Mi delito… convivir con mis hijos - Imagen Zacatecas

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Mi delito… convivir con mis hijos

Mi delito… convivir con mis hijos

Ivonne Nava García

   |  13 septiembre, 2020

Historia de Lobos.

Un matrimonio joven se separa por razones aparentemente absurdas. Sin embargo, el trasfondo es otro.

Los pretextos y falsas acusaciones de ella hacia él y, sobre todo, el ser juzgado por las preferencias sexuales de su papá, terminan con un hogar desintegrado y unos niños separados tanto de su papá como de su mamá.

La voz de él

La conocí en el barrio, desde adolescentes nos hicimos novios y para mí no existió ninguna otra mujer desde ese momento. Cuando cumplimos 18 años decidimos irnos a vivir juntos a la casa de mi mamá.

Yo soy hijo único y mi papá no vive con nosotros desde que declaró su homosexualidad. Iniciamos un negocio ahí mismo en la casa y de ahí nos sosteníamos. Yo seguí estudiando mi carrera de ingeniero y ella se hacía cargo del negocio. Nos iba bien.

Embarazo

Pensábamos casarnos antes de embarazarnos, pero se nos adelantó la niña. Por ese motivo decidimos que era tiempo de hacerlo para darle un buen hogar a nuestra hija.

Así fue, tuvimos una boda sencilla y sentíamos que la íbamos a hacer muy bien. La nena creció y seguíamos igual.

Yo ya había terminado la escuela y ampliamos el negocio; además, daba servicios de mecánica electrónica ahí mismo en la casa, me iba bien.

Nos embarazamos del niño y cuando supe que era varoncito para mí fue una felicidad enorme. Yo me sentía plenamente identificado con él, se parece tanto a mí que nos hicimos inseparables.

Yo casi nunca salía solo, siempre con mi hijo y como mi trabajo estaba en la misma casa ahí me la pasaba, solo me encargaba de llevar y recoger a los niños de sus escuelas.

Problemas

Un día mi mamá le confío a mi esposa por qué se habían separado mis papás y de ahí empezó a cambiar mucho conmigo. Sentía que me vigilaba todo el tiempo.

Un día tuvimos un problema muy grande porque me descubrió viendo un conjunto de ropa interior de ella. Me encantaba verla con lencería coqueta y solo lo estaba viendo. Me dijo que si ya me gustaban los calzones de mujer como a mi papá, eso me dolió muchísimo. Escondió toda su ropa interior, como si yo lo fuera a usar o qué sé yo. Cambió, ya no quería tener intimidad conmigo, me obligaba a usar preservativo. Una locura que hacía, me ponía limón que según ella para ver si no tenía infecciones venéreas.

Yo me sentía de lo peor, como si fuera un pervertido o algo así. De plano la convivencia íntima se terminó porque no la podíamos concretar por ella. Me decía que sentía asco, que se le figuraba que la llenaba de cosas de otro hombre y eso me lastimaba. Aún así quise seguir en la relación por los hijos.

Nos separamos de recamaras y le sugerí que fuéramos a terapia de pareja, pero ella no quiso; dijo que para qué, que de cualquier manera ella ya no quería nada conmigo porque según ella era yo homosexual.

Se lo dijo a mi hija

Un día salí a un curso de maquinaria pesada a León, estuve una semana ahí. Cuando regresé noté a mi hija muy rara conmigo, como si estuviera enojada. Para esas fechas mi hija tenía 13 años.

En la noche los invite a comer un helado y mi hija me dijo que si la llevaría a donde me reunía con mis “jotos” amigos, sentí muy feo. Volteé a ver a su mamá y solo se encogió de hombros.

Le hablé a mi hija para preguntarle qué pasaba y me dijo que no quería hablar conmigo, que estaba muy decepcionada y que tenía mucha vergüenza de que yo fuera su papá, se burló y me gritó, “bueno quizá deba decir que tengo dos mamás”.

La enfrenté

Bajé con mi ex para hablar con ella y enfrentarla sobre lo que le había dicho a mi hija, pero solo me dijo, “le dije la verdad, que su papá es homosexual como su abuelo”.

Nos peleamos muy feo, porque ella me estaba acusando de algo que no era yo y me dolía que me acusara de eso, precisamente porque mi infancia la pasé con ese estigma. Le dije que eso no podía continuar y ella me dijo que ya no podía seguir casada con un maricón.

Mis hijos escucharon todo, eran gritos y empujones. Se puso a llorar y les dijo a los niños que en la mañana se irían al rancho con sus abuelos. Se puso a empacar cosas y mi hijo le decía que él no se quería ir que se quería quedar conmigo. Ella le dijo que no porque terminaría siendo un maricón. Al día siguiente se fueron.

Mi hijo lloraba mucho y pataleaba. No quería irse. Yo le rogaba que lo dejara, pero ella estaba muy decidida y casi arrastrándolo se lo llevó.

Solos con los abuelos

Al mes y medio de eso viajé a Durango al rancho en donde estaban mis hijos. Llegué ahí y solo estaba mi suegro y los niños. Yo esperaba que estuvieran en la escuela o algo así, pero no. La que era mi esposa no se encontraba en la casa, ni en el rancho. No me querían decir en donde estaba.

El niño me decía que se quería ir conmigo que su mamá tenía muchos días que no estaba ahí y que sus abuelos los regañaban mucho y que les pegaban. Me dijeron que no los habían inscrito en ninguna escuela. Yo depositaba dinero en una cuenta de ella, pero como no estaba con ellos, ahí en el rancho, los abuelos de mis hijos se hacían cargo de todos los gastos. Me enojé mucho y los enfrenté.

Otro hombre

Por fin me dijeron que a la semana de que llegó, se había ido a Sinaloa con un hombre que había sido su novio. Y según me dijeron ella había estado siempre en contacto con él.

Se miraban cada vez que ella iba de visita al rancho con sus papás. Sentí una puñalada por la espalda y solo me dejé caer en el sillón. Todo era un pretexto, por eso me acusaba a mí de algo que no era, para ella quedar limpia.

Engaño total

Me dijeron que los niños no eran míos, que eran de ese hombre. Eso fue devastador para mí. Aún así, no lo creí porque mi hijo se parece muchísimo a mí. Aunque estaba muy confundido y llorando.

El abuelo de mis niños dijo que los homosexuales no podían tener hijos y de inmediato recordé que para cuando encargamos a los niños las cosas estaban muy bien entre nosotros. Me fui de ahí y me llevé a mi hijo porque la niña no se quiso venir conmigo.

Fui a poner una denuncia por abandono y a tramitar el divorcio. Yo estaba seguro de que tenía todas las de ganar porque ella se fue, abandonó a los niños y además está viviendo con otro hombre estando casada aún.

Vino por mi hijo

Nos regresamos a la casa y yo me sentía seguro porque tenía a mi hijo. Había regresado a la escuela y no recibíamos sus llamadas, estábamos muy felices.

día a las 6:00 de la mañana llegó a la casa con una abogada muy grosera y con la policía. Me enseñaron una orden de un juez y dijeron que entregara al niño. Otra vez se lo llevó llorando y pataleando. Me sentí muy desdichado. Desde ese día han pasado 9 meses que no he visto a mi hijo. No atienden las órdenes del juez, no me dejan verlo y la niña no quiere hablar conmigo.

No sé cómo están, pero de lo que estoy seguro es que mi hijo me necesita.

Él no quería estar con sus abuelos y en donde vive no tiene amigos. Espero que esto tenga solución y que pronto mi hijo vuelva a mi lado. Sé que todo esto lo ha afectado demasiado. Él no está conmigo porque su mamá no quiere que este aquí, sé que es por egoísmo y porque tiene que justificar su conducta.

Guardia y custodia

No debe confundirse la “guarda y custodia” con la “patria potestad“. A partir de la separación o divorcio habrá decisiones importantes que competen a los dos progenitores, y que se integran dentro de la patria potestad (administrar un bien del hijo, elegir el Colegio, entre otras cuestiones), mientras que otras serán decididas por el que tenga la guarda y custodia, ya que se entiende que son decisiones que competen a la convivencia diaria (por ejemplo, elegir el vestuario). Lo normal es que la patria potestad se conceda a ambos y sólo se priva de ella en casos extremos (malos tratos, no prestación de alimentos)

La atribución de la guarda y custodia requiere atender a las circunstancias concretas del supuesto, en combinación con los criterios legales:

  • El interés superior de los menores.
  • El derecho de audiencia de los menores.
  • El principio de no separación de hermanos.
  • La edad de los menores.
  • El tiempo de que disponen los progenitores.
  • La convivencia del solicitante con una tercera persona.
  • El lugar de residencia, entre otros.

No obstante, muchos padres cuando se separan utilizan a sus hijos para “molestar” a su contraparte, generando una relación odio-amor, que solo acarreará problemas en el sano desarrollo psicoemocional de los hijos.

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