Un conocido mío es gerente de un fraccionamiento. Me platicó que, en días pasados, ocurrió un accidente al interior del mismo. Resulta que un grupo de unos cinco niños de entre ocho y diez años de edad tripulaban una cuatrimoto y tomaron una pendiente a alta velocidad; el conductor perdió el control del vehículo y … Leer más
Un conocido mío es gerente de un fraccionamiento. Me platicó que, en días pasados, ocurrió un accidente al interior del mismo. Resulta que un grupo de unos cinco niños de entre ocho y diez años de edad tripulaban una cuatrimoto y tomaron una pendiente a alta velocidad; el conductor perdió el control del vehículo y se impactó contra un camión que se encontraba estacionado. Uno de los accidentados sufrió lesiones de consideración en un muslo y en el rostro y, lo más sorprendente –me comentó-, fue que sus compañeros, lejos de buscar ayuda o llamar a los teléfonos de emergencia sacaron sus celulares y se pusieron a tomarle fotografías y a sacarle video.
¿Qué les pasa a estas generaciones? Llevo un par de días haciéndome esta pregunta y en verdad no logro comprenderlo, pero sí tengo clara una cosa: somos los adultos quienes los formamos los que llevamos gran parte de la culpa de este tipo de situaciones. Cuando metes en la ecuación menores de edad, conduciendo un vehículo que conlleva riesgos, sin protección, con sobrecupo, a alta velocidad los resultados pueden ser fatales. Surge otra pregunta: ¿y los padres de esos niños?
La falta de formación no se suple con nada, así de simple. Y viene a mi mente, otra vez, aquella escena de la película de gladiador en la que el César le dice entre sollozos a su hijo Cómodo: “tus errores como hijo son mi fracaso como padre”.
Cuando el sentido de urgencia por el alivio del sufrimiento e incluso por la preservación de la vida humana se subordina a la urgencia por dejar evidencia de un acontecimiento escandaloso, lo más probable que para compartirlo en redes sociales con el fin de ganar simpatía -cinco minutos de fama al fin-, tenemos un grave conflicto de valores y el sistema: padres-escuela-círculo social no está dando resultado.
La misión de ser padres es bastante compleja. No juzgo a nadie; soy padre y estoy seguro de que no uno de los mejores. Pero este tipo de acontecimientos deben de encender en nosotros claras señales de alerta de los posibles fallos que tenemos en la formación de nuestros hijos.
Imagen Zacatecas – Juan Carlos Ramos León