ZACATECAS.- Las personas que diariamente deben abordar un camión para desplazarse en la zona metropolitana de Guadalupe y Zacatecas se enfrentan a diversos factores que convierten estos viajes en una aventura extrema. Todo inicia desde la espera de la ruta: los tiempos entre cada ruta varían, pero hay algunas que tardan hasta 20 minutos. Al … Leer más
ZACATECAS.- Las personas que diariamente deben abordar un camión para desplazarse en la zona metropolitana de Guadalupe y Zacatecas se enfrentan a diversos factores que convierten estos viajes en una aventura extrema.
Todo inicia desde la espera de la ruta: los tiempos entre cada ruta varían, pero hay algunas que tardan hasta 20 minutos.
Al momento de abordar el tiempo de espera para que el camión avance es de otros 5 minutos ya que, en paradas concurridas como las de la Plaza Bicentenario, los choferes esperan a que “se llene un poco más”.
La travesía arranca y tanto el boulevard como las avenidas se convierten en una pista de carreras en las que los operadores compiten por ganar el pasaje.
Existen paradas, como la ubicada a la altura de la Unidad Académica de Minas en dirección a Guadalupe, donde las personas tienen que arriesgarse para bajar de la banqueta, poner pie en la carretera y hacer la parada, ya que los choferes los ven y se van de largo.
La velocidad en el boulevard es una cotidianidad con los rebases constantes entre camioneros; en las calles, no respetan los topes y poco les importan los baches.
Los que viajan en los asientos traseros del camión deben hacer verdaderas proezas físicas para no salir volando o lastimarse la columna vertebral a causa de la prisa del chofer por llegar a tiempo a checar en el reloj.
El sobrecupo en algunas rutas, como la 14 y 17, son una constante en las horas pico: estudiantes y trabajadores quieren abordar, y los ruteros quieren reunir la cuota de pasaje. En las rutas 11, 8, 7 y 5 es usual toparse con camiones viejos en circulación. Los asientos rotos, pasamanos picados y escalones oxidados ponen en riesgo la integridad de los usuarios.
La responsabilidad no solo recae en los choferes. En Zacatecas no existe una cultura para bajar de los camiones o respetar los asientos preferenciales: todos quieren bajar por la puerta de enfrente, a pesar de que en muchas unidades se señala que la puerta trasera es exclusiva para el descenso de personas.
Los primeros asientos destinados a mujeres embarazadas, personas con discapacidad y de la tercera edad, son ocupados por cualquiera. La mayoría de los camiones están grafiteados y tienen asientos rotos, timbres colgantes, ventanas selladas, vidrios estrellados y más desperfectos que son ocasionados por los mismos usuarios.
Así, el uso del transporte público se convierte en toda una aventura cotidiana con la que miles de zacatecanos deben lidiar en su día a día.
Imagen Zacatecas – Alejandro Castañeda