Pasó la época de los gobernantes que podían ufanarse de que “aquí nomás mis chicharrones truenan” y seguimos con la misma cultura política de exaltación al titular del Poder Ejecutivo sin advertir que ya no tiene el punch de antaño y que, por el contrario, ahora lo agobia la soledad en el ejercicio del poder. … Leer más
Pasó la época de los gobernantes que podían ufanarse de que “aquí nomás mis chicharrones truenan” y seguimos con la misma cultura política de exaltación al titular del Poder Ejecutivo sin advertir que ya no tiene el punch de antaño y que, por el contrario, ahora lo agobia la soledad en el ejercicio del poder.
Las cosas han cambiado a grado tal que al presidente de la República se coloca al centro de los “memes” más irreverentes e invasivos de su vida personal sin la menor precaución y que sus decisiones ya no son tomadas como indiscutibles.
Antes no existía la norma que establece la facultad de la iniciativa preferente que le da el privilegio de poder someter a la consideración del Legislativo al inicio de cada período para su pronta dictaminación y turno al pleno y en ese entonces sus deseos se cumplían con más celeridad que ahora.
Las cámaras del sector privado ya se ponen “carrascalosas” cuando algo no les gusta y hasta los medios de comunicación más favorecidos por el erario tienen que “campechanear” la información para que no se les note mucho la incondicionalidad porque de eso depende el negocio.
Con todo, en Zacatecas se dan episodios increíblemente fuera de época como la disparatada ocurrencia vertida en declaración de Otilio Rivera de llamar “Becas Tello” a los apoyos a estudiantes de educación superior asignados en el presupuesto y malamente administrados por la Secretaría de Desarrollo Social local, en combinación con los diputados locales, en vez de por autoridades educativas para no someterlas a la lógica de acopio de clientela electoral.
No pasa desapercibido el estribillo de adjudicarle al “Señor Gobernador” “una gran preocupación” por cualquier asunto público por menor que sea, algo debería hacer Alejandro Tello por disipar la lambisconería de los que trabajan a sus órdenes porque se ha recurrido tantas veces a la misma que no hace otra cosa que hartar todavía más a una ciudadanía cada vez más dispuesta a hacerse escuchar.
La lambisconería data de la época en la cual el gobernante no tenía los límites que ahora tiene; sus atribuciones de hecho y de derecho se han reducido sensiblemente. Sin embargo, le sigue tratando como cuando efectivamente nada más sus chicharrones tronaban y eso ocasiona que la ciudadanía le exija resultados a la altura de un poder que ya no es el mismo, quedando como una especie de escudo detrás del cual se guarecen los otros poderes, cómodamente instalados en su papel de actores de reparto alrededor del muchacho de la película.
Sin dar la cara
El Poder Judicial nunca da la cara ante la sociedad sobre el estado de cosas en el ámbito de la justicia, sus burocráticos informes no se diseñan para rendir cuentas a la ciudadanía que ni se entera y que no se le convoca a evaluar la administración de la justicia, se resisten a dejar su zona de confort dejando al gobernador dar la cara por el calamitoso estado de una función de estado como es el de la impartición de la justicia.
Igual sucede con el Poder Legislativo, mismo que deja al gobernador que él solo dé la cara por el endeudamiento que el voto de los diputados hizo posible, que responda por la impunidad de los que desastrosos manejos de recursos públicos, por las obras caras y defectuosas, que autoriza con suma ligereza la transferencia de patrimonio público a particulares ¿no podemos entender que Javier Duarte no hubiera hecho lo que hizo sin diputados a modo que sin embargo nadie señala?
Urgente, rediseñar las instituciones locales
Tello, y no Virgilio Rivera, será el que dará la cara por las elecciones del 2018 en Zacatecas, con una historia en la cual ha sido tan obvia la subordinación del órgano electoral a la consigna del poder que, aunque esta vez no se diera, nadie lo creería en un primer momento.
¿A quién si no es a Tello se le reclama su falta de castigo a las culpas reales o inventadas a Miguel Alonso? ¿A quién si no es a Miguel Alonso se le reclama lo mismo pero respecto a Amalia García? ¿Y los diputados a cuya disposición está el órgano técnico más equipado y con más autonomía para fiscalizar estado y municipios?
La clase gobernante zacatecana necesita una sacudida que la cure de la fiebre de “eventitis” ya no para evitar que se hunda el barco, porque más hundido no puede estar.
Necesitamos que despierte para que saque el barco a flote y rediseñe las instituciones locales con sabiduría y firmeza, que deje en el pasado el estilo chicharronero de gobernar y su consustancial lambisconería.
Nos encontramos el lunes en El Recreo.
Imagen Zacatecas – J. Luis Medina Lizalde