Víctima y victimario. Una historia cargada de sufrimiento tanto para el protagonista como para sus seres queridos. Su historia comienza a los trece años y treinta años después concluye con una sentencia de 24 años por homicidio calificado. Treinta años de borracheras constantes. Días consecutivos completos de ingerir solo alcohol. Días completos de lagunas mentales … Leer más
Víctima y victimario. Una historia cargada de sufrimiento tanto para el protagonista como para sus seres queridos. Su historia comienza a los trece años y treinta años después concluye con una sentencia de 24 años por homicidio calificado. Treinta años de borracheras constantes. Días consecutivos completos de ingerir solo alcohol. Días completos de lagunas mentales en los cuales conoce las barbaridades que hizo por pláticas de sus seres allegados.
El inicio
Tenía trece años. Me acuerdo bien porque estaba en la secundaria. Comencé fumando. Nos escapábamos y nos íbamos a las vías, en ese entonces todavía había tren de pasajeros y en las vías había mucho movimiento. Nos sentábamos en la sombra que hacían los vagones y le entrábamos a los cigarros alas de papel arroz.
Poco a poco ya no se nos hacía chido nomás fumar y sucedía que ahí conocimos a muchos cuates que andaban de trampas en los trenes. Gente ya con maña de andar en la calle.
La primera vez
Con esos trampas llegó una morrita, estaba re buena la condenada y uno adolescente pues que se alborota la hormona.
Nos dijo que si queríamos sexo con ella que le lleváramos para pistear. Mis amigos y yo nos movimos y ahí en la Fernando Villalpando que en esa época se llamaba Galeana conseguimos un vino corriente, se me hace que era ron.
Compramos unas sodas y nos regresamos a la estación.
Ahí seguía la morrita. Le dimos su encargo y dijo que hiciéramos una fiesta.
Todos le entramos al vino y a mí me gusto mucho. Sí nos cumplió a todos la morrita.
Ni me acuerdo bien cómo estuvo, esa semana así nos la pasamos consiguiendo vino para las fiestas. Yo empecé a no poder orinar porque me dolía muchísimo, se me vino la fiebre y estaba ya muy mal. A los cuatro nos contagió gonorrea y nos inició en el vicio.
La escalada
Me atendieron de esa enfermedad pero el vicio de alcohol ya estaba sembrado en mi sistema. Yo sabía que ya no lo podría dejar. Seguí pisteando a escondidas. Así se fueron dos años, yo me la pasaba pedo y mis jefes ni se enteraban.
Se dieron cuenta un día que no llegaba de la escuela. Ese día conocimos a una señora y nos invitó a su casa. Nos dio whisky, me perdí por completo, no sabía de mí y aún no me acuerdo cómo llegué a la casa.
Dijeron mis jefes que me llevaron orinado y que estaba sucio de excremento. Para ese tiempo yo pisteaba todos los días y mis jefes apenas se estaban enterando.
Malas compañías
Me empecé a juntar con unos compas del barrio, eran más grandes que yo. Estos se decían cholos y apenas me sentí bien con ellos, me salí de la escuela porque mis jefes dijeron que no iban a mantener viciosos y que me pusiera a trabajar.
Uno de mis compas trabajaba en la obra pero los otros no. Yo no sabía nada de la obra y no la hice.
No servía para eso, yo decía que me iba a trabajar pero me iba al barrio con los compas, nos parábamos en una esquina y ahí nos agarrábamos a la plática y a pistear sureño. Era lo más bara.
Eso era como desde la una del día hasta entrada la madrugada.
El primer delito
Como ninguno trabajábamos acordamos meternos a robar a una casa para sacar feria para seguirla.
Fue la primera vez que yo lo hacía. Estos ya tenían ratillo en eso. Ya le sabían la maña. A mí me dejaron “cuidando” afuera tenía que chiflarles si se veía la chota.
No hubo contratiempos y mis compas tuvieron suerte porque encontraron dinero. Se repartieron el dinero y a mí me dijeron que solo me iban a dar pa’ los chescos. Eso no me gusto y les dije que pa’ la otra yo quería meterme para que me tocara más feria.
Los trabajos los hacíamos los fines de semana, viernes o sábado y eran por la mañana cuando las gentes se iban a sus trabajos.
Era fácil vender las cosas, los mismos ”judas” luego nos compraban las cosas o nos pedían una cuota para dejarnos “trabajar”.
Los barrios
Fuimos haciéndonos más, ya éramos ocho. Y el barrio era nuestro. Por ahí no podían pasar sin que les marcáramos el barrio.
Había que defender el barrio, el territorio. Nos agarramos con los de las Palmas, con los de la Lázaro y de la Minera. En esa bronca con los de la Minera me dejaron la cara marcada. Me la rajaron con un filero. Andaba bien pedo ni me di cuenta. Hasta el día siguiente que mis jefes me vieron en la cama manchada de sangre.
No se iba a quedar así. La siguiente semana fuimos a buscarlo. Le apedreamos la casa, le rompimos todos los vidrios y hasta a su madre le tocaron unas pedradas.
Nos volvimos a agarrar con piedras, palos o lo que fuera en ese entonces no se usaban las pistolas.
Le estoy hablando de hace unos veinte años.
Cambio de ciudad
De ahí en adelante fueron cada vez más problemas, nos fuimos a vivir a Fresnillo porque mi jefe consiguió un trabajo en la mina y pensaron que alejándome de esas amistades estaría mejor.
En el barrio que llegamos me hice de unos compas cholos. Allá en el barrio no entraban ni las patrullas porque se las volteábamos y se las quemábamos.
Caí unas veces en el bote, siempre fue por las broncas.
En esto las broncas no se olvidan y aquel que le apedreamos su casa y a su madre, no se quedó conforme. Me busco hasta que me encontró en Fresnillo y yo no me iba a quedar así.
Nos agarramos y mis compas de Fresnillo me hicieron el paro. Ya lo teníamos privado en el suelo estaba por dejarle caer un block en la cabeza, ya para rematarlo pero mis compas me detuvieron, me gritaron que no lo hiciera y salí bien librado de eso. Me denunció por lesiones, pero pudo estar muerto.
Vida de pareja
Uno se va haciendo de fama. Me buscaban para que les hiciera paros. Ya me daban para el vino y con eso la iba pasando.
Conocí a la hermana de un bato que me pidió un paro. Me gustó la morra. Este bato se fue para la frontera y allá duro unos años. La anduve cortejando y sí se me hizo. Me la lleve a vivir conmigo, ahí a la casa de mis papás. No nos casamos porque yo no creo en las ataduras con papeles.
Tuvimos 2 hijos, ella trabajaba como empleada de mostrador y luego trabajó en una pizzería. Para mí estaba muy difícil conseguir trabajo, porque me levantaba muy tarde porque me quedaba de madrugada con los amigos pisteando.
Sí teníamos muchos problemas, porque ella me reclamaba que no trabajaba.
Le batallamos mucho pero como sea nos fuimos entendiendo, a veces vivíamos con mis jefes, otras veces con sus papás.
Homicida
La última vez que vivimos en la casa de sus papás su hermano regresó de la frontera.
Él no sabía que ella se había juntado conmigo y eso no le gustó. Tuvimos muchos problemas.
Problemas muy fuertes. Yo adicto al alcohol y él adicto a la cocaína. No fue una combinación muy buena.
Los problemas fueron porque yo no trabajaba. De mantenido no me bajaba. Un día de un partido de futbol. Estuve echando cheves con los compas y llegue bien pedo a la casa.
Ya estaba amaneciendo y mi vieja siempre me salía a abrir porque nunca me dieron la llave. Esta vez el que salió a abrirme fue mi cuñado.
Se enojó un buen me empezó a agredir y a insultar. Me decía que era un vividor y que ahí no servía para nada, que ni siquiera mantenía a mis hijos.
Me calentó porque me corrió y él no era quien para correrme de la casa. Me empezó a aventar de las escaleras yo no quería responderle porque estaba en la casa de mis suegros y ahí estaban mis hijos.
Le dije que mejor nos saliéramos que afuera arregláramos las diferencias.
No me hacía caso y seguía buscándole le decía que se calmara pero de alguna manera perdió el equilibrio y se cayó de espaldas de la escalera.
Le hablaron a la ambulancia pero ya no se podía hacer nada estaba muerto se había desnucado.
Como cuando estábamos peleando sus jefes nos oyeron y se levantaron nos decían que ya nos calmáramos ellos se dieron cuenta de todo pero dijeron que yo lo había aventado de las escaleras.
Yo no lo maté pero no pude defenderme; me echaron 24 años de cárcel.
Imagen Zacatecas – Ivonne Nava García