eso.

Tiempo después descubrí que abrió otra cuenta y que inclusive puso su foto de perfil, porque se hizo amigo a él mismo y a mí me salió como sugerencia.

Le reclamé de inmediato y me dijo que esa cuenta era antigua y que no tenía la contraseña. Pero estuve viendo sus contactos y las páginas que le gustaban y la verdad me decepcioné mucho. Eran páginas de contenidos muy vulgares, de parejas gay y de modelos. Me saqué mucho de onda, le pregunté y me dijo que seguramente se la habían jaqueado.

La perdió

Para mi suerte, perdió su laptop y estuvo usando la mía. No podía creer todas las páginas que buscaba pero sobre todo la clase de páginas que frecuentaba. Tenía cuentas en varias páginas de búsqueda de parejas y en ellas tenía su foto de perfil.

Empecé a darme cuenta de la clase de persona que era, pero aun así me quedaba la duda. No podía creerlo. Yo tenía configurada mi computadora para que guardara las contraseñas y en una página que visitó, se quedó la conversación guardada. De ahí me quedó la sospecha y cuando se metió a bañar la verdad me puse a revisar su celular. Encontré mensajes muy raros de tres números y los anoté. No decían nada explicito, pero parecían como mensajes de una novia y a la vez de un amigo.

Lo descubrió

Estaba muy absorta leyendo sus mensajes cuando salió de bañar. Casi pegó un brinco desde el baño hasta donde estaba y me arrebató el celular.

Se enojó muchísimo, me lo quitó y me gritó que era de lo peor, que me había
perdido la confianza para siempre.

Se dio la vuelta y me fijé que traía rasguños en la espalda. Lo confronté, tuvimos
una discusión muy fea y me dijo que se los había hecho en unos “jarales”. De ahí mi corazón me decía que me estaba engañando.

Poco tiempo después borró todo de ese teléfono, llamada que hacía era la misma que borraba y solo tenía muy pocos contactos.

Llamó

Llamé a los números que había descubierto, para saber a quién pertenecían. En dos me contestaron hombres y en el último una mujer. Resultó que ella era su jefa, según él y de los hombres no me preocupé, pero seguía presintiendo algo muy feo. No estaba en paz.

Desengaño muy doloroso

El niño más pequeño para ese tiempo tenía 4 años. Iba a ser su cumpleaños 5. Ese día estaba mi marido en casa, acababa de llegar de descanso. Tenía que ir al Centro a comprar algunas cosas para la fiesta del niño.

Le dije que nos acompañara, me preguntó cuánto me tardaría y le dije que como cuatro horas.

Me dijo que estaba muy cansado y que mejor nos esperaba. Le dije que si le dejaba al niño para no batallar tanto pero no quiso. Yo le había dicho a mi esposo que llegaría como a las 8:00 de la noche, pero estando en el Centro el niño se sintió mal. Me decía que le dolía su garganta y mejor nos regresamos.

Le iba a avisar a mi esposo pero no quise molestarlo, porque pensé que estaría dormido. Cuando llegué a la casa me llamó mucho la atención que estaba un carro muy bonito estacionado afuera de mi casa. Pensé que era de algún vecino. El niño se me durmió en el camino y entramos casi sin hacer ruido. Acosté a mi hijo y fui a asomarme a mi recámara que estaba cerrada y se escuchaba la televisión algo fuerte.

Entré de sorpresa, la escena fue terrible, dolorosa y sobre todo asquerosa para mí. Estaba con su mejor amigo. Tenían una película para adultos y solo atiné a  cerrar la puerta. Corrí por mis hijos y me salí de ahí con ellos.

No saber que hacer

Estuve manejando mucho tiempo, dando vueltas y vueltas, pensando que hacer. No dejaba de llorar y mis hijos no sabían lo que sucedía. Ellos empezaron a llorar también y fue cuando reaccioné.

Me empecé a llenar de rabia y en ese momento me juré que nunca más volvería a ver a mis hijos. Que él no se merecía ser llamado padre y que me daría mucha vergüenza que a mis hijos los señalaran por eso.

Me fui con mis papás y les expliqué que me iba a divorciar, les dije solamente que lo había encontrado en mi casa siéndome infiel. No podía decirles que con
otro hombre. Me moría de la vergüenza, del asco, de tantas cosas.

Divorcio

Les dije a los abogados que yo no quería verlo nunca más, que ellos se hicieran cargo de todo y que le dijeran que no volvería a ver a los niños, pero pareció aferrarse a eso.

Yo no quería decir la verdadera razón porque me divorciaba de él pero él se lo buscó. Lo tuve que exhibir, pero todo ha sido para proteger a mis hijos. Sé que todos pensarán que soy un monstruo y que soy racista u homofóbica, pero no es así, tengo amistades gay y son buenas personas, pero lo que él nos hizo como familia no tiene nombre.

Sin contar las consecuencias en mi salud porque vivo con mucho miedo, haciéndome exámenes cada tres meses y a mis hijos también porque no sabemos desde cuando llevó una doble vida con doble moral. Se hubiera destapado desde un principio no me hubiera usado como fachada para parecer “normal”.

Infidelidad

La infidelidad es uno de los tantos síntomas que enfrenta una pareja en crisis, y a veces, sin estarlo. Es algo que no puede explicarse desde un punto de vista universal. Cada caso es único y toda situación no es igual.

Es un tema sujeto a polémica porque en éste confluyen infinidad de valores, actitudes, prejuicios y estereotipos.

Cole (2006) plantea que las decisiones acerca del comportamiento sexual, generalmente, no se planean con anticipación.

Poca gente planea intencionalmente ser infiel (al menos la primera vez). Un amorío ocurre, generalmente, no porque se prevea, sino porque la gente se encuentra en situaciones donde sus emociones los conducen a tenerlo. Los escenarios que pueden ayudar a que el amorío ocurra son:

  1. Estar cercano o ser interdependiente de alguien que no sea el cónyuge.
  2. Estar cerca de alguien en quien se está sexualmente interesado(a).
  3. Emplear mucho tiempo en una relación de uno a uno con alguien.
  4. No sentirse cercano o conectado con el cónyuge.
  5. Estar en una situación que ofrezca la oportunidad.
  6. Estar en situaciones que involucren alcohol o drogas.
  7. Soledad.
  8. Baja autoestima y deseos de sentirse deseado/a.
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