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Mi delito… confiar en ella

Mi delito… confiar en ella

Ivonne Nava García

   |  17 enero, 2021

Historia de Lobos.

Muchos adultos consideran que ser infieles a su pareja no causa ningún perjuicio a su familia, salvo en el caso de que sean descubiertos. Aun así, se piensa que los niños son muy resistentes y que pronto se olvidarán de ello y podrán seguir adelante con sus vidas como si nada hubiese pasado.

En esta historia un hombre sufre las consecuencias de haber contraído matrimonio con una mujer a la que solo le importaba el dinero y la apariencia física.

Sufrió por haber descubierto a su mujer engañándolo en su propia casa cuando se encontraba de viaje, y estando sus hijos dormidos en otra habitación. Al descubrirla con su amante se produce una pelea en donde este hombre termina privado de su libertad y procesado por los delitos de lesiones, daño a las cosas, violencia familiar y agresión sexual.

El inicio

Me enamoré de ella cuando éramos estudiantes. Yo estaba en Veterinaria y ella Derecho. Ella proviene de familia humilde de una comunidad, que con sacrificios envían a estudiar a sus hijos a la ciudad.

Es válido decirlo, me enamoré porque era muy guapa y jovencita. Ella es de Jerez y sus ojos de color me ganaron.

Yo no me imaginé lo que la cambiaría el dinero. Nosotros somos gente de trabajo, no de dinero. Mis papás estuvieron en el otro lado y se hicieron de sus cosas, aquí sembraban chile y engordaban ganado y les iba bien. Me mandaron a estudiar a Zacatecas y allá la conocí.

Fue en una fiesta que organizó un médico de la escuela, no sé quién la invitó a ella y a unas amigas. La seguí frecuentando y así nos hicimos novios, pero nunca imaginé en que se convertiría todo.

Formaron una familia

Nos casamos en cuanto yo terminé la escuela. Mi mamá me decía que no le daba confianza, pero yo pensaba que era por celos de mi madrecita, más porque yo soy su único hijo hombre.

Esta mujer en el primer embarazo cambió mucho, me empezó a exigir que le comprara una camioneta para ella porque no le gustaba que nadie la llevara al pueblo o la trajeran acá. Le compramos una camioneta gabacha y andaba contenta.

Ese embarazo fue de gemelos y ella engordó mucho. Me decía que me aborrecía porque la había dejado como puerca, lloraba mucho y como se le hacía muy difícil cuidar a los dos chamaquillos me pelaba porque no la ayudaba, pero yo tenía que ayudar en el rancho o no comíamos.

Le traje a una señora de la Ciénega para que la ayudara y más o menos se calmaron las cosas, pero me decía que quería hacerse la liposucción para estar flaca otra vez.

Le dije que sí le cumplía con eso, pero que me diera otros dos hijos. Se embarazó de nuevo y para su suerte fueron otra vez cuates.

Ya tenía mis chamaquitos y a ella no se le olvidó lo de la cirugía. Estuvimos buscando y en Aguascalientes le hicieron la liposucción. Se tardó más de 3 meses en recuperarse, pero no quedó conforme. No sé cómo aguantaba estar metida en una faja muy dura todo el día, casi no podía respirar y durante todo ese tiempo no me permitió tocarla.

Me decía que su busto ya no era igual y que se lo operara también, total que le arreglaron eso, luego la nariz y las pantorrillas.

Güera como es, de ojos de color y toda operada, llama mucho la atención. Yo creo que eso fue lo que la descompuso.

Nos mudamos

Los chiquillos crecieron y tenían que venir a la escuela y ella decía que no quería que sus hijos estuvieran en escuelas de rancho y quiso que le pusiera casa aquí.

Yo la verdad estaba muy enamorado y me convenció, sólo que yo seguía trabajando en el rancho y ella se la pasaba todo el día con los niños, porque yo salía muy temprano y ya regresaba después de las 8:00 de la noche. Desde que nos casamos ella no quiso trabajar, nunca se tituló.

Empezó a cambiar más

Cuando mis hijos entraron a la secundaria, ella empezó a cambiar mucho. Se juntaba con señoras riquillas y quería cosas de lo mejor, yo la complacía en todo lo que podía porque yo si la amaba mucho y quería que estuviera feliz.

Pero mientras más tenía, más quería;  empezó a querer viajar sola, se fue a Europa con dos amigas, que según ella pertenecía a un grupo religioso y que iban a ir a Jerusalén, bueno eso me dijo.

Yo si le creí, pero como dos años después de eso andaba yo buscando unos papeles de un terreno y me encontré unas fotos de ella bailando en una disco, no sé en dónde, pero fue de su viaje a Europa.

Estaba bailando con un tipo y con ese mismo abrazada posando en una fuente.

La enfrenté

Cuando llegó a la casa la enfrente y le dije que de que se trataba. Me dijo que era un primo de su amiga, que él allá vivía y que no era nada. Yo no me lo tragué porque ya sospechaba algo raro, porque salía mucho a los cafés con las amigas, al cine y dejaba a mis hijos solos.

Un día, uno de mis hijos mayores estaba muy enojado y triste, yo lueguito lo noté. Le pregunté y me dijo que yo como estaba güey, así con esas palabras, y le dije que no me anduviera faltando al respeto, que para eso era su padre y me dijo que mejor le reclamara respeto a su madre porque la habían visto él y sus amigos.

Estaba en la camioneta, estacionada cerca de La Encantada besándose con un hombre. Mi hijo estaba muy avergonzado con sus amigos y ya no quería ni siquiera ir a la escuela.

Subí y yo quería descuartizarla, le reclamé y me dijo que no era ella, que le había prestado la camioneta a su amiga y que le iba a reclamar por eso. Le hablé a mi hijo y como no la alcanzó a ver a ella sino al hombre, pues ya quedó ahí.

Salió de la ciudad

Un día tuve que ir a la frontera porque iba a traer unas vitaminas para los animales y a amarrar la compra de unos  fertilizantes para el rancho. Me iba por tres días y me llevé a mi hijo el más grande.

Todo lo arreglamos muy rápido y regresamos un día antes, pero no avisamos. Para eso mi hijo tenía 13 años y sus hermanos, otro de 13 y los chicos de casi 12.

Llegamos a la casa y me dice mi hijo, que de quien era el carro que estaba ahí afuera, que no era de ningún vecino.

Entramos sin hacer ruido para no despertar, mi hijo se fue a su cuarto y yo entré al mío, pero lo que encontré no se lo deseo a nadie, es muy doloroso ver a la mujer de uno, encuerada con otro.

Así los vi en mi cama, sentí que me moría y no me pude contener. Los muchachos despertaron y yo cerré la puerta con seguro, la saqué de la cama a punta de trancazos y luego me fui con ese hijo de la…

Se vistió como pudo y mi vieja se salió del cuarto y yo oía que gritaba que yo había enloquecido, si estaba loco quería matarlos.

Al tipo le puse una buena madriza, no lo niego. Se salió de la casa y mi hijo el grande le decía a su madre que se fuera con su amante, que era una prostituta y lloraban todos, me salí a alcanzarlo, se subió a su carro, ese que estaba afuera.

Agarré una piedra y le rompí el parabrisas y el cristal de la ventanilla. Lo saqué por la ventana y en eso llegó la preventiva. Me cargaron a mí.

El tipo me decía que me iba a refundir, puso una denuncia y me metieron al Cereso. Luego piden un estudio psicológico para ver si no soy peligroso. ¿Pero qué hubieran hecho, felicitarlos? ¿Agarrarlos a besos o qué?, yo nomás defendía mi orgullo y ahora yo era el malo. Yo la quería denunciar por adulterio, pero ya no se podía. Nos estamos peleando a los niños, pero a ella no le importan.

Sentenciado culpable

Me dieron sentencia de 3 años, eso no puede ser, y lo está usando esta mujer en mi contra para quitarme a mis hijos.

Fue muy hábil, dijo que yo la golpeaba frecuentemente, que era borracho, que en varias ocasiones la forcé a tener relaciones sexuales, todo le creyeron. A parte le tenía que pasar pensión, pero mis hijos se decepcionaron tanto de ella que mejor prefirieron irse conmigo al rancho. No la quieren ni ver.

No me quiere dar el divorcio porque quiere la mitad de todo, pero son cosas que a ella no le costaron, son cosas de mi familia. A ver si la meten al bote por adultera y por destruir todo.

En memoria de Mercado Sánchez

El escribir inmortaliza a una persona a través de las palabras que quedan para siempre plasmadas en papel.

El legado que deja Luis Enrique Mercado Sánchez dentro del periodismo hace que su nombre este vigente siempre en la memoria de quienes lo leímos, conocimos y tuvimos el gusto de trabajar bajo su dirección, indudablemente deja un enorme vacío su partida.

Siempre lo recordaré con su enorme sonrisa, un hombre de quien había mucho que aprender, lleno de experiencias interesantes, tenía el toque maestro para escribir y decir exactamente lo que quería expresar, fue de los hombres que fundan y construyen, un hombre completamente singular.

A la familia Mercado Sánchez y familia extensiva del señor Luis Enrique, con todo respeto, los abrazo con el corazón, espero que este porte consuelo y que mis oraciones aligeren su dolor.

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