JALPA.- Ya sea por el fresco de las lluvias de hoy en día, el frío de diciembre, o un simple y sencillo antojo, cualquier razón es una invitación perfecta para probar y disfrutar de los deliciosos “Churros Don José”, una tradición que en Jalpa, cuenta historias desde hace más de cincuenta años. En un inicio … Leer más
JALPA.- Ya sea por el fresco de las lluvias de hoy en día, el frío de diciembre, o un simple y sencillo antojo, cualquier razón es una invitación perfecta para probar y disfrutar de los deliciosos “Churros Don José”, una tradición que en Jalpa, cuenta historias desde hace más de cincuenta años.
En un inicio este puesto de churros estuvo en distintas esquinas aledañas a la Plaza Aréchiga, pero por más de 48 años, Don Pascual Alvarado, mejor conocido con Don José, estuvo vendiendo sus churros de azúcar y conquistando paladares con su tradicional sabor, en la esquina que forman las calles Obregón y Concordia.
En este tiempo recibió, como hoy en día, a niños, jóvenes, adultos mayores, hombres y mujeres, no solo de Jalpa, sino de diversos lugares.
Conocían su delicioso toque, y no dudaban en comprar un churro o una rosca, pues jamás fue codicioso de su gran sabor e incluso vendía hasta pedacitos de un peso.
Hoy en día, Carlos Alvarado Silva, su nieto, sigue con esta tradición, que heredó de su abuelo y su padre quienes le enseñaron bien cómo hacer este delicioso manjar.
En palabras de Carlos, este es un oficio decente, que da frutos, es hermoso porque conoce a muchísimas personas y con ello múltiples historias.
Él comenta que es todo un honor seguir con esta tradición que tanto representa para su familia.
Destacó que en compañía de su padre ayudaron a su abuelo con este oficio, principalmente en diciembre cuando es la Feria de Jalpa, la cual atrae a la gente de las comunidades, de otros municipios y aquellos que se fueron a la unión americana.
A su regreso, vuelven fieles a disfrutar los manjares que disfrutaron cuando vivían en su tierra, su Jalpa.
Carlos señaló, que la harina con que preparan la mezcla para los churros es especial para galletas, sin embargo el sabor, el toque, y ese sello que los hace tan especiales, viene del amor que le profesan a su oficio.
En su mesa de acero inoxidable con más de dos metros de largo, yace un gran sartén, en el que se reposa la masa, luego con un cuchillo va tomando pedazos para luego extenderla y hacer una tira de poco más de dos metros.
Una vez que la masa ha alcanzado el tamaño adecuado con gran habilidad es llevada al aceite caliente, donde en menos de cinco minutos estará lista una exquisita rosca.
Mientras Carlos elaboraba los churros, comentó que el aceite no debe estar ni tan caliente, ni tan frío, debe tener una temperatura media, para que los churros se esponjen.
Después los sacará y los dejará reposar unos cuantos segundos para hacer las partes y posteriormente cubrirlos de azúcar.
Sus pedidos son muy variables desde quienes piden un cachito de cinco pesos, hasta los que piden una rosca completa o dos, todo depende del tamaño de la familia.
Carlos comnetó que tiene tres tíos en Estados Unidos, Miguel, Pascual y Raúl, éste último en Utah, donde hace churros para fiestas.
Lo mismo pasa con su tío Pascual quien vive en Phoenix Arizona; y su tío Miguel, quien vive en San Bernardino, California, es invitado a hacer churros en las fiestas de los clubes migrantes y lo que se recauda lo donan al asilo de ancianos en Jalpa.
Hoy en día Carlos está casado y tiene dos hijas, a quienes también enseñará el oficio que su abuelito le enseñó y que hoy le permite trabajar digna y honradamente ganando lo suficiente para mantener a su familia, y además endulzar el paladar a cientos y miles de personas que año con año, buscan los tradicionales Churros Don José.
Imagen Zacatecas – Rocío Ramírez