Imagino el intenso rubor y rabia que habrá generado en Enrique Peña Nieto, la entrega impúdica de dinero a un grupo de pobladores por parte de un diputado local del Partido Verde en Cuernavaca, Morelos. Más tardó el mandatario en fustigar al populismo que recibir una respuesta contundente a su alegato, a través de la … Leer más
Imagino el intenso rubor y rabia que habrá generado en Enrique Peña Nieto, la entrega impúdica de dinero a un grupo de pobladores por parte de un diputado local del Partido Verde en Cuernavaca, Morelos. Más tardó el mandatario en fustigar al populismo que recibir una respuesta contundente a su alegato, a través de la conducta execrable de un político perteneciente a un partido aliado a su proyecto.
Obsequiar dinero a cambio de ganar votantes es acaso uno de los comportamientos más característicos del populismo rampante. Allí, la reflexión sustituye al maiceo vil, la dignidad de los ciudadanos sufre una merma considerable por obra y gracia de las entregas obscenas de dinero.
El mensaje es claro, no importa debatir ni razonar el contenido de los proyectos que cada partido propone a la población. Lo relevante es mostrar poder y abundantes recursos para comprar y corromper a los electores. El fin, precisamente, es procrear ciudadanos hiperpragmáticos, conformistas que se den por satisfechos con recibir un puñado de monedas o de bisutería electoral para entregar a cambio un voto.
En Nuevo León, por ejemplo, ha concluido la ilusión de los beneficios infinitos de una manera abrupta. El festín de los obsequios y la borrachera financiera ha concluido con una resaca monumental. El Metro, sólo en lo que lleva este año, tiene un déficit de 219.9 millones de pesos, aumentando un 53% más que en el mismo periodo del año pasado. Cabe destacar que en los periodos electorales, el gobierno estatal ofrecía el ingreso gratuito los domingos. Un caso ejemplar de ese vergonzoso populismo.
El corporativismo sindical es otro santuario del populismo. Se desperdician millonadas de pesos en mantener bien aceitado el inmenso voto colectivo que estos graneros institucionales representan, incluso algún partido nacional ha emergido de esta torcida manera de hacer política. Muchas Secretarías de Educación de distintos estados son otorgadas a dirigentes magisteriales para que hagan negocios y diseñen políticas que poco tienen que ver con elevar la calidad de los servicios ofrecidos.
Por ello, el nivel es tan deplorable, no porque se carezca de profesores de excelencia, sino porque son los líderes arribistas, ambiciosos y semianalfabetos los que acceden a la cúspide de la administración. Aquí el populismo tiene como fin una cosa distinta del mejoramiento de la educación. En realidad, busca mantener al colectivo magisterial al servicio de la política, y el mejor recurso para tener contentos a todos es el dinero, del erario, claro está.
Ojalá que el combate frontal a este populismo desvergonzado se despliegue ya y sin sesgos partidarios.
Imagen Zacatecas – Miguel G. Ochoa Santos