|  

El renacimiento de Fresnillo

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Carlos López Gámez.

En el año de 1842 regresa a esta población José Agustín Escudero, que en su primer visita en 1824 era la viva y a la vez triste fisonomía de un pueblo abandonado donde la miseria predominaba por todos los rincones. Seis años después de su presencia la fisonomía urbana y de servicios era totalmente diferente.

En su segunda visita el viajero queda totalmente sorprendido. La imagen urbana se había transformado en todos conceptos y esta se empezó a gestar a partir de 1830, cuando era gobernador del Estado, Francisco García Salinas.

Él rescató del abandono a las minas y reactivó el resurgimiento del Fresnillo. Comprendió hasta 1834 la primera parte de la nueva explotación del fundo de Proaño y que a partir de 1837 impulsa con mayor vigor José González Echeverría.

El visitante decide escribir sus observaciones con un descriptivo e ilustrativo relato que refleja un cambio en todos órdenes. Narra algo parecido a un renacimiento, a lo que cita la mitológica ave Fénix que resurgió entre cenizas.

Lo primero que vi (lo destaca en la misiva Agustín Escudero), fue el cerro de Proaño cuyo aspecto ha variado. Está más cargado que antes de los escombros de los metales, menos ricos o absolutamente inútiles, que se sacan de las minas y forman grandes terreros; de casas que cubren las entradas de las minas, de haciendas o patios, y de grandes jacalones que cubren las maquinas que sirven a las operaciones mineralógicas con que se saca la plata.

A poco más andar, se empieza a ver también como otras tantas pirámides que dominan el caserío, las chimeneas de las máquinas de vapor, con cuya potencia se hace el desagüe de las minas; las de los hornos de fundición de los metales, y las enormes columnas de humo, que saliendo de unas y otras, llegan a las nubes.

Las llanuras inmediatas por donde se va pasando, antes áridas y pedregosas como las de Arabia que lleva este nombre, se presentan ahora convertidas en otras tantas tierras de labor de donde el agricultor, saca frutos óptimos, auxiliando de las aguas con que se riegan y que se sacan de las minas para poder trabajarlas.

Así es que este mal de la naturaleza para el minero, se convierte en beneficio para el labrador y ganadero, que forman también una parte tan preciosa y necesaria de la sociedad.

Asimismo, se ven en la actualidad al pie del cerro de Proaño, una preciosa alameda y varias huertas y jardines cultivados con esmero e inteligencia, que dan tal aspecto de amenidad y hermosura a la ciudad, por las partes del sur y oeste, que parece ser absolutamente otra de la que antes hemos visto.

Actualmente es cabecera de uno de los distritos más importantes del Departamento de Zacatecas, pues abraza dentro de su comprensión la Villa de San Cosme, hoy llamada de Cos, las famosas haciendas de Valparaíso, Sauceda, Ábrego, Trujillo, Santa Cruz, Rancho Grande, San Mateo, Mesquite, Salada, Bañón y otras que dan extensión muy considerable al partido.

Tiene administración de alcabalas, de tabacos, de correos y un comisionado de Minería, cuyas rentas todas dan un producido de más de 10 mil pesos mensuales, con exclusión de los derechos de las platas, pero comprendiendo más de las dos terceras partes que da el consumo de los tabacos.

Tiene ayuntamiento con dos síndicos y tres alcaldes, y hay también juzgado de letras. El curato es uno de los mejores de la Mitra de Guadalajara, a cuya diócesis pertenece este distrito, en el orden de la administración eclesiástica.

Tiene, además, una cómoda y segura cárcel, pero con el defecto de ubicarse a poca diferencia de la parroquia y casi sobre la plaza Principal. En esta, se encuentra también un hermoso y cómodo cuartel, en donde se aloja la guarnición militar, que en el día la da una compañía que pertenecía al Tercer Batallón del 11 Regimiento de Infantería del Ejército.

Se me olvidaba decir que, además de la parroquia, es un templo hermoso de tres naves, perfectamente adornado, aunque sus altares y esculturas son de palo y no de mucho gusto, hay también las iglesias del Tránsito, de la Concepción y de Santa Ana, y un cementerio conveniente situado para enterrar muertos fuera del poblado.

A distancia de una legua de este rumbo al norte, se halla el famoso santuario del Señor de los Plateros, nombre que toma de un mineralito antiguo que en otro tiempo ha producido iguales riquezas que el del Fresnillo.

Don`t copy text!