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María cose las imperfecciones de la vida

La fresnillese le sacó provecho a un curso de Corte y Confección que se impartió en los centros de Desarrollo Comunitario.

Ángel Martínez

   |  21 septiembre, 2020

María Juventina Delgado Ramírez es costurera. Fotos: Ángel Martínez.

FRESNILLO.- La vida no ha sido nada fácil para María Juventina Delgado Ramírez; pero ella siempre le pone la mejor puntada a su vida a través de su oficio como costurera y madre de familia.

La fresnillese le sacó provecho a un curso de Corte y Confección que se impartió en los centros de Desarrollo Comunitario, ¡hace 25 años! Y usted querido lector, ¿Qué andaba siendo en esos ayeres?

Como la gente trabajadora, de a poco se hizo de sus máquinas.

A María no le gustó eso de tener jefe. De esta manera, ella quiso salir adelante sola e hizo que la costura se convirtiera en su principal ingreso.

A pesar de los cursos que tomó la costurera, ella no se detiene ahí, pues sigue perfeccionando su puntada para dejar prendas bien hechas y que no se note de dónde comenzó todo.

Aunque ha habido días buenos y malos, a la fresnillense jamás se le habían complicado tanto las cosas, como ahorita con el Coronavirus.

La situación es tan mala, que hace cubrebocas para salir adelante.

Lo anterior, porque la principal fuente de trabajo de María era la creación de uniformes para las escuelas y con eso que ya todos es virtual, pues el trabajo ha caído hasta un 80 por ciento.

Sin embargo, la costurera es de las mexicanas que no se rinden y por ello sigue abriendo su taller al interior del Mercado Oriente, donde los vendedores piden sus mandiles para echarse la mano unos a otros.

Ella quiso salir adelante sola e hizo que la costura se convirtiera en su principal ingreso.

Una combinación trabajadora

Además de no pasarla muy bien por las bajas ventas, María se enfrenta a otro reto, pues como tiene un hijo de secundaria tiene que cerrar su local a las 2 de la tarde.

Lo anterior, para tomar las clases por televisión junto a su hijo, pues si algo no lo entiende, ella tiene que explicarle, para que así no pierda su ciclo escolar.

Los vendedores piden sus mandiles para echarse la mano unos a otros.

A veces las cosas se ponen peliagudas con las clases a distancia; pero, María le echa las ganas, porque rendirse no es una opción.

“Es difícil subsistir y más porque para uno no hubo, ni hay apoyos, pero intentamos mantenernos en este trabajo”, comentó María.

De esta manera, la fresnillense aseguró sentirse contenta y orgullosa de su oficio, ya que cuando tomaba clases nunca imaginó que algún día tendría su propio taller.

Hace 25 años tomó un curso de Corte y Confección.

Aunque no fui tan sencillo como parece, pues María empezó con una máquina de coser de pedales; pero con el tiempo y echándole ganas a la costura, pudo hacerse de otras máquinas y de su local.

Así que ya sabe, si ocupa que le arreglen la ropa y no hay oportunidad de que usted lo haga, visite a la fresnillense que con mucho gusto le dará un presupuesto.

Jamás pensó que podría tener su propio taller.
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