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Así era la feria jalpense que la pandemia nos robó

Entraba el último mes del año y los primeros chispazos de fiesta se mostraban el 12 de diciembre.

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   |  26 diciembre, 2020

Este año no hubo coronación, donde uno la pasaba de lo lindo. | Fotos: Rocío Ramírez.

JALPA. – Apenas llegaban los primeros días de diciembre y en Jalpa ya olía a fiesta, se sentía en el aire el ritmo del tambor en la Plaza Aréchiga, la que decía que la gran fiesta venía; pero este año todo se esfumó.

Entraba el último mes del año y los primeros chispazos de fiesta del 12 de diciembre se mostraban en el camino iluminado para subir al cerro y saludar la santa patrona, a la Virgen de Guadalupe.

En el templo o en la peña miles se daban cita para llevar una ofrenda a La Morenita, a quien adornaban con cientos o miles de flores para que estuviera más que chula para las ceremonias religiosas.

Cuando se acababa la misa, la gente se iba a comprar una agüita de coco o de sandía; unas jícamas con su chilito y limón. Aunque no podían faltar unos taquitos de bistec o de cabeza.

En las festividades a la Virgen de Guadalupe no podían faltar sus fieles que seguían desfilando en el camino que va hasta el cerro del Santuario, donde el son lo daba la danza matlachín y con el tamborazo se ponían uno a bailar.

Luego de pasar un alegre momento en familia en el atrio de La Morenita, era tiempo de bajar y arreglarse para seguir la fiesta a la Plaza de Toros, donde una nueva majestad estaba lista para ser coronada.

Esos antojitos que se guardan en la memoria.

No estoy llorando, pero qué buenos tiempos

En la festividad a la Santa Patrona de Jalpa no podía faltar un grupo musical en la ceremonia de coronación de la Corte Real, la que era iluminada por los cohetes que tronaban en la plaza, donde se sacaba los mejores pasos.

Los jalpenses estaban de un gran ánimo, pues en la placita era fácil ver que más de uno sacó sus mejores ropas para conquistar y además mostrar cómo le sacaban brillo al piso.

No podía faltar un grupo musical en la ceremonia de coronación.

También había fiesta para las familias, pues se llevaban a los niños a los juegos mecánicos y para los más arriesgados ir a pararse los pelos de punta a la casa de los espantos.

Aunque para los glotones no podía faltar ir por las famosas micheladas con Tina o disfrutar de un churro de harina en aquella esquina donde era El Antiguo Nido de Águilas.

Como siempre dar la vuelta en la Plaza Aréchiga al ritmo de la banda era también tradición, con el trago en la mano para que no pegara el frío y escuchar la música por todos lados hasta bien entrada la madrugada.

Ya a mediodía había que ir a disfrutar una nieve del Triunfo con el buen amigo Elías o un riquísimo duro al puro estilo de Don Rafa, de esos antojitos que se guardan en la memoria.

Se llevaban a los niños a los juegos mecánicos.

También se ponían bravos

Cuando llegaba el 25 de diciembre y luego de llenarse de recalentado de tamales, pozole, taquitos o pavito, se tenía uno que arreglar, pues a las 5 de la tarde la primera corrida de toros habría de iniciar.

Los que no podían faltar eran los pintados en esa Fiesta Brava, pues en Jalpa son de gran tradición para poner el ambiente en la corrida de toros, donde los cartones de cheves no podían faltar.

Acabando la corrida era de ley ir a seguir la fiesta, agarrar la banda o el tamborazo y ya en la noche había que ir a cenar a uno de los grandes puestos de tacos, que se instalan en la Plaza principal.

Era memorial ir a los bailes de feria con el grupo estelar del momento, disfrutar y bailar toda la noche y salir de madrugada, casi siempre hambrientos e irse a buscar el primer puesto de tacos abierto.

No podían faltar los pintados en esa Fiesta Brava.

No se olvidan del Patrón

Para pronto pasan los días y llegaba el inicio del otro año, día grande de la fiesta del municipio, aunque primero lo primero, pues hay que ir con el Patrón que siempre aguarda en su parroquia esperando a sus fieles, el Señor de Jalpa.

La imagen del Cristo cada año salía en procesión, desde la entrada del pueblo hasta llegar al templo, donde la banda ya lo espera para cantar Las Mañanitas.

Después se seguía la misa, la fiesta grande para agradecer los favores del máximo patrón y pedirle un año más de bendición.

Así era la fiesta, era del verbo este año no pudo ser, ya que las familias están de luto debido al virus del mal; aunque otros guardan la esperanza, ya que están confiados en que habrá mejores tiempos.

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