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Pueblo sin leyes

Pueblo sin leyes

Carlos López Gámez

   |  30 enero, 2021

Carlos López Gámez.

En este paraje, la presencia de los llamados clanes acaudillados por sujetos insaciables de poder y protagonismo han encontrado un extenso campo fértil para sembrar las semillas de sumisión, evidentemente, en los endebles y vulnerables seres humanos. Una gran parte de quienes han poblado el agreste territorio han caído en las garras de los manipuladores de la mente.

Este clan no solo impone sus inconfesables caprichos y demenciales ocurrencias en la disputa para posesionarse de todos los puestos de elección popular, acapara todo lo que la oferta política pone a la venta y de ello en El Mineral abundan ejemplos vigentes, sino que hasta en otras situaciones, entre ellas el arbitrario apropiamiento del espacio público como una clara y despótica demostración de fuerza y locuras que en nada favorecen al pueblo que se resiste a ser sometido para beneficiar solamente a la creciente y dócil servidumbre.

El clan en cuestión, de esencia monrealista–nació en 1986 en El Mineral– nos dio un ejemplo de lo que es el poder ejercido por quien lo detenta y que hace posible todo. En este caso para sus propias ambiciones. El pueblo tan solo ha sido un solitario y enmudecido observador y aunque no en una, sino en varias ocasiones se ha atrevido a enfrentarse a los esbirros del clan, nunca ha logrado nada. Un suceso ocurre cuando Ricardo Monreal Ávila era gobernador del Estado y Gonzalo Ledesma presidente municipal, postulados por el PRD.

Todo tiene injerencia con el Centro Histórico, (rescatado de la inmundicia en 1964), cuyas arterias céntricas para una más aceptable imagen urbana y funcionalidad en materia de vialidad y movilidad se convirtió desde 1980 en pasaje peatonal. Propiciando de esa manera una zona típica que dignificaba al comercio establecido y proporcionaba seguridad a las familias que tenían su morada en ese sector. Sin embargo, posteriores administraciones lo transformaron en un paraje insalubre y peligroso, al promocionarse y protegerse la invasión del centro por innumerables establecimientos de comerciantes informales.

Un documento reproduce la amenaza del comercio organizado, empresarios y familias del centro histórico de invadir con sus establecimientos todas las arterias y banquetas de varias manzanas del centro urbano. La advertencia fue contundente, firmaron cientos de personas, y anunciaban acciones inmediatas: “Sino se retiraba del Centro Histórico a los comerciantes fijos y semifijos”.

Para reflexionar reproducimos algunos párrafos:

“Es labor de la ciudadanía, gobernantes y gobernados, cuidar que haya en la vida de la población un orden jurídico que sea norma que regule toda la actividad, cualquiera que sea. No es posible vivir en un pueblo sin leyes, como no es posible vivir en un pueblo sin leyes o donde estas son solo teorías.

Como no es posible vivir la injusticia de un grupo de la sociedad, obligado a cumplir las leyes, frente a otro exento de toda obligación protegido por las autoridades y aún solapados en quebrantar la ley.

Creemos, y así lo hemos manifestado en otros foros, que vivimos en un estado de derecho, que nuestras leyes son una magnifica guía para conducirnos armoniosamente y sin mayores problemas; sin embargo, también hemos manifestado que se quedan en solo teoría legal y una mar de buenas intenciones.

Las calles son el lugar de tránsito de vehículos y peatones, los jardines y las plazas públicas son el lugar de esparcimiento de la población, las banquetas son la prolongación de las fincas y la vía segura de peatones. Por estas razones, la vía pública no es el lugar adecuado para hacer un comercio formal.

Basados en el primer principio del derecho universal que considera que, el límite de nuestros derechos lo marcan los intereses de los demás y que queda plasmado en nuestra Constitución al legitimar la libertad del ejercicio laboral sin perjuicio de los derechos ajenos.

Es por eso que, los vecinos y comerciantes establecidos en el pasaje peatonal del Centro Histórico, sintiendo violados nuestros derechos por los tianguistas y por seudo comerciantes ambulantes, exigimos a las autoridades que los retiren del pasaje peatonal”.

Y agregan: “Porque originan inseguridad pública, deterioro ambiental, insalubridad y acumulación de basura, trastornos a la vialidad, evasión fiscal y de derechos laborables, piratería, fomento del robo y contrabando, líderes venales que venden espacio y protección, corrupción de las autoridades, cuotas de poder político partidista, competencia desleal y robo de energía eléctrica del alumbrado público”.

El clan de inmediato reaccionó. Numerosos “operadores”, golpeadores y porristas se dieron a la tarea de inhibir a los querellantes. La actitud o rebeldía de los comerciantes establecidos y familias se desvanecieron totalmente. Fueron sometidos por el poder del clan.

Lo mismo ocurre en el presente.

El centro es objeto de restauración, pero… no para beneficio de la sociedad, “será repoblado por los protegidos del alcalde Saúl Monreal Ávila, el menor del clan.”

Este paraje es encontrado como un campo fértil para un clan hambriento de protagonismo, menciona Carlos López Gamez.
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