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Las cuotas del poder

Las cuotas del poder

Carlos López Gámez

   |  15 agosto, 2020

Las cuotas del poder

Para otorgar la posesión de la vía pública a favor de la servidumbre alentada y protegida por oscuros intereses del partido político en turno se recurre a una fórmula clásica de tinte legaloide que no es otra cosa que el mal uso y abuso del poder. Produce una especie de “convenio” avalado sellado y firmado por el ejecutivo municipal y “beneficiados”.

Testimonios de esa naturaleza abundan en cada administración municipal desde que se instituyera como tal en 1915, cuando termina el periodo de Jefe Político y nace la figura de Presidente Municipal.

En las primeras décadas del siglo XX el fenómeno relativo al comercio informal en posesión de calles y banquetas del Centro Histórico de Fresnillo, caso que nos invade particularmente, de hecho no existía. Mínimas excepciones con estanquillos localizados en espacios abiertos del trazo urbano sin que originaran problemas de otra índole.

Desde hace 85 años surgió y se resiste a desaparecer la protegida expansión del comercio informal en la mayoría de arterias del primer cuadro citadino.

A partir de 1935 arterias céntricas, incluso edificios históricos, son objeto de una abusiva y desmedida acción ejercitada ostentosa como impunemente por los temibles caciques y caudillos que se apoderaron del poder político a partir de época postrevolucionaria.

Uno de ellos fue Guillermo C. Aguilera. Construye su vivienda particular en el costado poniente del Teatro Echeverría y vende y regala a sus simpatizantes espacios localizados en la parte posterior del mismo recinto. El cacique saciaba sus ambiciones apoderándose mediante argucias legales del corralón y extemplo La Concepción para la Casa del Campesino.

Semejante aberración, de apropiarse de todo tan solo por sentirse poderoso e intocable y luego repartir minucias del poder para agradecer la ciega obediencia de sumisos seguidores del sujeto investido como alcalde o cacique les reditúa de inmediato la afiliación de miles de aventureros y oportunistas a quienes se les permite hacer y deshacer lo que quisieran siempre y cuando fueran fieles a los postulados del sistema político en turno.

Para “pagar” los favores recibidos de los seguidores del poderoso surgen las llamadas “cuotas de poder”. Fue la oportunidad para saborearlo de cualquier aventurero; además, aprovechan la generosa situación y de inmediato se posesionan de cualquier espacio público. Les proporcionan permisos para cualquier giro en las calles y banquetas. Así nacieron las varillas, tugurios, agachados y demás demostraciones de corrupción y desorden.

La muchedumbre decidía e imponía a quienes ocuparían las calles centrales. Asi se generó la invasión protegida de los comerciantes de la calles.

En 1964 finalmente y después de infinidad de vicisitudes se recupera el Centro Histórico y arterias confluyentes. En 1980 se convierte en pasaje peatonal. La imagen urbana cambia radicalmente, predominaba el orden y limpieza. Sin embargo, aparecen de nueva cuenta las “cuotas de poder” y se vuelve a hipotecar el centro citadino a la servidumbre tanto del PRI, PRD, PT y Morena.

Uno de tantos ejemplos data de 1991. Un “convenio”. A todas luces fue favorable en su totalidad a los integrantes de varias uniones de comerciantes. Se les conceden absolutas facultades para que se posesionen del Centro Histórico y arterias confluyentes. Los beneficiados imponen sus pretensiones al propio ayuntamiento. La constancia está plasmada en el documento.

Participan: Adolfo Yáñez Rodríguez como presidente municipal, por otra parte Juan Arellano Aguilera, Rogelio Peralta Hernández, Salvador Murillo López, y Eustaquio Flores Martínez. Y aparece el nombre de José Manuel Pérez Sánchez, secretario general de UNE (agrupación perteneciente al PRI).

En ese convenio se delimitan las áreas a ocupar por los agremiados de cada unión. Se reparten espacios del Centro Histórico la Unión de Comerciantes del Mercado Hidalgo, Mercado Juárez, Ambulantes y Semifijos y Zona Peatonal. Cada representante firma el documento y prometen respetar las colindancias así como espacios asignados por ellos mismos.

La autoridad por su parte “se compromete” -petición o mandato- de las uniones al cumplimiento del convenio y vigilará que todo esté en orden. En el convenio en cuestión con nombres y firmas de los que participaron, aparecen sellos de la presidencia y de las uniones de comerciantes, todas ellas pertenecen a la CNOP.

Acuerdos o convenios de esa especie los encontramos en todas las administraciones municipales. Ese tipo de situaciones han permitido y protegido el caos predominante en el Centro Histórico y calles confluyentes. Esa situación existe sea cual fuere el partido político en el poder.

Por otro lado en el presente el intento para rescatar, despejar y restaurar el Centro Histórico, no se ha cumplido cabalmente.
Por cierto, las obras iniciadas en abril del 2019 no han concluido, se encuentran a un 45 por ciento. Lo poco que se ha logrado es alterado totalmente por la presencia de los comerciantes informales que se siguen instalándose impunemente.

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