A Cándido V., Pedro Glez., José Luis H., Fede H. (+), virtuosos maestros de matemáticas. En un sano ambiente de camaradería entre colegas docentes, motivado quizá por el conocimiento del estilo de trabajo de cada uno, Romeo abordó a su compañero, atribuyéndole un mérito inmerecido. Palmeándole un hombro, con una actitud alegre dijo: “A ver … Leer más
A Cándido V., Pedro Glez., José Luis H., Fede H. (+), virtuosos maestros de matemáticas.
En un sano ambiente de camaradería entre colegas docentes, motivado quizá por el conocimiento del estilo de trabajo de cada uno, Romeo abordó a su compañero, atribuyéndole un mérito inmerecido.
Palmeándole un hombro, con una actitud alegre dijo: “A ver cuándo vas a mi comunidad y hablas con mis alumnos. Si confirmas la veracidad de mis afirmaciones van a creer en mí. Son muy escépticos, advierto que sienten la necesidad de corroborar en otras fuentes informativas, los diversos temas tratados en clase”.
El maestro interpelado recibió el comentario con sorpresa. Quedó sin habla y tuvo dificultad para responder con la misma actitud alegre con que fue abordado.
“No te entiendo”, fue la única expresión emitida con extrañeza.
“Allá donde trabajaste los años anteriores, los estudiantes dudan acerca de los argumentos que les doy al tratar los diferentes temas de la asignatura. Para persuadirles, la semana pasada tuve que decirles. ‘Si gustan pregúntenle al profe Alberto, verán que es cierto’. Ahora están un poco más tranquilos, ya me dejan trabajar, porque todo lo ponían en tela de duda. A lo mejor te preguntan algo ¿eh?”.
El profesor requerido quedó en actitud de desconcierto, explorando en sus pensamientos sobre aquella situación. Ocupó varias semanas en dilucidar esa postura.
Gradualmente fue aclarando sus ideas. Logró comprender que este colega lo confundía con el maestro Vázquez Cortés, quien le había sucedido en la función (y precedido al docente que lo abordaba).
Precisamente aquel era el mentor cuyo estilo de docencia encuadraba en la caracterización mencionada. De alguna forma lograba desarrollar una cualidad en sus alumnos referente a dejarlos inconformes, insatisfechos y sembrada la idea sobre la flexibilidad del pensamiento, acudir a verificar la información o localizar distintas formas para comprender los procedimientos mostrados en las clases.
Modulaba las palabras absolutas como “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”; inculcaba la duda y la cualidad de verificar el conocimiento a otros medios bibliográficos, fin de confirmar o modificar sus apreciaciones.
Ese debería ser criterio ordinario implementado en las aulas de clase, porque permite afianzar los conocimientos o reconocer sobre la existencia de diversas formas de argumentar y defender las ideas elaboradas; cuestionar y dudar sobre los fundamentos de otros.
El profesor Vázquez comprendió a tiempo la importancia de la comprobación del conocimiento científico como fuente de inspiración en aquellos alumnos, dado que el contexto tenía sus particulares limitaciones.
Eran las primeras generaciones de egresados de educación secundaria en esa comunidad y la escuela necesitaba fomentar una visión en el cambio de paradigmas. Sus adolescentes disponían de pocas opciones al salir de su población: contratarse en los campos de cultivo de la Región Lagunera o aprender a sortear las peripecias del Río Bravo para cruzar la frontera e ir a ganar dólares.
La semilla era buena y la conciencia en la que fue depositada era fértil. Esas generaciones estaban llamadas a incursionar en comunidades competitivas, a tener aspiraciones distintas.
*Director de Educación Básica Federalizada
Imagen Zacatecas – Huberto Meléndez Martínez