La tecnología invadió el país, llegando hasta los más pequeños grupos habitacionales que se han tornado en esclavos de un pequeño aparato, y que a través de las redes sociales, ha esclavizado e idiotizado a hombres, mujeres, niños y ancianos. A la fecha, son miles de accidentes mortales viales los que se registran a causa … Leer más
La tecnología invadió el país, llegando hasta los más pequeños grupos habitacionales que se han tornado en esclavos de un pequeño aparato, y que a través de las redes sociales, ha esclavizado e idiotizado a hombres, mujeres, niños y ancianos.
A la fecha, son miles de accidentes mortales viales los que se registran a causa de usar el celular, hablando, recibiendo o mandando mensajes o incluso recibir otros archivos, pues este dispositivo también se usa para compartir fotos, películas, mensajes, música, juegos, sirve también como reloj, calculadora, presenta el estado del tiempo y por si fuera poco sirve para navegar en tiempo real por las carreteras del país.
Para los padres de niños menores de seis años, es gratificante ver que sus vástagos, desde esa tierna edad ya se encuentre metidos por horas y horas en el aparatito de marras.
Cuando los modernos celulares se usan en la forma adecuada, representan una ayuda indispensable e increíble en el trabajo, descanso, viajes, negocios y comunicaciones de tipo personal, solo que el uso indiscriminado del mismo, se torna en una adicción, que resulta costosa y que en muchas ocasiones reduce los recursos económicos, destinados a pagar ropa, medicina, alimentos.
Para las mujeres celosas este aparatito ha sido de gran ayuda para ejercer una presión constante en la pareja, llamándole en forma repetida para preguntar dónde anda, a qué hora llegará a la casa y cuando al fin llega al hogar, esperan que entre al baño o se quede dormido para revisar las llamadas del celular o el directorio del mismo.
Son frecuentes los casos en que los jóvenes, sentados en torno de una mesa, estén chateando por el celular cuando están a menos de dos metros de distancia.
El celular entre otras cosas, sirve para incrementar el “chismorreo electrónico”, entre vecinas, amigas y comadres, que por cuestiones de trabajo o distancia, no se pueden trasmitir personalmente.
Puede asegurarse que más del 70 por ciento de los propietarios de celulares ignoren, que con equipos especiales, pueden espiarse las llamadas o mensajes de celulares. Recientemente el gobierno mexicano fue acusado de espiar teléfonos y servicios de mensajería de conocidos políticos o miembros de antagónicos partidos.
Cuando la voz era trasmitida por las líneas telefónicas instaladas en forma paralela de las carreteras, ya se podían vigilar las conversaciones, pero ahora, con el equipo adecuado se torna más fácil el espionaje.
Lo que viene a ser una bendición para los investigadores políticos de la Secretaría de Gobernación, que es de donde parte el espionaje, para saber qué hacen o dicen los enemigos del gobierno en turno, aunque no crea usted que solo el gobierno tiene la costumbre de espiar, pues también existe el espionaje industrial y hasta el espionaje de los investigadores privados, que en su mayoría están contratados por hombres o mujeres que desconfían de la fidelidad de su pareja.
Si usted desconfía de alguien, antes de andar espiando, desconfíe de su celular, pues alguien puede estar escuchando los que dice y los planes que tiene, no vaya a ser que lo inhabiliten en caso de que quiera candidatearse para un puesto de elección popular y como se menciona que Carlos Slim, dueño de Telcel, pudiera ser candidato, pues el espionaje será en grande.
Imagen Zacatecas – Javier Torres Valdez