Mi delito... actuar con coraje - Imagen Zacatecas

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Mi delito… actuar con coraje

Mi delito… actuar con coraje

Ivonne Nava García

   |  1 noviembre, 2020

Historia de Lobos.

En un estado de grave conmoción emocional, una persona puede realizar conductas que generalmente no haría. Cuando siente que su vida, integridad, orgullo, entre otras cuestiones, o la de alguien que es significativamente especial para esa persona, está en peligro puede reaccionar de manera muy irracional, motivada solamente por la emoción, causando mucho daño del que luego se arrepiente.

En esta historia un hombre priva de la vida a otro por el hecho de sentirse muy humillado en su orgullo y por sentir que perdía las tierras que le dejaron sus familiares.

Era sábado

Ese día era un sábado de julio; ya habíamos acabado las labores y estábamos terminando de guardar a los animales. Yo me fui para mi casa y me encontré a un compadre. Me dijo que si le daba aventón. Le dije que sí pero que si me acompañaba a echarnos una cerveza a la tienda. Me dijo que sí.

Se fueron juntando otros señores de ahí del rancho en la tienda de doña Anita. Estábamos afuera recargados en las trocas y unos sentados en la banqueta. Estuvimos un buen rato, ahí en el rancho muchos somos familia. De los que estábamos ahí, tres teníamos pleito con unos primos por unos terrenos que mi abuelo nos había dejado. Había confusión de ellos, porque decían que su papá se los había comprado a mi abuelo, pero mi abuelo se los heredó a partes iguales. Ellos estaban aferrados a que no era así.

Mejores tierras

Esas tierras que tenía yo con mis hermanos y otros parientes estaban mejor ubicadas porque las atravesaba un arroyo y además mi abuelo ahí había hecho el pozo. Las tierras de ellos estaban como en el cerro, o sea más para arriba y si se le batallaba para el agua.

Aquí no nos poníamos de acuerdo porque ellos querían las tierras, nosotros les decíamos que agarraran agua de aquí, pero ellos decían que estaba muy difícil subir el agua. Luego nos propusieron que un año sembráramos arriba y ellos abajo y otro año al revés.

No se pudo porque luego ya no iban a querer regresar. Para evitar más complicaciones así lo dejamos. Había problemas porque los animales de ellos pasaban por las tierras de nosotros para llegar al arroyo, el detalle es que los animales no agarraban por la vereda sino atravesaban muchas veces los sembradíos y se iban tragando los retoños.

Problemas graves

Se les reclamaba que cuidaran a sus animales, tenían un vaquero que les arriaba a los animales, pero era muy borracho y se quedaba dormido debajo de los huizaches. Esa vez tocó sembrar cebada porque a las vacas les gusta mucho, pero había que cuidarlas más para que no se tragaran los retoños.

El vaquero las dejó a la buena de Dios y en lugar de irse por la vereda se metieron a la labor. Hicieron mucho destrozo, unos brotes pisados y otros masticados. Nos fuimos a reclamar a los primos. Se molestaron y nos hicimos de palabras. Uno de plano se nos fue encima y nos tiraron piedras. Salimos todos descalabrados y no se arregló nada. Esa ya la traíamos.

Como a los 21 días de eso volvieron a meterse los animales a la labor, pero les echamos a los perros y se les desbalagaron los animales. Vinieron muy molestos a cobrar unos becerros que según se les habían perdido en el monte. Los mandamos a la fregada, pero no se iban a quedar así. Otra vez empezaron con las agresiones y nos hicimos de golpes. A mí ya me la tenían que pagar por las descalabradas del otro día.

No tuve miramientos y les asesté unos golpes con unas piedras. Esa vez iba una vieja de ellos, a que se metía, también salió golpeada.

Se calmaron un tiempo

De esa vez, las cosas se calmaron un tiempo, hasta ese día que estábamos en la tienda de doña Anita. No me imaginé que fueran a llegar ahí.

Después nos dijeron que andaban buscando la oportunidad para llegarme, sobre todo a mí que fue el que le pegó a la vieja, pero yo le juro que ni cuenta me di que era ella, hasta que estaba chillando. Llegaron a la tienda y ni las buenas noches dieron.

Nosotros estábamos afuera y ellos estuvieron tomando cervezas adentro. Ya para cuando dijimos que nos fuéramos serían como las 8:00 pasadas. Se metió un primo a la tienda para dejar los envases y en eso salieron estos.

Empezaron a decir mentadas, que si nos creíamos muy ‘chingones’ y luego me la empezó a echar a mí, que yo ‘se la pelaba’ y empezó a decir cosas de mi mujer. Que él era más hombre que yo, que ya la había hecho su mujer muchas veces, que ella quería a un hombre bien bragado. Me empecé a enojar, cada vez más.

No aguanté y me le dejé ir. Le decía cállate, y nos hicimos de muchas ofensas muy fuertes. Cuando me dijo, te la voy a quitar y la voy a hacer mía. Solo podía pensar en mi mujer que la estuviera tocando este.

Me cegué

Todo lo empecé a escuchar como si estuviera abajo del agua, no pensaba en nada. Luego me dijo, me voy a quedar con tu vieja y con tus tierras, no voy a descansar hasta que sean mías.

Solamente pensaba en matarlo, quería arrancarle la lengua para que no hablara. Nos estábamos golpeando y él me seguía diciendo. Los otros decían que nos calmáramos. Hasta que nos pudieron separar. Yo sentía que me hervía la sangre y no podía del coraje, sentía que el corazón se me salía, la boca me sabía a sangre. Sentía ganas de llorar, pero yo sabía que quería verlo muerto.

Nos subimos cada quien a sus trocas. La de ellos estaba más lejos. Pensaba que nadie podía ofenderme así con mi mujer. Me le dejé ir en la troca, quería matarlo con la troca. Mi compadre le dio el volantazo y quedé arriba de unas piedras. Me bajé pero ya había agarrado el azadón. No sé cómo pasó porque no me acuerdo de eso, sólo me acuerdo que lo vi tirado con mucha sangre.

Empecé a escuchar que gritaban, lo mató, lo mató. Me quise ir en la troca pero estaba reventada una llanta en las piedras. Me fui corriendo y llegué al monte. Caminé toda la noche.

Arrepentido

Sentía frío y empezó a llover. estaba caminando nada más pensando en que era de mi sangre. Que había matado a alguien de mi sangre. También pensaba en mi mujer. Me daban celos y mucho coraje pensar que ella me hubiera faltado.

Estaba como loco, no sabía qué hacer y pensaba en irme a entregar; luego que mejor me iba a ir de aquí. Pensaba en todo, en mis tierras, en mis hijos y en todo. Me daba más coraje con él yo le echaba la culpa a él y me arrepentía de no haberme ido luego, luego.

Llegué a la casa de mi compadre. Me dijo que si se había muerto y que sus hermanos me andaban buscando para matarme. Le pedí dinero prestado y le dije que se lo cobrara con unos animales, que le encargaba a mi mujer y a mis hijos, que luego iba a mandar por ellos.

Todo se paga, todo este tiempo no he podido vivir tranquilo, ni vivir bien. No tuve el valor de entregarme.

Estado de grave conmoción

Es un trastorno mental transitorio, incompleto, emocional. En otros términos, se trata de un estado crepuscular emocional. Si bien expresa una severa alteración afectiva, ella no alcanza a constituir un estado de alienación mental.

Es una figura médico-forense que se caracteriza por hallarse integrada por tres clases de elementos: biológicos, jurídicos y cronológicos.

Lo que importa de ese estado, que es la razón de la atenuante, es que haya hecho perder al sujeto el pleno dominio de su capacidad reflexiva, y que en él sus frenos inhibitorios estén disminuidos en su función.

Ciertamente este estado no debe llegar a producir una profunda alteración de la conciencia, que conduciría a la inimputabilidad, puesto que el homicidio emocional no deja de ser un homicidio doloso, aunque los recuerdos de las circunstancias que rodean el hecho puedan aparecer, a veces, confusos.

Un estado emocional puede provocar, aunque no es frecuente, una alteración de la conciencia lo bastante profunda como para colocar al sujeto en estado de inimputabilidad.

Código Penal Artículo 302

Se impondrá prisión de 6 a 12 años y una multa de 100 a 200 cuotas, al que cometa homicidio por encontrarse en un estado transitorio de grave conmoción emocional, motivado por alguna agresión a sus sentimientos afectivos o al honor de sus padres, hijos, cónyuge o al suyo propio. Exceptuándose al delito de feminicidio.

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