Mi delito... Abandonar a mis hijos - Imagen Zacatecas

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Mi delito… Abandonar a mis hijos

Mi delito… Abandonar a mis hijos

Ivonne Nava García

   |  2 agosto, 2020

Historia de Lobos.

Dos menores de edad sufren las consecuencias de tener una madre irresponsable. Su padre entabla una batalla legal para conseguir la guarda y custodia de sus hijos. Ellos sufrieron grave maltrato por parte de su madre.

La voz del papá

“Estamos divorciados desde el año 2006, nos casamos en el 2000 al principio todo marchaba bien; sin embargo, de pronto salimos de pleito y ella se fue con sus papás. Me pedía el divorcio varias veces y yo le decía que con todo gusto se lo daba que no quería tener problemas delante de nuestros hijos. En el tiempo que se fue con sus papás no me dejaba verlos pero si quería que cada ocho días le diera su pensión alimenticia.

Tiempo después nos reconciliamos y de esta reconciliación nace mi hija. Ya con una gran responsabilidad la madre empieza a desesperarse, a renegar de todo, a raíz de esto empezaron muchos problemas en la casa. Por cualquier cosa les pegaba a los niños, los regañaba y los metía al baño con agua fría, varias veces me contaban mis hijos que cuando me iba a trabajar, los encerraba en el patio mientras ella hablaba por teléfono con un hombre. Yo empecé a sospechar porque en la noche le hablaban por teléfono y me decía que eran unas amigas pero se salía a contestar al patio.

Constantemente me pedía el divorcio, me decía que ya no me aguantaba ni a mis hijos. Quiero conseguirme a otro que si tenga dinero, no como tú un vil repartidor muerto de hambre, esta frase siempre me la repetía día con día.

Yo no quería perder a mi familia y me propuse poner mi propio negocio. Compré todo lo necesario pero un día en una discusión porque llegué 15 minutos tarde de mi trabajo me lo rompió todo. Era muy celosa y me revisaba la ropa para ver si no tenía algo de otra mujer. Ese día fue cuando empezaron los problemas muy graves entre nosotros, porque mientras ella rompía las cosas, le preguntaba en donde estaban mis hijos.

Sentí que la vida se me iba cuando los vi. Tenía a mis hijos amarrados con los lazos del tendedero y con una venda en la boca para que no gritaran. Pronto, lo primero que hice fue desamarrarlos y abrazarlos y darles muchos besos y decirles que su papá los quería mucho y que jamás los iba a dejar solos con su mamá. No sé desde que hora estarían amarrados hasta que llegue yo.

Cuando le preguntaba me decía que estaban castigados. De ahí se vinieron pleitos muy feos, me aventaba la plancha, incluso un día me aventó la televisión. Ella es muy bonita y tiene muy bonito su cuerpo. Por eso ella me decía que se podía conseguir cualquier hombre mejor que yo.

Fueron cosas difíciles, constantemente me ponía denuncias ante el Ministerio Público, entre las que se destacan una por lesiones que no procedió. Opté por salirme de la casa y tramitar el divorcio. Yo quería llevarme a mis hijos pero como ella no trabajaba quería que le siguiera pasando el dinero para ellos.

Se opuso totalmente a que me los llevara. Yo les expliqué a los vecinos lo que pasaba y les encargué a mis hijos mientras buscaba al amanera de que me los dieran. Sucedió que un día me llamó una vecina para decirme que esta mujer al parecer no había llegado a dormir y había dejado solos a mis hijos. Tenía el más grande 7 y la nena 5 años. La vecina me dijo que los oyó llorar mucho tiempo en la noche. Y que en la mañana lloraban más. Inmediatamente fui para allá. Mis hijos estaban solos. Le llamé al DIF y todo quedó en una constancia. Me entregaron a mis hijos en custodia estábamos felices”.

Más problemas

“Recibimos un citatorio para que llevara a los niños al Ministerio Público para que les hicieran estudios; no sabía que pasaba y fuimos. Resultó que ella me puso una denuncia por corrupción de menores en la Agencia para Asuntos del Menor y la Familia.

Otra vez no procedió la denuncia porque en los estudios psicológicos practicados a los menores no se detectaron signos ni síntomas compatibles al delito que presumiblemente fueron objeto así como las pruebas ofrecidas por la denunciante no tenían concordancia con su dicho.

Y qué casualidad que esto lo hizo poco tiempo después de que me dieron a mis hijos en custodia. Todo esto lo hacía para que yo le siguiera pasando dinero a la semana y, sobre todo, para que no la fuera a sacar de los cuartitos que yo construí para mis hijos. Por eso quería tener a los niños pero mis hijos vivieron un infierno cuando ella los tuvo”.

Abandono

“Ella usaba la casa que le dejé para hacer sus fiestas, al principio sacaba a mis niños al patio mientras ella se embriagaba con sus amistades adentro. Mis hijos me platicaron muchas cosas, me dijeron que ellos veían a su mamá que se daba besos en la boca con un hombre y que luego se metían a la cama. Que ellos se quedaban en el patio y que la espiaban por la ventana, pero que a veces su mamita se quedaba dormida y se le olvidaba meterlos. Que ellos se dormían en el patio y que mejor ya no molestaban para que no los amarrara”.

Situaciones muy fuertes

“No se quería divorciar, pero si quería andar de libertina. Una vez en una de sus fiestas las cosas se le salieron de control. Terminó muy golpeada.

Lo peor de todo eso fue que mis hijos estaban ahí y los arriesgó demasiado.

Aun así tiene el descaro de demandarme hasta por violación. Yo dejaba que mis niños vieran a su madre un día a la semana, pero muy controlado todo para que no se los fuera a llevar.

Cuando me mandaron citar otra vez del Ministerio Público me decían que tenía que presentar a los niños y yo también. Llegué y la sorpresa fue enorme cuando me van diciendo que me había denunciado por violación y me empezaron a preguntar muchas cosas.

Me hicieron llevar a mis hijos a que les hicieran exámenes médicos y otra vez al psicólogo. Mis niños no tenían nada de eso que ella dijo. Otra vez no pudo meterme a la cárcel ni quitarme a los niños”.

Embarazo

“Resultó embarazada, pero no de mí. Dijo que era de un chavo de dinero y que se iban a casar. Luego de tres meses me dijo que el hombre no se quería hacer cargo de ella y que no tenía dinero ni nada.

Yo ya le había pedido la casa porque esa casa era para mis hijos. Me dio lástima y la dejé que siguiera viviendo ahí. Me decían que era un tonto pero como la echaba a la calle.

A mí me está yendo bien en mi trabajo y le empecé a dar dinero para que se ayudara. Mis hijos no la quieren, le tienen mucho miedo. Ese daño que les hizo de amarrarlos y amordazarlos muchas veces nunca se les va a borrar.

Soy un papá soltero y me siento orgulloso de eso; sé que nada se compara al amor de una mamá y que la falta de su madre a mis hijos les ha hecho mucho daño.

Pero con los días que la vean están bien. Ellos no se quieren regresar con ella. Ya no los pelea porque le paso dinero a la semana, porque es una mujer muy interesada, como vio que me va bien, me pidió que regresara con ella. Me reí.

No sé qué será de ella y su hijo, pero yo le dije que no podía darle dinero siempre. Ella es joven y puede trabajar pero no le gusta. El daño que le hizo a mis hijos no se lo voy a perdonar”.

Las consecuencias

El crecer sin una madre amorosa y dedicada implica mucho más que carecer de un modelo a imitar. Es devastador. Puesto que la madre es la primera cuidadora, el perderla -de modo emocional o físico- desencadena una pesadilla de privación para un hijo. De alguna manera, nunca termina.

Muchos problemas y sentimientos negativos experimentados más adelante en la vida tienen sus raíces en esta experiencia extremadamente traumática.

Cuando un niño crece en normalidad, su infancia le reporta la sensación de paraíso: cuando tiene hambre, es alimentado; si tiene frío, se le da calor. Es aquí donde obtiene la grata sensación de vivir, de ser aventurero, viajante en la vida.

Pero cuando ese niño crece en una familia donde sus enemigos son el padre o la madre porque no atienden o no saben atender sus necesidades, ese niño se cría a la defensiva. La respuesta que aprende es que la vida no es un paraíso sino que hay que defenderse. Crece sin guía en el exterior (sin función de madre).

Ante cualquier estímulo, suele responder a la defensiva, es un elemento distintivo del arquetipo “huéfano”.

Tienen miedo de ser viajantes por la vida porque perciben sus amenazas.

Aprenden a aumentar su sensibilidad para “averiguar” o “adivinar” de dónde les vendrá la próxima amenaza, patada o bofetada, se hacen muy intuitivos.

El problema es que tienen una fuerte tendencia a suprimir o destruir su intuición, a despreciarla, a minusvalorarla, especialmente si seguirla les supone una pérdida externa de amor (perder a personas).

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